'Perry Mason' 1x02: la serie de HBO se reafirma como uno de los estrenos más estimulantes del año

"It's not TV. It's HBO". En muy pocas ocasiones, un eslogan logra adaptarse de forma tan efectiva y fidedigna a la realidad de una marca del modo en que lo hace este sencillo y pegadizo reclamo de Home Box Office; cuyas producciones catódicas han sido de vital importancia a la hora de reconvertir la pequeña pantalla en una fábrica de hitos audiovisuales sin nada que envidiar a sus homólogos cinematográficos.

'The Wire', 'Los Soprano', 'A dos metros bajo tierra', 'Juego de tronos', 'Chernobyl'... Podríamos dedicar un buen puñado de párrafos únicamente a elogiar las decenas de producciones de todos los tonos, géneros y estilos, que han nutrido el catálogo de la cadena de ficciones apasionantes, crudas, adultas, y sobresalientes tanto en forma como en lo que respecta a su narrativa.

Hoy, tras haber caído completamente rendido a los pies de su primer episodio, y después de reafirmar las sensaciones transmitidas por su debut en un fantástico segundo capítulo, puedo confirmar que 'Perry Mason' —al menos, por el momento— bien merece un hueco entre los títulos más célebres y prestigiosos de HBO.

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Un arranque soberbio

Antes que nada, he de reconocer que mi experiencia y conocimientos previos sobre el personaje, creado por Erle Stanley Gardner en 1933, más allá de algunos retazos sobre su concepción y naturaleza original, son limitados. El matiz es importante, ya que puede que esto me haya ayudado a digerir mejor el cambio de rumbo que Ron Fitzgerald —'Weeds'— y Rolin Jones —'Boardwalk Empire'— han dado al personaje en este reboot.

El arranque de la serie, sin cortapisas y de una crudeza sorprendente, plantó en poco más de 50 intensos minutos, todas las cartas sobre la mesa; destacando la presentación de un amargo y destructivo Mason reconvertido en detective privado e interpretado por un más que solvente Matthew Rhys, cuya voz y la intensidad de su mirada se adaptan a la perfección a su rol.

Junto al protagonista, el primer episodio dio inicio a los primeros vaivenes de la investigación sobre la que se construye la trama principal de la temporada, y ofreció una impresionante fotografía de la ciudad de Los Ángeles de los años 30, representada en pantalla a través de un diseño de producción espectacular que hace justicia a los cerca de 80 millones de presupuesto del show.

Tirando del hilo

Con su segundo capítulo, 'Perry Mason' no hace más que reafirmar y apuntalar todo lo planteado en su predecesor, comenzando por sus aspectos  formales; con una dirección impoluta de Tim Van Patten y una tratamiento visual soberbio, cortesía de un David Franco que captura toda la esencia del mejor cine negro monocromo, fotografiada a todo color y con una textura tan densa como el ambiente de la Norteamérica sumida en la Gran Depresión.

En lo narrativo, el episodio comienza a arrojar algo de luz ante la conducta errática y el trasfondo del detective protagonista a través de unos flashbacks muy bien resueltos —se nota el paso de Van Patten por 'The Pacific'— que nos sumergen de lleno en las trincheras de la I Guerra Mundial. Nuestro Perry Mason tiene retazos de estrés post traumático derivado del horror que vivió en el frente, y esto es algo que puede —y debería— ser explotado en entregas posteriores.

Además de esto, las nuevas subtramas abiertas traen bajo el brazo nuevos personajes, siendo el primero de ellos el oficial de policía Paul Drake. Este, además de aportar una interesante lectura sobre la realidad racial de la época, promete aportar un nuevo punto de vista al caso sobre el asesinato del bebé de los Dodsons, en el que ha aterrizado prácticamente de casualidad.

Junto a él, la gran estrella de entre las novedades es la Hermana Alice, predicadora evangélica de la iglesia a la que pertenecen los Dodsons. Es muy probable que el culto esconda más de un turbio secreto detrás de su, a priori, impoluta fachada, y el cruce de miradas entre Alice y Perry durante su enfervorizado sermón en el funeral del pequeño Charlie hace pensar que la relación entre ambos se intensificará en próximas entregas.

En lo que respecta a la investigación desde el punto de vista de Mason, la procedencia del hilo con el que se cosieron los párpados de Charlie continúa siendo una incógnita, y una de las piezas clave de un rompecabezas al que aún le quedan muchos requiebros por resolver. No obstante, descubrir que Matthew Dodson es hijo de Baggerly, y que su esposa —ahora bajo custodia policial como presunta colaboradora— tenía un affaire con uno de los asesinos de Charlie, abre nuevas vías que invitan a continuar pegados a la pantalla en próximas semanas.

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