La última temporada de 'Outer Banks' es un fantástico 'fueron felices y comieron perdices' para la serie de Netflix, aunque habría preferido un final menos idílico

'Outer Banks'

Puede que sea la forma más coherente de despedir a los Pogues

Belén Prieto

Editora

'Outer Banks' ha llegado a su final con su quinta y última temporada. Después de hacer de las aventuras de los Pogues una de las series juveniles más adictivas de Netflix, la ficción se despide definitivamente después de seis años mezclando drama juvenil, diferencias de clase, romances, traiciones y búsquedas de tesoros cada vez más disparatadas, llevando a sus protagonistas desde Carolina del Norte hasta algunos de los lugares más recónditos del mundo. 

Y, aunque después de cuatro temporadas habría sido razonable esperar que la serie intentara reinventarse para despedirse por todo lo alto, la quinta entrega decide hacer justo lo contrario: mantenerse fiel a la fórmula que la ha acompañado desde el principio, con persecuciones, villanos, tesoros, decisiones cuestionables y una nueva dosis de problemas para John B., Sarah, Kiara, Pope, Cleo y compañía.

Una última aventura, siempre juntos

Uno de los grandes retos que tenía esta última temporada era afrontar la muerte de JJ (Rudy Pankow), uno de los personajes más queridos de la serie. El joven murió al final de la cuarta temporada a manos de su propio padre, Chandler Groff (J. Anthony Crane), y su ausencia se convierte en una presencia constante durante los nuevos episodios. 

Especialmente para Kiara (Madison Bailey), que no solo ha perdido a uno de sus mejores amigos, sino también a su novio. De hecho, el duelo de Kie y su proceso para superar la pena por la pérdida de JJ es una de las mejores tramas de la temporada, porque le aporta una dimensión extra a la serie que parecía haberse quedado enterrada entre las aventuras cada vez más exageradas de los Pogues.

Pero el resto del grupo tampoco tiene precisamente tiempo para estarse quieto. Kildare ya no es el refugio que conocían, los Kooks amenazan con expulsarlos de sus tierras y Groff sigue siendo una amenaza mientras los Corsarios, mercenarios y demás enemigos siguen pisándoles los talones. Pope (Jonathan Daviss) arrastra el trauma de haber matado a Lightner, Cleo (Carlacia Grant) ha sido separada del resto y enviada de vuelta a Nassau, mientras que Sarah (Madelyn Cline) y John B. (Chase Stokes) afrontan su embarazo y el hecho de que ya ni siquiera tienen un hogar al que volver.

Y en medio de todo esto aparece también Rafe (Drew Starkey), que ha pasado de ser uno de los grandes villanos de 'Outer Banks' a convertirse en una especie de aliado de los Pogues. Su arco de redención no me termina de cuadrar, pero termina dejándonos algunos de los momentos más llamativos y, curiosamente, catárticos de la temporada. Además, su presencia no pretende sustituir a JJ, porque el grupo sigue lidiando con el vacío que ha dejado el personaje.

El problema es que 'Outer Banks' parece querer solucionar demasiadas cosas a la vez. Hay conflictos familiares, peleas por las tierras de Kildare, viejos enemigos, nuevas amenazas, tesoros, un viaje e incluso un huracán. La serie tiene demasiado que decir y, a la vez, no parece suficiente, porque la enorme cantidad de acontecimientos hace que algunas tramas importantes apenas tengan espacio para respirar. La quinta temporada avanza a toda velocidad, pasando de un problema a otro y haciendo que a veces sea complicado distinguir qué conflictos son importantes de verdad.

Y los propios Pogues tampoco ayudan demasiado. John B. vuelve a tomar una decisión absurda que sitúa al grupo frente a una situación todavía peor, algo que ya forma parte de la esencia de la serie, pero que aquí empieza a ser forzado. A estas alturas, los protagonistas han pasado por suficientes situaciones límite como para que algunas de sus decisiones dejen de parecer impulsivas y empiecen a parecer simplemente mecanismos para crear otro problema. 

Pero, a pesar de todo, 'Outer Banks' sigue siendo tremendamente adictiva. La serie nunca ha pretendido ser especialmente realista y sus aventuras imposibles forman parte de su encanto. Es cierto que después de cinco temporadas habría sido interesante que el desenlace se parase un poco a analizar las consecuencias de todo lo que han vivido estos personajes. 

Pero también me contento con este final de cuento de hadas, aunque parezca que deja la historia algo incompleta. Quizá sea la forma más coherente de despedir a los Pogues. Les echaré de menos.

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