¿Es mejor que la primera? No. ¿Es digna? Más de lo que parece
No es habitual que las secuelas tardías intenten hacer algo más que repetir los guiños que hicieron famosa a la original y volver a traer a todos los personajes (aunque sea para un cameo) con una excusa barata como base argumental. Ejemplos los hay a miles, desde 'Dos tontos todavía más tontos' hasta 'Zoolander 2' o 'Space Jam: Nuevas Leyendas', películas con una única razón de ser: hacer sonar la flauta de la nostalgia esperando que el público que quiere rememorar mejores tiempos pase por caja. 'El Diablo viste de Prada 2' podría, perfectamente, haber caído en todos los tics de este tipo de atracos al espectador, pero, en su lugar, trata de hacerse valer por sí misma y actualizándose, pero, por el camino, perdiendo algo de la chispa que convirtió al título original en puro culto.
¿Una crítica? ¿Ahora? Qué original
Es cierto, hay que hacer algún que otro salto de fe para entrar en la dinámica del guion (que Andy vuelva a Runway es un deus ex machina poco disimulado, y no será el único de una película que soluciona todos sus problemas a base de saltos al vacío), pero lo cierto es que 'El Diablo viste de Prada 2', especialmente durante sus dos primeros actos, consigue aunar lo que el público nostálgico quiere ver con nuevas ideas que van más allá de los temas de que se trataban en la entrega original. Aline Brosh McKenna se zambulle en la crisis del periodismo actual, la lucha del click por encima de la calidad y la compraventa de revistas y webs como mera mercancía en manos de gente que nunca ha leído un artículo de arriba abajo, y sus conclusiones son de lo más acertado.
Eso sí, se queda en lo básico, claro, negándose a indagar (es entretenimiento y no un documental, al fin y al cabo), pero los apuntes que da tienen mucha más valentía de lo que uno podría presuponer a una secuela como esta. Tristemente, poco a poco esta garra y esta perspicacia se van perdiendo en favor de la endeble relación entre Andy, Emily y Miranda, mucho más desdibujada de lo esperado (tan solo Nigel acaba saliendo indemne y convirtiéndose en el auténtico héroe de la cinta). Miranda sigue siendo un puro icono interpretado fantásticamente por Meryl Streep, pero, quizá como símbolo de los tiempos, su carisma se ha aguado muchísimo. Más allá de un par de hilarantes arranques de palabrería al inicio de la película, su personaje está dulcificado y falto de energía. Cada intervención suya es lo mejor del metraje, pero termina siendo un inevitable borrón de sí misma, especialmente en un tercer acto muy, muy, muy mejorable.
Es difícil explicarse por qué 'El Diablo viste de Prada 2' toma la decisión de, después de un inicio y un desarrollo relativamente valientes (es la película que es, no os esperéis una reivindicación sentida y real), desdibujar a sus protagonistas en un final a medio gas que no para de dar vueltas de campana hasta terminar en un deus ex machina imposible. Emily, en particular, es una mera caricatura que al final queda carcomida por su ego ilimitado, y su 'Survivor' periodístico no es lo suficientemente inteligente o sarcástico. Es una pena que esta secuela acabe a trompicones, porque lo que construye hasta ahí es más que digno. Y no, no es tan habitual.
Runway, cruza la pasarela
En sus mejores momentos, 'El Diablo viste de Prada 2' brilla con luz propia. Tristemente, no siempre es así, y no puede evitar caer en la bañera de los tópicos y las subtramas innecesarias que solo alargan la película sin otorgar nada más que hastío. ¿La historia de amor de Andy? ¿La compra de su piso de lujo? ¿La aparición especial (y absurda) de cierta famosa cantante? Todo podría eliminarse para otorgar más ritmo a una película que lo necesita de manera urgente. Uno quiere ver glamour, disputas sin piedad, personajes que ataquen como alimañas y más tejemanejes de la industria, pero en su afán por contentar a todos los espectadores acaba dando un poco de todo y cayéndose por su propio peso.
La paradoja que se da es que esta secuela es que, conviviendo al mismo tiempo, tenemos la mejor y la peor versión de lo que podría haber sido. Es atrevida, única, divertida, con puñaladas por la espalda y personajes complejos, pero también es repetitiva, facilona y repleta de situaciones planas que nada aportan a la trama. El cóctel es fácil de tragar, no decepcionará a los fans menos exigentes y, sin duda, será un éxito en taquilla, pero le falta un empujón para pasar de ser la secuela que pocos recordarán a convertirse en un contundente reinicio. No se puede decir que no lo intente y que el equipo no lo haya dado todo, pero le falta lo que le sobraba a 'El Diablo viste de Prada': seguridad en sí misma y en lo que cuenta.
Podría haber sido peor, y evita con más o menos diligencia ser un simple remake tardío de la película original, pero sus denuncias del mundo actual del periodismo (y, en menor medida, de la moda) acaban quedándose en agua de borrajas en favor de una historia simplona que termina con una vergonzosa justificación para llevar a sus protagonistas a un interminable final que se despide con una sonrisa tan bonachona como extenuada. Hay buenas intenciones en 'El Diablo viste de Prada 2', pero también muy poca garra. Esta vez, el Diablo ha vestido de Bershka.
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