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'Her', vivir, sentir, amar

'Her', vivir, sentir, amar
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Es bastante complicado encontrar una película narrativa en la que el amor romántico no tenga un peso más o menos pronunciado. Puede ser desde su propia razón de ser hasta una trama secundaria de relleno con el objetivo de intentar forzar la conexión emocional del espectador con su protagonista. Las posibilidades son infinitas, por lo que la idea de encontrar un nuevo ángulo --o uno suficientemente fresco para el gran público-- se antojaba como algo prácticamente imposible de conseguir.

El cine siempre ha mostrado un gran interés en la relación entre el hombre y la máquina, mostrando una gran debilidad por utilizar a esa creación humana como un enemigo casi infalible --si lo ha creado el nombre, seguro que algún fallo tendrá-- o, con menor intensidad, como un amigo inesperado que haría casi cualquier cosa por nosotros. En 'Her' (Spike Jonze, 2013) se apuesta directamente por ir más allá de esta segunda tendencia y crear un inusual drama romántico que se ha ganado un hueco en el corazón de muchos de los que la han visto, entre ellos el que esto escribe.

Una película de Spike Jonze

Con sólo tres películas en su haber, Spike Jonze se ha ganado por méritos propios el ser considerado uno de los directores más estimulantes de Hollywood, pero sus anteriores trabajos siempre habían estado fuertemente influenciados por el trabajo de otros --el brillante guión de Charlie Kaufman en 'Cómo se John Malkovich' ('Being John Malkovich', 1999) y 'El ladrón de orquídeas' ('Adaptation', 2002) y el relato de Maurice Sendak en el caso 'Donde viven los monstruos' ('Where the Wild Things Are', 2009)--, pero 'Her' es una obra enteramente suya y eso se nota.

Uno de los retos a los que el cine siempre ha tenido que enfrentarse es la necesidad de crear una ilusoria sensación de realidad para atrapar al espectador. Es, si queréis llamarlo así, un juego en el que nosotros también tenemos que poner de nuestra parte para experimentar lo que buscan sus creadores, siendo más efectivo cuanto más olvidemos que lo que sucede ante nosotros no es más que una creación artificial, un engaño bien orquestado con el que siempre se nos manipula de una forma u otra.

Spike Jonze quiere experimentar con esa idea, pero llevándola más allá de lo que uno podría esperar: Si un artificio creado por el ser humano puede hundirnos o rescatarnos emocionalmente, ¿por qué no va a ser posible dar el siguiente paso y conseguir que directamente nos enamoremos de una creación ideada para amoldarse a nuestros sentimientos y evolucionar de la misma forma que lo hacemos nosotros?

Esa idea seguro que repugnará a algunos --ya lo hace, aunque a muchos nos cueste entender que aún hoy suceda, la mera idea de sentirse atraído por alguien del mismo sexo que nosotros--, pero supone un paso adelante tanto en la exploración del amor por parte del cine como en la carrera de Jonze, ya que estamos ante su cinta en la que hay una mayor sincronía entre las intenciones del guión y de la puesta en escena, algo perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que es el primer libreto que firma en solitario y por el que se llevó hace poco un muy merecido Oscar.

El amor según 'Her'

Joaquin Phoenix en

Es evidente que la singular premisa de 'Her' puede condenarla a ser considerada únicamente como la historia de amor entre un hombre y un sofisticado software de inteligencia artificial, pero yo tengo claro que eso no es más que el marco para reflexionar sobre los mecanismos del amor y cómo estos escapan totalmente a nuestro control. Y es que con la excepción de unos pocos ermitaños, todos queremos y necesitamos amar, pero ha llegado un punto en el que la sociedad ha evolucionado de tal forma que quizá ya no sepamos cómo hacerlo.

Las personas más cercanas a mí ya saben que yo conocí a mi novia a través de twitter, una red social que, seamos o no conscientes de ello, únicamente deja ver una parte de nosotros, una solución bastante cómoda para aquellos más tímidos o sencillamente heridos por un motivo u otro. Ni siquiera eso, mostrado aquí de forma tan exagerada como efectiva --esa alucinante muestra de sexo telefónico entre el protagonista y una mujer con gustos sexuales un tanto desconcertantes--, funciona para Theodore, quien necesita algo real, pero sin las ataduras propias de ello.

El propio Jonze ha reconocido que el escenario que plantea en 'Her' no es más que una versión amplificada de la realidad actual, donde todos queremos evitar los efectos de la devastadora soledad, pero al mismo tiempo cada vez nos cuesta mal crear algo a través del contacto humano con tanta tecnología que nos permite estar informados y disponibles todo el tiempo, pero que también puede alienarnos sin que lleguemos a ser conscientes de ello.

Rooney Mara y Joaquin Phoenix en

Ya el cartel de 'Her' sirve como aviso de la importancia que va a tener el trabajo de fotografía de Hoyte Van Hoytema para la creación del clima que busca Jonze, de un optimismo ascedente que el propio director no tiene problemas en remarcarlo, entre otras formas, con escenas donde se prescinde de los diálogos para conseguir el efecto buscado. Es ahí donde la calidez de la voz de Scarlett Johansson resulta particularmente vital, porque sin su matizada interpretación todo podría haberse venido abajo con inusitada facilidad.

Y es que el sensacional trabajo de Joaquin Phoenix se basa en una contención que va desapareciendo paulatinamente gracias al crecimiento personal que consigue por haber podido conectar con alguien, aunque no falten altibajos por el camino --el encuentro con su ex-- que el protagonista de la excepcional 'The Master' (Paul Thomas Anderson, 2012) controla a la perfección. Sin él tampoco hubiera sido posible ese pequeño milagro que es 'Her'.

Una queja bastante extendida es que Jonze apuesta por una solución más convencional en su tramo final, pero lo cierto es que es algo que encaja a la perfección con la evolución que estaba teniendo el personaje de Samantha y no se me ocurre ningún desenlace que hubiese podido funcionar mejor. Cierto que suena más conocido, pero no hay que olvidar que estamos hablando de una historia romántica y en la evolución de las mismas sí que ya no hay nada relevante que aportar.

Escena de

'Her' podría ser sin problema la película romántica definitiva para la generación de los adictos a las redes sociales y demás servicios de mensajería que al final sólo sirven para reducir al máximo los auténticos encuentros físicos --no es casualidad que el personaje de Chris Pratt no termine de cuajar del todo-- porque ya se ha hablado de casi todo por esa otra vía. 'Her' no es una película perfecta, como tampoco lo es el amor por mucho que queramos pensar a veces que sí es el caso.

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