Creía que 'La ResidencIA' podría escapar del sambenito de parecerse a cualquier episodio de 'Black Mirror', pero no puede evitar caer en su propia trampa

¿Qué es una copia de 'Black Mirror'?, dices mientras clavas en mi pupila tu guion a medias. ¿Qué es una copia? ¿Y tú me lo preguntas? Copia... eres tú

Randy Meeks

Editor

Nadie quiere dejar de dar su opinión sobre la IA en tiempos tan confusos como los que vivimos. Pero claro: en plena catarsis y tratando de captar el maremágnum tecnológico, todas las obras se olvidan de tener el fondo emocional del 'Inteligencia Artificial' de Steven Spielberg o del 'Her' de Spike Jonze. En su lugar, los tratamientos fílmicos actuales sobre el tema se articulan de manera conciliadora ("Podría ser nuestra aliada") o guerrillera ("¡Luchemos contra los robots!"), sin mucho término medio. Como quizá estés adivinando, 'La ResidencIA' no viene a revolucionar nada, pese a sus buenas ideas, que viven enclaustradas en un guion confuso y repetitivo. AI, casi.

Bésame mi brillante IA metálica

En 'La ResidencIA' seguimos a una mujer, que antaño fue una gran escritora, luchando por escribir un libro mientras vive en un piso controlado por Dalloway, una IA que aprende y le ayuda a encauzarse. El problema es el mismo que ya vimos en, por ejemplo, 'Sin Piedad': es imposible que la historia avance si el guion no se aleja de la realidad, dando a la inteligencia artificial el poder de emocionarse, tener celos, opiniones y vida propios. En su pobre intento por suscitar opiniones y parodiar de alguna manera la situación actual, Yann Gozlan, director y guionista, no puede evitar caer en clichés continuos y disminuir, sin quererlo, el interés en su propia idea.

De hecho, tanto en tono como en guion, la película no puede evitar caer en algo que ni siquiera pretende evitar: convertirse en un 'Black Mirror' descafeinado, uno de esos episodios que veríamos cenando y no recordaríamos nunca. Sus supuestos elementos diferenciales están cogidos de otras películas, el viaje de su protagonista es pobre, y la reflexión sobre la IA no tiene ninguna profundidad en su aparente ambivalencia. Su última escena es aterradora y divertidísima, pero no justifica por sí misma un viaje repleto de reiteraciones que acaba centrándose solo en su tercer acto.

Aunque a ratos cae en tantas situaciones clónicas que puede parecer que su guion se ha manufacturado utilizando, irónicamente, ChatGPT, lo cierto es que guarda suficientes rescoldos de humanidad como para saber que no ha sido así. Clarissa, la protagonista de la cinta, debe nadar entre su propio pasado, los traumas que le impidieron volver a escribir, el dolor y la aceptación de su propia ruptura emocional para seguir adelante: esta parte habría funcionado igual de bien en el guion sin una IA guiando el camino porque atañe precisamente a lo que nos hace humanos. Sin embargo, son solo destellos en un mar de encogimientos de hombros cibernéticos.

Te di todo mi amor, arroba love punto com

Cada vez estoy más convencido de que, en el cine, menos es más. Y esta cinta es una prueba más de ello: lo mejor de 'La residencIA' a nivel visual se sitúa más allá de los intentos por darse ínfulas artísticas (diría de parodiar el ambiente artístico actual, pero el tono nunca queda claro del todo). Cuando Clarissa está sola en casa, con Dalloway llenando las paredes de texto, repitiendo una y otra vez las mismas acciones por la mañana, es cuando el equipo de arte se permite hacer ciertas virguerías que, si bien no son originales (porque, al fin y al cabo, se trata de la visión de un futuro muy cercano), resultan creíbles, atractivas y, en cierta manera, terroríficas.

A partir de aquí, la película trata de crear un discurso que, al menos, nos suene a nuevo sobre la revolución de la IA generativa. Y es acertado: corremos el peligro de que el público sienta que para crear arte ya podemos deshacerse del artista, imbuyendo a la inteligencia artificial de turno con sus pensamientos, pasado e ideas y dejando que cree obras y obras sin parar. Sin embargo, la crítica queda aguada con unos golpes excesivamente débiles que llevan a una incomprensible nadería narrativa, solo redimible por una escena final impresionante pero que no llega a recontextualizar del todo el resto de la obra. Lo intenta, pero no es capaz de ir más allá.

'La ResidencIA' parece aburrirse pronto de su propia historia, y empieza a introducir desvíos para que el espectador no se aburra nunca: un vecino conspiranoico que se comunica con ella a través de sus propios libros, una expareja que ofrece cobijo, una jefa que parece ocultar algo, un escondrijo imposible, una habitación repleta de supuestas cámaras... Tristemente, todas estas subtramas son simples tintineos de llaves, disfraces para ocultarnos lo pobre de su eje principal: la relación entre persona y máquina, Clarissa y Dalloway, que podría ser impactante si se hubiera centrado en ella pero, tristemente, acaba sabiendo a un 'Black Mirror' a medio cocinar recalentado en el microondas. No sé si con el tiempo ChatGPT escribirá sátiras anti-IA, pero, de momento, cualquiera diría que esta la han escrito sobre su lienzo. 

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