'The Mastermind': Josh O'Connor se luce en una de las películas de atracos más especiales de los últimos años, tan inesperada como exquisita

Una de las mejores directoras indie vuelve a hacer un estudio de personaje exquisito

Pedro Gallego

Editor

Muchos de los géneros cinematográficos acaban adscritos a fórmulas muy elementales y a clichés muy vistos, pero no se hace realmente sin motivos. La funcionalidad permite una seguridad en la capacidad de entretenimiento y satisfacción del espectador, cosas muy deseadas en algunos casos. No se suele tocar lo que funciona, a menos que seas un inconsciente o realmente sepas explorar.

El cine de Kelly Reichardt se ha valido siempre de su contexto indie para no adscribirse necesariamente al interés comercial y sí al artístico, permitiéndose detenerse o viajar por aquello que mucho cine, especialmente estadounidense, decide obviar. Su profundización en géneros tradicionales le ha permitido también retorcer tuercas e ir más allá de lo convencional, permitiendo dar a películas como 'The Mastermind' un aura especial e imprevisible.

Un espabilado da un golpe

Aquí de la mano de un Josh O’Connor fantástico, que vuelve a confirmar no sólo su potencial de gran actor joven sino su buen gusto para escoger proyectos, crea una película de atracos exquisita. Una donde da por un lado lo que uno espera de una cinta de género, pero lo trastoca para dar una película marca de la casa que es de lo mejor que hay ahora mismo en carteleras.

En ella nos trasladamos a un pequeño pueblo de la zona de Massachusetts a comienzos de los años setenta, cuando el país está sacudido por la guerra de Vietnam y la necesidad o no de mandar a jóvenes a combatir. O’Connor es JB Mooney, un padre de familia en paro que va continuamente a un museo local para observar su estructura y sus fallas, planificando a partir de ahí un atraco de varias obras de arte contemporáneo.

La particularidad de ‘The Mastermind’ es que el “espectacular” golpe que lleva tiempo planeando, y que sería el desencadenante hacia el tercer acto de la película, se nos presenta aquí como el acto introductorio. Entre planificaciones y ejecución vamos observando el contexto de un hombre que se lanza a la vida criminal no por necesidad, sino por convencimiento de que tiene algo que demostrar. La película le demuestra a menudo lo equivocado que está.

'The Mastermind', buscando propósito

Reichardt emplea bien el contexto social y político del momento para plasmar la necesidad de rebeldía y de búsqueda de propósito de un hombre hastiado con su seguridad. Pero, a veces, esos impulsos no arrojan nada. El estudio de personaje es fino, empleando la observación calmada pero con cierta mala baba, ayudando a que la película tenga un estupendo sentido del humor articulando la odisea anti-épica de su protagonista. También juega contra las expectativas con una fabulosa música jazz de Rob Mazurek pensada para una película más hiperactiva que la que estamos viendo.

Es otra estupenda exploración de la psique masculina que emplea el contexto de época para hablar de una actitud atemporal, con Reichardt mostrándose de nuevo como una de las voces más única e infravaloradas del cine americano. ‘The Mastermind’ nos lleva de la mano todo el rato por un viaje desprovisto de excitaciones y espectacularidad convencional, pero sí lleno de hallazgos estimulantes además de reveladores que la hacen, junto a su exquisita fotografía, una de las películas del año.

En Espinof | Las mejores películas de 2025

En Espinof | Las mejores películas de intriga y suspense de la historia

Ver todos los comentarios en https://www.espinof.com

VER 0 Comentario