'Hope' es pura diversión sin complejos made in Corea. Un sorprendente festival de CGI que me ha dejado sin respiración coronado por un final incomprensible

Hope

Una huida hacia adelante apretando el acelerador todo el rato. Es imposible no acabar rendido ante un blockbuster espectacular que solo pretende divertir

Randy Meeks

Editor

Al terminar la proyección de ‘Hope’, en mi sala sonó una histérica carcajada. Normalmente lo considero una falta de respeto, pero en la película de Na Hong-jin es, sinceramente, bastante comprensible. Y es que después de dos horas y pico de fascinantes persecuciones al mejor estilo ‘Mad Max: Furia en la carretera’, monstruos, destrucción y efectos visuales pintones (con diseños más o menos grotescos), la cinta da un salto mortal hacia atrás, un giro de 180 grados absolutamente demente con el que es imposible no quedarse boquiabierto y pidiendo explicaciones. Es la guinda en el pastel de una obra que, desde luego, no deja a nadie indiferente. Por suerte.

La parada de los monstruos

‘Hope’ es, ante todo y sobre todo, excesiva. En todos los sentidos, para bien y para mal, tanto en su espectacularidad como en su duración y, por supuesto, su rareza. Esta es la película más cara de la historia del cine coreano y, lejos de amoldarse a los gustos occidentales, aprieta el acelerador todo lo que puede sin quedarse corta de lore imposible de entender, historias hilarantemente escatológicas, golpes de humor visual inauditos y una narrativa profundamente territorial. Hong-jin va con todo en esta cinta, y se agradece que no tenga miedo de ser extravagante de inicio a fin.

No es menos cierto que los mejores momentos de ‘Hope’ se esconden en su primer acto, cuando tan solo podemos ver el reguero de destrucción que el monstruo ha dejado en sus ataques: es una persecución hacia algo que no podemos ver, y de lo que vamos aprendiendo más a medida que pasa el metraje, siempre manteniendo a la criatura fuera de campo. Su director nos hace esperar pacientemente el momento de mostrarnos la amenaza y empezar el ciclo de ataques y persecuciones, pero es por su propio bien: este inicio es carismático, único y abrumador. Una auténtica delicia que después se pierde un poco en su propia épica.

Eso sí, si ya no aguantabas más películas de ciencia-ficción genérica que ocultaran sus cartas hasta el tercer acto, vas a gozar con ‘Hope’: no solo es muy especial, sino que, además, no se echa atrás nunca en una infinita persecución tan divertida como (por qué negarlo) repetitiva. Es espectacular, desconcertante, divertida y, al mismo tiempo, un delirio de CGI que, por momentos, parece salido de una pesadilla por culpa de unos diseños, por así decirlo, perturbadores. La ejecución resulta, en la mayor parte de las escenas, brillante y acertada, y es difícil no salir de la sala repletos de energía pese a su larga duración… y con más preguntas que respuestas.

Hay que atarlos con corea

Y es que ‘Hope’ utiliza sus últimos minutos para pausarlo todo tras la orgía de violencia de su hora anterior y preparar su inevitable segunda parte. Una vez más, su director toma riesgos alejándose todo lo que puede de la narrativa convencional, pero haciéndolo es posible que expulse a todos los que no estaban ya del todo convencidos con la propuesta. Ahora bien, es difícil no estar convencido de primeras con una película que solo propone diversión, emoción, goce y despatarre audiovisual… Y que no teme enfrentarse a un clímax prácticamente continuo.

Es cierto que, a cambio, sufre en la construcción de personajes, que no pueden desarrollarse más allá del arquetipo básico y un par de detalles. Eso sí: todos son lo suficientemente originales como para disfrutar de sus escenas sin verles como un escollo que pasar antes de ver acción por un tubo. Aunque no les aguantaras, tampoco tendrías mucho sufrimiento por delante: ‘Hope’ se mete en harina desde el primer minuto y, aunque tiene vaivenes donde el ritmo se tambalea, se niega a dejar de pisar el acelerador, ya sea tirando de desparrame visual o de sorpresas que dan varias vueltas de campana a la trama y que no siempre tienen el tiempo suficiente para estabilizarse.

Acostumbrados como estamos a blockbusters en los que hay que esperar hasta el segundo acto para que la trama empiece de verdad, ‘Hope’ es un maravilloso revulsivo innegablemente divertido que solo quiere (como si fuera poco) entretener hasta la extenuación gracias al caos continuo, la destrucción, el humor negro y los giros de guion que esperan tras cada esquina. Puede que esta película no sea tu estilo, pero es innegable que necesitamos más cine así de directo, sincero y claro respecto a sus intenciones. Persecuciones, violencia, monstruos, humor y la mejor escena escatológica de la década: francamente, ¿qué más se puede pedir?

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