'El vecino': la nueva serie española de Netflix es una simpática comedia de superhéroes al estilo de 'El gran héroe americano'

Netflix ha elegido una fecha muy curiosa para estrenar ‘El vecino’, la serie española de superhéroes basado en el cómic de Santiago García y Pepo Pérez. Será el 31 de enero cuando llegue la primera temporada de una obra que a su manera parece una respuesta española a ‘El gran héroe americano’, la popular serie de televisión norteamericana protagonizada por William Katt entre 1981 y 1983.

En esta ocasión es Quim Gutiérrez quien recibe unos poderes extraordinarios de un extraterrestre que está a punto de morir. Un punto de partida que podría ser épico, pero que se aborda desde lo mundano y con una fuerte presencia del humor. Por ahora he tenido la ocasión de ver los dos primeros episodios -ambos dirigidos por Nacho Vigalondo- y he encontrado un efectivo pasatiempo.

De lo cotidiano a lo extraordinario

‘El vecino’ arranca mostrándonos a una pareja que no parece que vaya a durar mucho. Esto se expone de forma cotidiana, incidiendo en que él es un tanto egoísta con su “negocio” de camisetas y ella está un poco hasta las narices. Este distanciamiento, que no tardará en ir a mas, se aprovecha para presentar a los otros personajes llamados a tener peso en la historia de forma ágil y fresca, ya que la serie de Netflix no cae en el error de que no hay que esforzarse para que la aparente normalidad tenga mas gancho.

Eso no quita para que Miguel Esteban y Raúl Navarro, los encargados de adaptar el cómic para Netflix -supervisados de cerca, eso sí, por los autores del mismo-, opten por un humor muy universal en oposición a las particularidades de ‘El fin de la comedia’. Allí el protagonismo de Ignatius Farray marcaba la serie de forma inevitable, pero en esta ocasión se busca un acercamiento más inusual a los relatos de superhéroes, con Quim Gutiérrez dando vida a un pobre diablo que ni mucho menos está capacitado para la responsabilidad que ha recaído sobre él.

Y es que ‘El vecino’ no propone un inicio al uso para este nuevo superhéroe, optando en su lugar por dar una mayor importancia al improbable compinche. De hecho, es este último el que parece estar más al tanto de las necesidades que ha de cubrir la adquisición de superpoderes. Tras el choque inicial, más efectivo porque el vecino del protagonista ha sido introducido de forma bastante curiosa, la dinámica que se crea entre ellos se convierte rápidamente en uno de los puntos fuertes de la función.

El peso de los personajes

De hecho, la serie funciona mucho mejor cuando se centra en ellos que en los problemas de pareja del protagonista. Ahí sí que la serie resulta un poco más obvia de lo deseable, confiando en patrones explorados hasta la saciedad pero sabiéndolos manejar de tal forma que no sepa a mera repetición. Lo curioso es que deja con más ganas de ver tanto a Quim Gutiérrez como a Clara Lago por separado, pues se les nota más sueltos y con un material más diverso desde el guion -la obsesión de ella por conseguir followers esta abordada de forma bastante divertida, como también lo es su fallido reportaje sobre una escalera colaborativa-.

Sin embargo, lo que realmente da una energía diferente a la serie es el resto de personajes, en especial los dos vecinos interpretados por Adrián Pino y Catalina Sopelana. El primero tiene que asumir al mismo tiempo el rol de opositor con poca vida social pero también compinche y a la vez mentor del protagonista. Esteban y Navatro están muy inspirados encontrando el equilibrio entre su falta de confianza y la necesidad de tomar decisiones rápidas, algo que Pino también sabe reflejar con soltura y encanto.

Precisamente de encanto es de lo que va sobrada la vecina interpretada por Sopelana, una joven decidida que también funciona como nexo de unión entre los dos protagonistas -vive al lado de él pero es también amiga de ella- y que aporta esa frescura a la que aludía antes para que los elementos más manoseados del guion no lo parezcan tanto.

Con la duración ideal

Por lo demás, estos dos primeros episodios no dejan de ser una introducción, con el primero sirviendo para descubrir cómo Gutiérrez consigue esos increíbles poderes y el segundo para dejar claro que no era la persona idónea para obtenerlos. El lío que surge por este último punto ayuda a que ‘El vecino’ no caiga en el error de ser una serie costumbrista que quiere llegar a tanto tipo de público que se queda en tierra de nadie.

El humor costumbrista sí que está presente en todo momento, pero para conseguir un cóctel con el relato de superhéroes que la distinga de cualquier otra propuesta similar. Dicho de otra forma, esto no es una especie de ‘Los Serrano’ con superhéroes, ya está todo mucho más claro, no se introducen tramas sin ton ni son y se da en la diana con la ajustada duración de media hora para cada episodio. Con algo menos podría resultar demasiado anecdótica y con más es probable es que provocase cierto cansancio en el espectador.

Aquí lo que interesa es el toque cañí que aportan todos los personajes -incluyendo el resto de habitantes de edificios del protagonista- y ver como evoluciona la llegada de Titán, un superhéroe un tanto desastroso que imagino que irá encauzando su camino a lo largo de los episodios. Lo que si está claro es que no puede convertirse en algo al uso y para ello serán clave tanto los enemigos a los que tarde o temprano tendrá que hacer frente como la propia evolución del personaje con el rostro de Gutiérrez. No puede seguir siendo un egoísta desastroso, pero tampoco redimirse por completo.

En resumidas cuentas

‘El vecino’ es una simpática comedia de superhéroes con un humor muy accesible para todo tipo de público. Con un reparto bien elegido, sobre todo en las caras nuevas del cuarteto protagonista, y unos episodios con la duración ideal, no está llamada a revolucionar nada, pero la nueva serie española de Netflix lo tiene prácticamente todo para pasar un buen rato con ella.

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