'Aftersun': la favorita de Sight & Sound es una plétora de recuerdos íntimos y felices que esconden la película más profundamente triste del año

Tendemos a recordar el pasado más bello de lo que realmente fue. Ese viaje familiar a la costa del que solo nos quedan fotos descoloridas y cintas VHS pudo tener mil problemas antes, durante y después del mismo, pero solo recordamos el sol, la playa y la sensación de ser inmortales. 'Aftersun' es una absoluta maravilla que, utilizando los momentos más felices, es capaz de reanalizar una nostalgia en clave dramática, ofreciéndonos, de paso, el mejor plano final del año.

Vacaciones de verano para ti

Sophie tiene solo once años y vive lejos de su padre, Calum, que la ha llevado a unas vacaciones a un hotel turco todo incluido justo antes de empezar el colegio. Desde el punto de vista de la niña, no puede ser más idílico: playa, billar, refrescos y karaoke con él, siempre gracioso, atento y sonriente. Pero la película es un escorpión que permite que te confíes antes de asestarte el primer golpe.

'Aftersun' vive en esos momentos íntimos en los que no deberíamos entrar, las conversaciones entre un padre y una hija a priori superfluas pero que esconden el amor de quien se aferra a su hija como único motivo para no derrumbarse. A medida que la niña va creciendo durante ese verano, su padre se va haciendo más pequeño. Y solo necesitamos unos pequeños fogonazos del futuro para entender la relación posterior de Sophie con su padre. Apenas unos segundos son capaces de rellenar toda una historia perdida entre fotogramas.

Una rave como sinónimo de la oscuridad de la que Sophie trata de sacar a su padre, un último baile a ritmo de Queen, un beso poco convincente en la piscina, un karaoke donde se marcan líneas rojas de manera sutil, una noche separados. La ópera prima de Charlotte Wells es un coming of age que entra muy dulce, como un helado al sol del verano, pero deja el regusto amargo que solo dejan las grandes tragedias de la vida.

Under pressure

Charlotte Wells narra con la seguridad y la sutileza que tienen solo los grandes directores, pero con el añadido de ser la primera vez que lo hace. El acierto de utilizar en ocasiones una cámara de vídeo movida por los propios actores como símbolo de la nostalgia y de lo imborrable es mayúsculo: desde su inicio, estas grabaciones distan mucho de ser un simple añadido visual y pasan a ser jeroglíficos eternos en los que padre e hija intentarán encontrarse a lo largo del tiempo.

Pero 'Aftersun' es también la película de alguien roto que trata de dar todo lo que no pudieron (ni quisieron) darle a él. En un momento prohibido a la cámara VHS, en la que solo pueden caber recuerdos felices, Calum le cuenta a Sophie que nadie se acordó de su decimoprimer cumpleaños y su madre gritó a su padre para que bajara a elegir algo de la tienda de juguetes. No tenemos más retazos de su infancia, pero es suficiente para saber que quiere ser el padre que nunca tuvo, alguien a quien recordar en aquellas vacaciones turcas. Alguien que baila y se despide en el aeropuerto sin dejar de grabar a lo único que es capaz de amar. Alguien cuya existencia es una incógnita.

Hay películas que requieren una reflexión posterior, y cuya crítica puede ser injusta si se escribe con la sangre caliente. Es el caso de esta, a la que sé que seguiré dando vueltas meses después desentrañando nuevas capas, momentos y silencios: Calum diciéndole a su hija que podrá contarle siempre todo lo que haga cuando bese a personas o se drogue, Sophie tapando a su padre mientras duerme desnudo, esa canción que sale mal, una alfombra turca carísima, la cuenta atrás de los días hasta que esa isla de tranquilidad desaparezca para siempre.

La canción (triste) del verano

En un mundo de películas de usar y tirar, donde se exageran relaciones obvias y guiones obvios para justificar el gusto por lo sencillo es casi un milagro encontrarse con una película tan directa y accesible como 'Aftersun', pero al mismo tiempo tan intrincada, malvada y triste. La cinta nunca termina de permitir que te relajes junto a las olas, la tienda de alfombras y el bar del hotel: siempre te obliga a estar alerta ante un gesto, una mirada, un guiño al futuro, una frase que revela un alma destrozada.

Paul Mescal (gran injusticia si no está al menos nominado en los Óscar) y la debutante Frankie Coro son una pareja fabulosa de actores que tienen una compenetración tan fuerte que como espectadores solo podemos sentirnos voyeurs que no deberían tener permitido entrar en esa relación paterno-filial tan sólida, tan bonita, tan dura de ver. Sí, ver 'Aftersun' es muy inspirador en el momento, pero es casi inevitable acabar con heridas emocionales y un pequeño vacío en el alma.

Vas a agradecer que 'Aftersun' exista: podría ser una película sobre el verano de un padre y una hija con un estilo realista y naturalista, pero, en su lugar, decide tratar al espectador como un ente inteligente capaz de apreciar los detalles, el futuro, las cartas, los llantos en solitario para que la persona que más quieres no te vea roto por dentro. Si alguna vez habéis encontrado claves de vuestra vida recordando un futuro que quizá no fuera solo simple nostalgia, no podéis perderos esta joya audiovisual.

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