Especial Paul Newman: 'El largo y cálido verano' de Martin Ritt

‘El largo y cálido verano’ (‘The Long, Hot Summer’, Martin Ritt, 1958) es una de las películas más representativas de la primera etapa como actor de Paul Newman por muchas y diversas razones. La misma supuso su primer encuentro con dos personas muy importantes en su vida. Por un lado el director Martin Ritt —otro de esos de la lista negra del senador McCarthy, aunque en este caso Ritt supo escurrir el bulto—, con el que el actor colaboraría en un buen número de ocasiones, siendo ésta una de las más celebradas —al lado de ‘Hud, el más salvaje entre mil’ (‘Hud’, 1963), sin duda la obra maestra de su director—; y por otro su primer encuentro con Joanne Woodward, que se convertiría en su esposa hasta la muerte del actor. De hecho antes del estreno, la actriz quedó embarazada de Newman, con el que demuestra un feeling que por motivos obvios traspasa la pantalla.

La película supone la primera de una especie de trilogía no intencionada por parte del actor contextualizada en ambientes sureños a lo Tennesse Williams. Las siguientes serían las espléndidas ‘La gata sobre el tejado de zinc’ (‘Cat on a Hot Tin Rof’, Richard Brooks, 1958) y ‘Dulce pájaro de juventud’ (‘Sweet Bird of Youth’, Richard Brooks, 1962). En el caso de ‘El largo y cálido verano’ la película parte de varias obras de William Faulkner, sobre todo la titulada ‘El villorio’ (1940), que el que la haya leído comprobará que las diferencias entre los personajes y muchas de las situaciones están considerablemente cambiadas en el film, cuyo guión fue obra del matrimonio formado por Irvin Ravetch y Harriet Frank Jr. que mezclaron tres obras en concreto del escritor de Mississipi.

(From here to the end, Spoilers) ‘El largo y cálido verano’ da comienzo con un hecho drástico que marcará el resto de la historia. Ben Quick (Paul Newman) es un hombre acusado de provocar un incendio en un granero, expulsado por ello de una comunidad. Caminando por una carretera será recogido por Eula y Clara —Lee Remick y Joanne Woodward— pertenecientes a la familia Varner, comandada por una especie de cacique llamado Will Varner —un pletórico y muy controlado Orson Welles que tuvo sus más y sus menos con el director, quien llegó a tirarlo del coche y dejarlo abandonado en un pantano obligándole a volver andando con los ánimos muy calmados—, dueño de casi todo lo que hay en el pueblo que se convertirá en el nuevo hogar para Quick. Éste establecerá enseguida una muy especial relación con Will que a unos enfadará, caso de Clara, y a otros pondrá peligrosamente celosos, caso del hijo de Will, Jody, papel que hace Anthony Franciosa.

En ‘El largo y cálido verano’ las referencias sexuales están continuamente expuestas en el relato. Empezando por esa atmósfera en la que el calor más sofocante es representación de los deseos —son varias las veces que Newman se pasea con el torso desnudo, aprovechando todo su sex appeal, insinuándose a Clara a quien le ha echado el ojo—, o en algunas de diálogo muy bien metidas, por ejemplo aquella en la que Will alega tener 61 años para negarse a aceptar la proposición matrimonial de Minnie —Angela Lansbury en el papel de una prostituta que dirige una casa de citas— y aquella le responde que sabe a ciencia cierta que no está mayor para ciertas cosas. Por otro lado, la duda de Clara al enfrentarse a un dilema cuando cree estar enamorada de un vecino de toda la vida —un muy correcto Richard Anderson— pero quien le altera verdaderamente es Quick, rebelde, protestón y autosuficiente con una seguridad que asusta.

Una de las cosas que más se disfrutan en la película de Ritt es sin duda el enfrentamiento interpretativo entre Orson Welles y Paul Newman, por aquel entonces, uno casi un recién llegado y el otro un veterano que además gozó de una fama terrible en todos los aspectos. El primer encuentro entre ambos es espectacular, manejado por Ritt con un uso del formato increíble, acoplando los personajes al escenario e intercambiado con primeros planos para marcar el ritmo de una conversación que pasará de advertencia a interés común con una facilidad endiablada y llena de dobles sentidos como todo el relato en sí. Realmente sorprende ver a Welles no hacer uno de sus numeritos de exhibición controlando cada gesto, mirada y palabra de su más que fascinante personaje. Lo mismo ocurre con Newman, en uno de esos roles que parecen hechos a su medida, haciendo todo un despliegue de la técnica del Acto’r Studio sin caer en el exceso, aunque el personaje pueda despertar ciertas antipatías entre cierto sector del público.

El enfrentamiento entre clases, grandes familias de renombre obligadas a rebajar sus gastos y hombres surgidos prácticamente del fango labrándose un futuro con el sudor de su frente, aprendiendo a ser tiburones en el siempre despiadado mundo de los negocios, la diferencia entre amor platónico y amor pasional, el amor fraternal, los celos, la posesión, la valía, etc son temas que navegan por una película atrevida con un crescendo dramático que camina hacia una parte final que se prevé explosiva para repentinamente cambiar de tono y proponer un happy end dejando descolocado a más de uno, algo apresurado y desconcertante teniendo en cuenta el camino que llevaba la película. Con todo, muy buena, con a veces cierto tono de western —el forastero que llega a la ciudad y se busca problemas cual pistolero—, género en el que Paul Newman entraría de lleno en su siguiente película dando vida a uno de los personajes más míticos del género.

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