'Vivir la tierra' es la resistencia de un pueblo atrapado entre la tradición y el progreso: una emocionante fábula rural china con un personaje memorable

'Vivir la tierra'

Una película de enorme sensibilidad que observa el paso del tiempo a través de una familia

Belén Prieto

Editora

En 1991, una pequeña aldea agrícola de la provincia china de Henan vive como si el tiempo se hubiera detenido. Las cosechas, los funerales, las bodas y las disputas familiares marcan el día a día de una comunidad que todavía no sabe hasta qué punto el mundo que conoce está a punto de cambiar

En 'Vivir la tierra', Huo Meng observa esa transformación a través de Chuang, un niño de 10 años que se queda atrás cuando sus padres se marchan a Shenzhen en busca de trabajo. Con una mirada pausada e íntima, la película retrata a una familia que intenta sobrevivir entre la pobreza, las heridas del pasado y un futuro que amenaza a sus campos de trigo. Se estrena en cines el 14 de agosto.

Tierra y familia

Chuang es un niño sensible e inteligente que, después de que sus padres se marchen a la ciudad con sus hermanos mayores, acaba viviendo con sus tíos y otros familiares. Sin embargo, nunca termina de sentirse parte de ese hogar. Tiene incluso un apellido diferente y su tío se lo recuerda cuando pregunta dónde podría ser enterrado algún día diciéndole "este no es tu lugar". La muerte está muy presente durante el año que pasa en la aldea, hasta convertirse incluso en una presencia recurrente en sus sueños.

En ese entorno, Chuang encuentra especialmente consuelo en las mujeres de su familia, como su bisabuela nonagenaria o Xiuying, una joven de 21 años que se resiste a aceptar el matrimonio concertado que la familia ha pensado para ella. A través de ellas, 'Vivir la tierra' construye también un retrato especialmente duro de las mujeres de la comunidad, obligadas a vivir bajo unas normas sociales que dejan muy poco espacio para decidir sobre sus propias vidas.

Pero la película no se limita a hablar de la pobreza o de las dificultades de sus protagonistas. También observa cómo una comunidad entera convive con las heridas de su pasado. Los ancianos hablan de vecinos ejecutados cuyos restos todavía aparecen en tumbas sin nombre y recuerdan las consecuencias del Gran Salto. Son fantasmas de una historia política que sigue presente, aunque la película prefiera sugerirla antes que explicarla.

Un mundo que no está preparado

La China moderna apenas existe en la aldea, pero empieza a verse desde en la distancia. Los padres de Chuang se marchan a Shenzhen buscando una vida mejor, mientras otros habitantes hacen lo mismo y terminan regresando. Más adelante, una pareja recién casada viaja a la ciudad de luna de miel y unos buscadores de petróleo llegan a los campos para comprobar si bajo las tierras agrícolas hay recursos que explotar.

Es ahí donde 'Vivir la tierra' adquiere una dimensión especialmente interesante: porque el progreso que se acerca no necesariamente significa una vida mejor para quienes llevan generaciones trabajando esas tierras. Mientras algunos aldeanos sueñan con hacerse ricos, otros temen qué ocurrirá con sus cosechas si las excavaciones destruyen los campos. De hecho, la película termina dejándonos una sensación de incertidumbre, pero también de resistencia: puede que el mundo que conocen esté a punto de desaparecer, pero sus habitantes llevan demasiado tiempo sobreviviendo como para rendirse ahora.

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