'Bodies at Rest' es pura acción de la vieja escuela: uno de los mejores entretenimientos a los que acudir en Netflix para desconectar

En ocasiones, y esto es algo que se extiende a muchos otros aspectos lejos del  terreno cinematográfico, aunque no se brille y se atraigan todos los focos y miradas habidos y por haber, es la eficiencia la que marca la diferencia. Esto es algo de lo que sabe mucho Renny Harlin, un realizador que no será uno de los grandes popes de Hollywood ni figurará en las listas con los mejores directores de la historia, pero que ha sabido dar forma, a golpe de pico y pala, a un buen número de largometrajes anclados en la memoria del colectivo cinéfilo.

Entre los trabajos más célebres del finlandés encontramos pequeñas joyas puramente noventeras como la mítica 'La isla de las cabezas cortadas', 'Memoria letal' o 'Máximo Riesgo', desvaríos de la talla de 'Las aventuras de Ford Fairlane' e, incluso, monster movies como la hilarante 'Deep Blue Sea'; aunque, probablemente, su título más reconocido sea la amada y odiada a partes iguales —yo me encuentro entre sus devotos— 'La jungla 2: Alerta roja'.

De entre toda la filmografía de Harlin, es precisamente la segunda aventura de John McClane la que comparte una mayor parte de código genético con 'Bodies at Rest'; un ejercicio de acción sin tregua tan simple como efectivo que, evocando la esencia más pura del género de hace tres décadas, transforma un amasijo de tópicos en un divertimento ideal para desconectar el cerebro y disfrutar plenamente y sin ningún tipo de pretensión.

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Tres tipos entran a una morgue...

El exilio autoimpuesto a China al que se sometió Renny Harlin después de su último desliz hollywoodiense con 'Hércules: El origen de la leyenda' no es que haya dado demasiadas alegrías hasta la fecha. No obstante, con 'Bodies at Rest', el cineasta ha logrado superar el batacazo de 'Legend of the Ancient Sword', estrenada después de la simplemente aceptable —pero exitosa— 'Atrapa a un ladrón'; y lo ha logrado utilizando los ingredientes que más alegrías le han dado: los tiros, las peleas y las ristras de cadáveres.

Como comentaba anteriormente, el filme para destila un poso añejo que le conecta con clásicos del cine de acción como las dos primeras entregas de 'Jungla de cristal'. Algo presente en su sencilla premisa, que tan sólo requiere de un espacio cerrado —en este caso, una morgue—, un trío de asaltantes armados hasta los dientes y con un objetivo en mente, y un escaso grupo de superviventes que harán todo lo posible por superar una noche infernal.

El pegamento con el que se unen estas piezas no deja de ser un compendio de todos y cada uno de los clichés y terrenos comunes que plagan este tipo de producciones, incluyendo dramas fraternales, agentes de policía con pocas luces, momentos de creatividad a lo 'Solo en casa' y tratamientos de personaje planos e histriónicos. Pero, sorprendentemente, pese a lo trillado de la fórmula, el conjunto no podría dejar un mejor sabor de boca.

Puede que las solventes secuencias de acción, lo suficientemente intensas, montadas con gran sentido del espacio, sin una fragmentación excesiva y una legibilidad impropia de estos tiempos, sean las principales artífices del milagro. A estas habría que sumar una inspirada gestión del suspense, que ayuda a mantener el interés en todo momento y que, sin necesidad de brillanteces hitchcockianas, redondea la cinta con una buena dosis de tensión.

Puede que una vez termine 'Bodies at Rest', se disipe de la memoria a una velocidad mayor de la deseada, pero este modesto, pero sobradamente satisfactorio ejercicio de acción hongkonés, ofrece 90 de los mejores minutos a los que podemos acudir en Netflix para evadirnos de la mano de un jolgorio tan disparatado como endiabladamente divertido. Y si es en compañía, mucho mejor.

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