
¿Para qué volver a ver exactamente lo mismo eliminando el factor interactivo?
Ha llovido mucho —tal vez demasiado— desde que Rocky Morton y Annabel Jankel nos brindaron la considerada como primera adaptación de un videojuego a la gran pantalla con la infame 'Super Mario Bros.' de 1993. Desde entonces, Hollywood ha estado exprimiendo este filón de propiedades intelectuales reinterpretando infinidad de obras interactivas en la gran pantalla para encontrarse una y otra vez, salvo en contadas excepciones, con los mismos problemas.
Lejos de entrar en la complejidad de llevar dinámicas narrativas en las que el espectador —o jugador en este caso— tiene una implicación activa a un medio pasivo, algo ya comentado hasta la saciedad, se me antoja mucho más interesante dirigir la atención hacia un factor que podría ser mucho más determinante a la hora de moldear un largometraje medianamente satisfactorio: equilibrar la búsqueda de la esencia de los originales con la siempre necesaria libertad creativa.
Con los zombis hemos topado
Como suele ocurrir con las traslaciones entre medios de material proveniente de propiedades intelectuales, el fandom del mundo del videojuego suele mostrar un especial recelo, a mi juicio excesivo, a que directores y guionistas decidan desviarse de la base para ofrecer una experiencia complementaria al mismo en el cine o la televisión. Pues bien; el caso de la nueva 'Resident Evil' ha vuelto a reabrir esta herida con tan solo la publicación de un tráiler.
En cosa de un par de minutos, Zach Cregger, responsable da la fantásica y desquiciada —en el mejor sentido de la palabra— 'Weapons' nos ha presentado la que, probablemente, vaya a ser la adaptación de la saga de Capcom más libre y personal, huyendo de personajes conocidos y tramas conocidas de sobra por los parroquianos para centrarse en intentar capturar las sensaciones que sentimos con el mando en las manos en una historia original.
Por supuesto, esto ha desatado infinidad de críticas y comentarios que invitan a Sony a retitular el largometraje sin hacer mención a 'Resident Evil' y lo desvinculan inmediatamente de la franquicia creada por Shinji Mikami. Pero frente a estos exabruptos, lanzo la siguiente pregunta: ¿Para qué ver las mismas tramas por enésima vez sin el aliciente de la interactividad cuando podemos explorar el universo de los videojuegos desde un ángulo inédito hasta la fecha?
Personalmente, conozco lo suficiente las historias de Leon, Claire, Chris, Jill, Wesker y compañía como para que la simple idea de revisitarlas en una sala de cine me produzca una pereza considerable. Comprendo que para neófitos en la extensa narrativa de 'Biohazard' pueda resultar atractivo, pero viniendo las quejas de presuntos fans, me cuesta comprender los motivos que les llevan a querer más de lo mismo, aunque tengo un par de idas que podrían explicarlo hasta cierto punto.
Uno de ellos es la devoción exacerbada hacia una saga que, dentro sus muchas virtudes, no destaca precisamente por su narrativa, en la que el encantador aroma a serie B suele ir acompañado de personajes infradesarrollados y requiebros argumentales poco consistentes —el giro de laboratorios secretos a punto de explotar se ha terminado convirtiendo en poco menos que un meme—. No obstante, el segundo, que alude directamente a una tendencia cada vez más clara dentro del público actual, parece mucho más convincente.
Este no es otro que la reticencia a sorpresa de buena parte de un respetable que se niega a meterse en una sala de cine sin tener claro cristalino a qué se va a enfrentar. En tiempos en los que los tráilers sobreexplicativos, las campañas promocionales extremadamente reveladoras y los spoilers lanzados a discreción por los propios estudios son poco menos que un seguro de vida, la perspectiva de enfrentarse a un calco que ya conoces parece aportar una tranquilidad extra que los aficionados parecen valorar con especial intensidad.
En lo que a mí respecta, pocas cosas me gustan más que ver cómo un cineasta abraza una obra ajena y proyecta sobre ella sus filias, fobias e intereses con plena libertad y originalidad. Es precisamente por esto por lo que no puedo esperar a sentarme en mi butaca y dejarme avasallar por un Zach Cregger que parece haber puesto patas arriba una de las franquicias que vieron nacer mi pasión por el mundo del videojuego.
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