Otro delirio de Ryan Murphy
La nueva serie de FX creada por Ryan Murphy y Matthew Hodgson parte de una premisa tan provocadora como excesiva: imaginar un mundo en el que la perfección física puede inyectarse, venderse y transmitirse como una mercancía. 'The Beauty' mezcla sin pudor el horror corporal de 'La sustancia', la amenaza contagiosa de 'It Follows' y la crítica a las grandes farmacéuticas que ya vimos en 'La caída de la casa Usher'.
Como resultado obtenemos una serie de ciencia ficción grotesca, hiperbólica y visualmente impactante que explora los estándares de belleza, su comercialización y las consecuencias de convertir la perfección en un producto de mercado.
Un mundo obsesionado con la perfección
La idea es potente, incómoda y muy propia de Murphy: una droga capaz de reescribir el cuerpo, hacer que emerja una versión idealizada de uno mismo y, a la vez, destruirlo desde dentro. El problema es que, como ocurre a menudo con otras ficciones del mismo creador, 'The Beauty' parece más interesada en lanzar ideas a toda velocidad que en detenerse a explorarlas con la profundidad que merecen.
La serie sigue a los agentes del FBI Cooper (Evan Peters) y Jordan (Rebecca Hall), enviados a París para investigar un caso imposible: modelos y personas extraordinariamente atractivas están explotando literalmente en montones de carne y fluidos. Pronto descubren que todo está relacionado con un virus de transmisión sexual que permite renacer en un cuerpo perfecto… hasta que el calor interno provoca una combustión fatal.
A partir de ahí, 'The Beauty' alterna varios frentes narrativos: la investigación policial, los entresijos de una corporación, el asesino a sueldo encargado de limpiar errores y episodios casi antológicos que muestran cómo personas comunes se enfrentan a la promesa y la maldición de la perfección. Este mosaico construye un mundo distópico muy atractivo, aunque a menudo desordenado, donde la belleza se convierte en una moneda líquida y peligrosa.
El gran acierto de la serie es, sin duda, su forma de utilizar el horror corporal. Las transformaciones son repulsivas y fascinantes: piel que burbujea, dientes que se caen, cuerpos que se retuercen... El diseño de sonido y los efectos visuales logran escenas profundamente incómodas que funcionan como ancla cuando la narrativa se dispersa. El problema es que ni siquiera este potente recurso consigue sostener un discurso que a veces se diluye entre demasiadas subtramas.
Por otro lado, a nivel narrativo, 'The Beauty' es caótica. Su arranque es lento y desorienta, saltando entre debates filosóficos, escenas sexuales, violencia y exposición científica sin dar tiempo a asimilarlo todo. A partir del episodio 4, la serie encuentra cierto ritmo y empieza a funcionar mejor como reflexión sobre la obsesión humana con la perfección y el poder corruptor del mercado, especialmente desde la perspectiva de la Corporación. Pero el tono nunca termina de asentarse, oscilando entre la sátira grotesca, la ciencia ficción distópica, el thriller corporativo y el horror, sin decidirse del todo por ninguno.
Este desequilibrio se acentúa en los últimos episodios, donde la serie parece no saber si tomarse en serio sus propias ideas o abrazar por completo el absurdo. Hay diálogos excesivamente solemnes, reflexiones filosóficas poco afinadas y una brusca desconexión emocional que choca con la estética exagerada. Pero si elegimos dejarnos llevar por esto último, saldremos ganando porque es lo que mejor le funciona.
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