'Spider-Man: Homecoming', Marvel atrapada en su propia telaraña

La revolución del cine de superhéroes causada por el terremoto de ‘Iron-Man’ (2008) se ha visto replicada por excelentes muestras del género durante el desarrollo de un universo cinematográfico impoluto, casi impecable si exceptuamos algunas ovejas negras. La factoría que maneja Kevin Feige tiene un carácter industrial que a muchos parece molestarle pero, guste más o no, hasta este momento su estándar de calidad echaba un pulso con las críticas.

El grado de pasión que destilan todas sus películas sólo es comparable con la facilidad para encontrarles el truco, su fórmula de la Coca-Cola: puedes imaginar perfectamente qué vas a encontrar pero sigue resultando único y refrescante. Pero sabes que es Coca-Cola, que va a saber a Coca-Cola. Si quieres Pepsi la tienes en el estante de al lado. Esto puede ser criticable, pero nadie puede negarles que sabe lo que están haciendo que conocen a sus personajes y ponen el máximo cuidado en ofrecer la mejor versión de los mismos.

Todo en un día

Por ello la vuelta a casa de su superhéroe estandarte era esperada, anhelada y ahora celebrada por los fans del personaje. La mejor manera de cumplir expectativas era alejarse totalmente de las anteriores visiones siguiendo un método de aliteración con otros géneros haciendo un viaje de vuelta a la verdadera naturaleza del hombre araña. ¿Cómo contar la historia de un adolescente con problemas de adolescente? Adaptándose al cine de John Huges: institutos, perdedores, reina del baile y equipo de olimpiadas de ciencia.

Spider-man: Homecoming’ se esfuerza en hacer pequeños homenajes al rey del cine teen, pero por si alguno no los pilla, te muestra en una televisión la película a la que le guiña el ojo. Parece que los superhéroes Marvel le han pillado el puntillo a Ferrys Bueller, a tenor de la escena post-créditos de ‘Deadpool’, pero afortunadamente no se queda ahí. La textura de ese tipo de cine se escurre en las escenas cotidianas del día a día de Peter Parker tanto en su casa como en el instituto.

Largometrajes de culto como ‘Career Opportunities’ (1991) o ‘Ya no puedo esperar’ (Can’t Hardly Wait, 1998) dejan huella en el sorprendente trato natural de los personajes y la intensidad de sus conflictos de pubertad, pero esa perspectiva de la producción, si bien sirve de base de inicio, no acaba cerrándose con la catarsis dramática de la mayoría de los (buenos) filmes clásicos que imita. Es fácil mentar a Huges, pero no lo es tanto dejar ese particular sabor agridulce de sus clímax en el espectador.

'Spider-Man Homecoming': simpática, competente, inofensiva y genérica

Y es que esa perspectiva particular queda difuminada por la propia naturaleza fantástica del relato. Hay una línea directa, desde ‘Superagente Junvenil’ (If Looks Could Kill, 1991) a ‘Kick-Ass’ (2010), que delega a ‘Spider-Man: Homecoming’ el libro de cocina del guion de superhéroe adolescente que Jon Watts sigue al pie de la letra. De hecho, sigue tan bien al pie de la letra el ‘método Marvel’ que no es difícil adivinar las razones por las que un director con un currículum tan anodino ha conseguido el trabajo.

Watts consigue la complicidad de sus actores y entrega dos horas de buena comedia ligera, de efectivo humor blanco administrado con timing perfecto. Buenas escenas de acción, un villano más que decente —‘Birdman’ haciendo del buitre tiene su gracia—y un Spider-man/Peter Parker que hace olvidar que ya hemos visto cinco películas sobre el personaje. Simplemente sensacional. El único problema que no sientes que estés viendo una película propiamente dicha, sino un episodio de una serie o serial perteneciente a algo más grande.

Si sigues todas las películas de Marvel pillarás todos los guiños, entenderás los chistes, comprenderás la importancia de los nexos de unión entre todas ellas y te emocionarás ante la posibilidad de que, tarde o temprano, el trepamuros esté con Los Vengadores en alguna nueva entrega. Pero el experimento Marvel ha ido creciendo, tomando una forma más compleja y dependiente y, por primera vez, sus vástagos se perciben como elementos coyunturales. ¿Cómo funcionaría este Spider-Man sin estar tutelado por ‘Iron Man’?

La presencia constante de Stark (aunque no sea en pantalla) lastra la personalidad de un filme que, incomprensiblemente, se apoya en exceso en una franquicia preexistente, hasta tal punto que hace modificaciones radicales en la naturaleza del personaje. Muchas funcionalidades tecnológicas en el traje, mucho dron, mucho recurso dependiente que erosionan la razón de ser de un superhéroe vulnerable, con limitaciones. Muchas concesiones a la integración del personaje en el universo, de forma que el conjunto se resiente, perdiendo independencia y frescura.

Muchos dejamos de leer cómics Marvel llegado cierto punto, principalmente porque sus propias series se hacían codependientes de otras colecciones, de historias alternativas, de anuales, de personajes invitados y, además de perder la consistencia de las historias autónomas, daba pereza leerlas. El universo de los estudios Marvel se sigue con facilidad, pero empieza a encerrarse demasiado en sí mismo, perdiendo la naturalidad que las historias independientes y dejando entrever demasiado las plantillas que tanto molestan a sus detractores.

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