
La serie de Jeff Pope demuestra que el verdadero horror está en quienes deberían proteger a las víctimas.
Un documental emitido en Reino Unido en el año 1982 llegó a provocar una indignación tan grande que terminó contribuyendo a cambiar la manera de investigar las agresiones sexuales. En uno de sus episodios se mostraba a varios detectives interrogando de forma agresiva a una mujer que había denunciado una violación y décadas después, las historias de estas mujeres que no fueron escuchadas, creídas o protegidas por las instituciones siguen ocupando un espacio incómodamente habitual en la televisión.
'Creednos' ('Believe Me'), la nueva miniserie de cuatro episodios que recupera el caso real de John Worboys, el conocido como "violador de los taxis negros", pero lo hace desde una perspectiva que resulta mucho más interesante que la habitual en el true crime: la de las mujeres que sobrevivieron a sus ataques y tuvieron que enfrentarse después a un sistema que las cuestionó constantemente.
Nadie quiso escucharlas
'Creednos' sigue las historias de algunas de las 14 mujeres que denunciaron haber sido drogadas y agredidas sexualmente por Worboys. Sus testimonios estaban acompañados de señales tan evidentes como hematomas inexplicables, medias rotas, restos de lubricante en los muslos, dolores en la zona íntima o lagunas en la memoria después de que el taxista las obligara a beber champán con la excusa de que había ganado una gran cantidad de dinero en un casino. Pero aquellas 14 mujeres fueron solo una pequeña parte de las más de 100 que terminaron denunciando a este hombre cuando el caso llegó finalmente a los tribunales.
La serie comienza poniendo el foco especialmente en Sarah (Aimee-Ffion Edwards), una madre que sale una noche con sus amigos nueve meses después de haber tenido a su primer hijo. Al regresar a casa, acepta que Worboys la lleve en taxi y lo siguiente que recuerda es despertarse en un hospital. No sabe cómo ha llegado allí, pero cuando descubre los moratones, las medias rotas, el dolor y el lubricante, sabe que algo ha ocurrido. Decide denunciarlo, solo para descubrir que incluso la propia policía que la llevó al hospital después de que otro taxista la encontrara ebria no había tomado sus datos. Y que tampoco tenían las imágenes de las cámaras de seguridad.
A partir de ahí, 'Creednos' muestra el auténtico calvario que supone para Sarah intentar demostrar algo que ella misma apenas puede reconstruir. La protagonista tiene que someterse a pruebas invasivas y enfrentarse después a una sucesión de preguntas cada vez más escépticas por parte de los investigadores. Y cuando admite que había consumido drogas aquella noche, su credibilidad se cuestiona incluso más. La investigación acumula errores difíciles de creer y, al final, el caso se cierra. Después, la historia de Laila (Aasiya Shah), sigue un camino parecido, aunque en su caso se añade otra capa de humillación.
Ese tratamiento por parte de las autoridades es precisamente uno de los aspectos más estomagantes de la miniserie. Las pruebas de drogas daban negativo porque Worboys utilizaba una combinación de medicamentos de venta libre que resultaba difícil de detectar, mientras los investigadores no conseguían relacionar los distintos casos y desperdiciaban oportunidades para detener a un depredador que llevaba tiempo actuando prácticamente a la vista de todos. La incompetencia policial no es un simple elemento secundario de la trama, sino una parte fundamental de la tragedia, porque no solo permitió que Worboys campara a sus anchas, sino que obligó a sus víctimas a cargar también con la frustración y la humillación de no ser tomadas en serio.
Además, el creador Jeff Pope decide además hacer algo que acaba siendo un acierto en una historia de estas características: dejar al propio Worboys en un segundo plano. El criminal aparece cuando es necesario para entender el caso, pero la serie no tiene la necesidad de convertirlo en un personaje fascinante ni de explorar hasta el último detalle su psicología. Aquí lo verdaderamente interesante no es descubrir qué convierte a alguien en un depredador, sino observar qué ocurre con las personas que sobreviven a sus crímenes y con las instituciones que deberían protegerlas.
Por otro lado, la historia tampoco termina con la condena de Worboys. La ficción entiende que la justicia penal no borra automáticamente el trauma y que las mujeres continúan viviendo con la vergüenza, la culpa, la rabia y las preguntas que quedan después de una agresión. Y ahí es donde la serie conecta con una cuestión que continúa siendo tremendamente actual: décadas después de aquel documental de 1982 que provocó cambios en la investigación de las violaciones, las tasas de condena siguen siendo preocupantemente bajas y siguen apareciendo historias similares de mujeres que siguen siendo cuestionadas. Por eso esta serie es tan potente y efectiva.
La tenéis en Movistar Plus.
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