‘La misteriosa mirada del flamenco’ es fantástica. Una representación única de la dualidad entre deseo y castigo bajo la forma de un western queer y poético

Podría ser una sucesión de leccioncitas fáciles pero, en su lugar, sorprende con personalidad propia y un recital de talento tras la cámara

Randy Meeks

Editor

En 1992, el pánico social en torno al sida se estaba volviendo inaguantable. Tanto, que la propia 'Farmacia de guardia', la serie más popular del momento, tuvo que hacer una labor social presentando un personaje con VIH para destrozar todos los tópicos al respecto. 34 años después, por suerte, podemos recordar esa histeria general como un momento clave pero ya enterrado del difícil camino de la comunidad LGTB. Una fotografía vital que sobrevuela toda 'La misteriosa mirada del flamenco' sin llegar nunca a concretarse, nadando en un lirismo constante, atractivo, único y abrumador.

Trans el corazón verde

'La misteriosa mirada del flamenco' podría definirse como un western chileno queer ambientado en los 80, pero es incluso mucho más que eso. Lejos de abogar por una crítica política facilona o panfletaria, o una reivindicación que suene ya mascada, la primera película de Diego Céspedes se centra en un imaginario propio que desde el primer instante es icónico, singular y valiente. Cierto es que en su singular mezcla de géneros se encasquilla en algún momento (especialmente en sus escenas más poéticas y desligadas del resto de la trama), pero son tropiezos ocasiones tras los que acaba saliendo con la cabeza bien alta.

Lo más interesante de la cinta no es ese grupo de travestis con ganas de jarana que convive en comuna, ni ese Yovani ignorante de su propio deseo, ni esa Mami Boa que se promete "en sangre y semen" con su pareja: es Lidia, la adolescente que trata de entender el extraño mundo que le rodea y equilibra el relato, ya sea como observadora casual o como protagonista de su propia historia. Una que culmina de manera abrumadora, rotunda y fascinante. Para llegar hasta ese tercer acto explosivo, el director crea personajes convincentes y repletos de matices, rodeados de un manto de percepciones: 'La misteriosa mirada del flamenco' no es tanto una película clásica dividida en tres actos como un sentimiento en constante evolución que ahoga, crece y, en última instancia, florece. 

Al igual que Flamenco y el resto de sus amigas, que miran a los ojos a adolescentes para meterles miedo y pasarles, aparentemente, su "enfermedad", la película, una vez te mira fijamente, no permite que te vuelvas a distraer. Te atrapa en su vaivén de emociones, afectos, cariño y violencia entre un grupo de inadaptadas y la niña que aprende, a la fuerza y antes de lo debido, lo que es la dignidad, los prejuicios y la valentía de ser distinta al resto. Para ello, 'La misteriosa mirada del flamenco' transcurre entre shows de talentos, baños con travestis, asesinatos injustos y un continuo ambiente enrarecido prácticamente imposible de encontrar en ninguna otra película.

Chilean Flamingos

La cinta podría haber sido condescendiente, dejando espacio a la innecesaria educación de un público ya educado. Pero, en su lugar, decide apretar el acelerador creando una atmósfera en la que se mezclan culpa y valentía, violencia y amor, dolor y dulzura, deseo y castigo, cualidades personificadas en una Flamenco que lo es, literalmente, todo. Al fin y al cabo, ser un hombre que se siente mujer a mediados de los 80 era poner varios estigmas sobre tus hombros, pero, ante todo, vivir con la dualidad del cuerpo sexualizado que, al mismo tiempo, se execraba y odiaba. La cinta vive en esa dualidad de manera constante, y marca el devenir de los sucesos de formas inesperadas (y dolorosas).

Ni siquiera el título de la película es baladí, porque, al final, trata sobre mirar y ser mirado. Sobre el ojo ajeno, el miedo a lo desconocido, el asco a lo diferente, la libertad de aceptarse en el espejo. Y todo ello sin leccioncitas de moral, frases declamadas sacadas de algún manual o hilos de Twitter convertidos en enseñanzas: 'La misteriosa mirada del flamenco' tiene una voluntad política y luchadora, sí, pero es consciente de que solo se llega ahí mediante una buena historia que, además, resulte constantemente entretenida y alejada de cualquier estereotipo.

A muchos les gustaría que esta película fuera un simple panfleto, se pasara de didáctica o tratara de dar la barrila con temas tristemente polémicos hoy en día. Sin embargo, se las arregla para, aún metiendo el dedo en la llaga, mostrar un lado mucho más humanista, lírico y onírico de lo esperable. 'La misteriosa mirada del flamenco' es distinta a todo lo que tenemos en cartelera, y reconoce su propia rareza. Una obra fantástica, única, poética, bella, justa y violenta que no os podéis perder.

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