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Especial Paul Newman: 'Marcado por el odio' de Robert Wise

Especial Paul Newman: 'Marcado por el odio' de Robert Wise
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Tras hacer el ridículo en su debut cinematográfico, Paul Newman se hizo con un papel que era para James Dean, quien no pudo interpretarlo debido a su prematura muerte. Ambos actores salidos del Actor´s Studio, además de amigos, optaron a los mismos papeles en sus comienzos, y aunque sería curioso ver a Dean en el papel de Rocky, lo cierto es que no puedo imaginarme ya a otro actor que no sea Paul Newman en el personaje que le consagró. Realmente sorprendente, sobre todo si lo comparamos con su anterior trabajo, ejercicio que recomiendo para que todo aquel que quiera pueda apreciar las enormes diferencias de talento entre Paul Newman y sí mismo. Como suena.

El actor se pone por primera vez a las órdenes de un realizador como Robert Wise, que tras una carrera de montador, dejaba ya algunas películas importantes a sus espaldas, tal es el caso de 'Ultimátum a la tierra' ('The Day the Earth Stood Still', 1951) o, sin ir más lejos, un título a veces olvidado en el subgénero del boxeo, 'Nadie puede vencerme' ('The Set-Up', 1949) —en nuestro país se le conoce además con los títulos 'Tongo' y 'Combate trucado'—, un denso thriller con un inolvidable Robert Ryan ambientado en el corrupto mundo pugilístico que se decanta hacia el lado de Film Noir. 'Marcado por el odio' ('Somebody Up There Likes Me', 1956) se centra en el lado humano y personal de su personaje central.

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Tomando como base la autobiografía de Rocky Graziano —campeón de los pesos medios en 1947— 'Marcado por el odio' se divide en dos partes cohesionadas con bastante pericia; la `primera se centra en la vida que lleva Rocky Barbella (Newman), la relación con su siempre comprensiva madre —Eileen Heckart consiguiendo ese raro milagro de hacer que veamos a un personaje y no una actriz interpretando un personaje— y con su rígido padre —Harold J. Stone, uno de los secundarios típicos de aquellos años—, abocado a la bebida por dar la espalda al sueño de su vida: ser boxeador profesional. La segunda intercala la relación con el personaje de Pier Angeli —la actriz ya había coincidido con Newman en 'El cáliz de plata' ('The Silver Chalice', Victor Saville, 1954)— con su ascenso en el boxeo. Lo cierto es que combates de boxeo, salvo el final por motivos lógicos, se ven muy pocos.

Pero es precisamente en ese detalle donde se ve la excelente mano de Wise para narrar con su dominio del montaje. Así el director refleja el éxito de Rocky en el boxeo con todo lo que le sucede en su vida personal. Baste señalar las escenas encadenadas de Barbella volviendo a casa después de boxear y acercándose a su hijo, el rostro de Rocky está cada vez más magullado, haciéndonos así una idea de cómo ha resultado el combate. Vida personal y deporte se unen y entrelazan como elementos inseparables que a la fuerza influyen el uno en el otro. Rocky pelea en la vida para conseguir lo que quiere de forma fácil aunque no legal, sobre el ring es él mismo con toda la fuerza de sus puños, y cuando lo desleal o ilegal hace acto de presencia, hace lo que hace en la vida cuando le ley le persigue, huir.

A Wise le quisieron imponer el filmar en decorados, pero cuando vio lo horribles que eran, o así lo pensaba él, solo los utilizó para determinadas secuencias de interiores y siempre oscuras. Para ello contó con la inestimable ayuda de Joseph Ruttenberg en la fotografía y gente como el mítico Cedric Gibbons —ganador de once Oscars y director artístico en más de 1.000 películas— en los decorados, mientras se atrevía con algunas secuencias filmadas en exteriores que apoyaban el tono realista que el film pretende en ciertos instantes. El cine estadounidense cambiaría considerablemente en la década siguiente, evitando el sistema de estudios que tanto se llevaba hasta entonces. 'Marcado por el odio' es una de las primeras muestras de ello.

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Y si en su primera interpretación para el cine Paul Newman estaba más bien nefasto como hemos dicho, aquí aun con todos los tics del Actor´s Studio el actor está sensacional, libre, componiendo un personaje a su medida, que muestra al típico joven atormentado tan del gusto de los actores de método, con un control absoluto por parte de Newman, ese que no le permite pasarse de rosca ni un milímetro alcanzando aquello que muchos dicen que no existe y tal vez sea cierto, la perfección. Además de la fiereza mostrada en el combate final, filmado de forma impecable por Wise, el actor se luce cuando los sentimientos contradictorios inundan al personaje. Baste fijarse en la relación de Rocky con Norma (Angeli) en la que Newman refleja muy bien ese rechazo que en realidad es atracción.

El trabajo de un actor primerizo en estado de gracia —sin desmerecer al resto de intérpretes, que están impagables en un reparto en el que además podemos reconocer a un jovencísimo Steve McQueen— y un director con las ideas muy claras —esa envidiable y equilibrada mezcla de géneros— convierten 'Marcado por el odio' en uno de los films más influyentes dentro de su estilo. Tanto Sylvester Stallone —de Rocky Barbella a Rocky Balboa no hay muchos pasos— como Martin Scorsese la tuvieron muy presente para sus respectivas cintas sobre el deporte.

A partir de esta película la carrera de Paul Newman parece ir en consonancia con la última frase recitada en la misma y que no es otra que su título original.

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