'Scrubs' ha vuelto a ser mi lugar feliz. Demuestra que las continuaciones tardías solo pueden funcionar si nacen del cariño y no de la avaricia

Scrubs

No cambio ni siquiera 'The Pitt' por los ratitos con JD y Turk

Randy Meeks

Editor

Creo firmemente que ninguna serie ha sabido unir tragedia y comedia de manera tan brillante como 'Scrubs', la sitcom que en su día se atrevió a llegar donde ninguna otra lo había hecho, y que fabricó desde un fabuloso musical hasta el episodio que mejor representa el poso que deja la muerte de un ser querido a quien aún sientes a tu lado. Es más: su episodio final (antes de que llegara la terrible y no canónica temporada 9) es uno de los mejores de la historia de la televisión. Por eso tenía un terror absoluto por su retorno, creyendo que mancillarían un recuerdo casi impoluto. Al fin y al cabo, ¿cuántos reboots tardíos han salido bien?

I'm not Superman

Justo cuando la fiebre del reboot nostálgico estaba llegando a su final, las dos comedias más originales de los 2000 han vuelto de manera inesperada: 'Malcolm' y 'Scrubs'. Y lo curioso es que, aunque ambos retornos funcionan, han adoptado maneras muy diferentes de hacerlo. 'Malcolm' ha variado el tono y los protagonistas, dando una historia completa en cuatro episodios (que claramente viene de una película troceada), mientras que 'Scrubs' ha optado por seguir exactamente igual. Mismos personajes, mismo ambiente, mismo tono, mismos chistes. Y, 16 años después de ver a JD por última vez, sigue aguantando de manera envidiable.

Es cierto que lo primero que viene a tu cabeza al ver la nueva 'Scrubs' es que todos (o al menos Zach Braff y John C. McGinley) están más viejos, lógicamente, pero cuando la mente se acomoda, todo vuelve a funcionar como si el tiempo no hubiera pasado. Muchas otras series, cuando vuelven del largo retiro, tratan de repetir la magia, pero parecen obligadas y casi avergonzadas al resucitar algo artificialmente que creían muerto. No es el caso de esta serie, donde los guiones están pulidos para dejar el mismo sabor de boca de antaño, pero no por ello desdeñar las vicisitudes del mundo actual. 

'Scrubs' no es 'The Pitt', claramente, pero eso no impide que sobrevuele, de manera inevitable, los mismos temas: la vida, la muerte, las negligencias médicas o el manejo del ego al llegar a puestos de responsabilidad, solo que cambiando la agonía vital por carcajadas y ternura. Y aunque en estos primeros 10 episodios se están ahorrando los momentos lacrimógenos que las temporadas anteriores si nos dieron (con 'Waiting for my real life to begin' y 'How to save a life' sonando y destrozando a cualquiera), su renovación hace pensar que volverán a rompernos por dentro en cuanto cojan rodaje y confianza.

Guy love between two guys

Las continuaciones tardías tienen un grave problema a la hora de presentar nuevos personajes. A 'Malcolm', por ejemplo, le cuesta que cojamos cierto cariño a la novia y la hija de su protagonista, y 'Scrubs' tampoco logra evitarlo grácilmente. Sus estudiantes de medicina sí tienen, al menos, personalidades distintas y atrayentes, aunque de momento sus matices se puedan resumir en una sola línea: la influencer, el guaperas que se cree mejor que los demás, la pareja rarita, etcétera. Dan el pego como secundarios, pero nunca podrían tener el peso de la trama si Braff deja huérfana la serie.

Hay un motivo por el que esta nueva temporada triunfa donde otras no han podido: ha nacido de manera orgánica, con Bill Lawrence supervisando cada uno de los episodios y poniendo como showrunner a Aseem Batra, guionista y actriz desde las primeras temporadas de la serie. Solo así, y con el reparto de siempre metido en el ajo, se puede conseguir la magia: que el tiempo no parezca haber pasado por el hospital Sacred Heart. La bajada de presupuesto hace que sea imposible llevar a la realidad las complejas set pieces de antaño, pero la valentía y las ganas están ahí.

Afronté 'Scrubs' con miedo a que atropellaran mi recuerdo, pero lo cierto es que ha conseguido llevarme a un sitio muy cómodo: el de una serie corta, de puro confort, repleta de personajes que ya quieres y con la seguridad de que no van a revolucionarlos o "modernizarlos" de manera absurda. JD, Elliot, Turk, Carla y Cox no son los mismos que cuando les dejamos, pero su evolución fuera de cámaras ha sido la lógica y esperable: la prueba de que, cuando algo se hace desde el cariño y no desde la imposición, tiene muchísimas más posibilidades de salir bien.

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