'Chicos buenos', la preadolescencia transformada en una de las comedias más divertidas del año

Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky han tardado en encontrar un producto cinematográfico a la altura de la experiencia que otorga producir un tercio de la versión norteamericana de 'The Office'. Tras un par de titubeos más bien mediocres para su sapiencia cómica, los guionistas y productores han encontrado al fin ese éxito con 'Chicos buenos', una de las comedias más divertidas y con más corazón del año que está cerca de terminar.

Una pandilla de lunáticos

El esquema es por todos conocido, ya que estamos ante una película sobre el fin de la inocencia en clave de comedia absolutamente incorrecta bajo el amparo de Seth Rogen y Evan Goldberg, que han sabido oxigenar el recuerdo de su querida 'Supersalidos' ('Superbad' para todo aquel que viva en un mundo civilizado) aumentando la dosis de risa mientras descendían el nivel de edad de sus protagonistas. Y el resultado es brillante. Brillante e hilarante.

Max (un Jacob Tremblay que ya es una estrella), Thor (Keith L. Williams) y Lucas (Brady Noon, auténtica revelación) son tres amigos preadolescentes que nunca han besado a nadie y han sido invitados a una “fiesta del beso”. Aterrados por su inexperiencia se pondrán manos a la obra dispuestos a aprender cuanto antes la mejor técnica para besar.

Lo que podría haber consistido en una mecánica repetitiva que apuntase directamente a un objetivo común, se convierte en una aventura vertiginosa llena de carcajadas y de obstáculos de corrección sabiamente esquivados, aunque más que esquivar, 'Chicos buenos' derriba a patadas los muros de lo políticamente correcto. Y Eisenberg y Stupnitsky lo hacen sin olvidar en ningún momento que sus protagonistas son unos niños inocentes.

La inocencia como arma arrojadiza

Aunque todo el peso cómico y narrativo de la peli corre a cuenta de los tres fenómenos que la protagonizan, la primera secuencia de la película es una declaración de intenciones. Si bien es cierto que Eugene Levy y Jason Biggs hicieron lo suyo hace la friolera de veinte años en 'American Pie', aquí será el genial Will Forte quien aparezca de la nada para regalar una divertida secuencia de apertura que deja claro que aquí todos han venido para hacer comedia pura.

Todo lo que uno puede decir de un trabajo tan redondo como 'Chicos buenos' es poco. Ágil, bien escrita, divertida y, atención, por debajo de los noventa minutos. Un poco más y estos tíos reinventan la comedia en estos tiempos donde géneros tan agradecidos a la ligereza (de minutaje) como el terror y la comedia están encontrando títulos con un metraje como el de los clásicos de David Lean.

La nueva peripecia sobre el presumible fin de la amistad y la pre-crisis de identidad que conlleva todo paso a la madurez a una edad tan temprana sale triunfante entre estos good boys, que aprenderán por el camino que el mundo que los ha cobijado tiene más peligros de los que habrían imaginado, pero también unos obstáculos que saltar de manera inevitable y que, con toda seguridad, dolerán.

'Chicos buenos' sabe jugar sus cartas con honestidad y ternura, queriendo tanto a sus personajes como a sus espectadores, que hace mucho fueron esos chavales, luego se convirtieron en los de 'Supersalidos' hasta saltar a 'Lío embarazoso' y vivir ahora esa nueva crisis que es 'Si fuera fácil'. Lo cierto es que Rogen, Goldbery y compañía han sabido mostrar la vida tal y como es. Esperemos que el ciclo de la vida también se acabe como en 'Juerga hasta el fin', porque no se me ocurre mejor forma de morir.

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