Azcona sigue revelándose no solo como el guionista más importante de la historia del cine español, sino como el más moderno
Ya nadie discute que Rafael Azcona es el guionista más importante de la historia del cine español. Su mano no solo se deja notar en películas esenciales, a menudo en colaboración con nuestro director de comedia también más legendario, Luis García Berlanga, sino que su sentido del humor y su fino sentido de la observación se desplegó a lo largo de medio siglo de carrera que le llevó a colaborar con gente como Marco Ferreri, Pedro Masó, José Luis García Sánchez o Fernando Trueba, entre muchos otros nombres clave.
A menudo centrado en la comedia debido sobre todo a su abundante producción junto a Berlanga, cultivó también otros géneros, aunque siempre tiñéndolos de acidez no carente de ternura. Es el guionista con más premios Goya y nominaciones al mismo, escribió películas por no poder ganarse la vida escribiendo novelas (aunque su producción literaria es abundantísima, a menudo bajo seudónimo) y falleció hace ahora 18 años, el 24 de marzo de 2008.
Azcona, con su aguda e intemporal visión de la sociedad española, también es imbatiblemente moderno. Hasta en las cuestiones más peregrinas. Lo demostró hace muy poco MrInsustancial con un hilo en su cuenta de "X" que demostraba hasta qué punto Azcona estaba adelantado a su tiempo. Para ello se situaba en 1974 y en su guión para una de las películas más infravaloradas de Berlanga, la perturbadora 'Tamaño natural'.
En ella, Michel Piccoli interpreta a un dentista que posee una muñeca de increíble realismo que trata como una mujer. Azcona sugirió que lo que más apreciaba su personaje de esa mujer imposiblemente idealizada era su eterno silencio.
El guión fue muy criticado en su día por machista, pero en realidad Azcona se había documentado para escribirlo consultando teorías feministas, en concreto 'Parole de femme' de Annie Leclerc y su percepción del lenguaje a la hora de definir a las mujeres.
Esta pequeña anécdota ilustra hasta qué punto Azcona era algo más que un ojo clínico de los entornos y una pluma privilegiada para escribir diálogos afilados. También era un hombre atento a las teorías y movimientos de su entorno (sobre todo a los afines a su visión ácrata pero compasiva del mundo), y eso le dotó de una modernidad envidiable. Por eso 'El pisito', 'Plácido' o 'La escopeta nacional' resultan hoy tan afiladas y pertinentes como en su día.
Traumitas burgueses
Y esta modernidad se da desde el principio mismo de su carrera. El primer guión de Rafael Azcona, basado en una novela propia y dirigido por Marco Ferreri, 'El pisito', es un análisis clínico de las patéticas ansias de trascendencia de una pareja española de los cincuenta, paradigmática de los años en los que se salía del Subdesarrollo.
Mary Carrillo y José Luis López Vázquez, novios desde hace 12 años, no pueden casarse por no tener dinero para adquirir una vivienda. La solución, puro humor negro azconiano: él se casará con una anciana para heredar en (esperan) poco tiempo, la casa que ésta tiene en propiedad.
Dejando aparte el tema de la dificultad de conseguir vivienda, que como sabemos está de eterna actualidad, tenemos aquí una crítica de la pareja que quiere establecerse para vivir una existencia sumida en la más absoluta de las cotidianeidades. El patetismo que rezuma ese ansia de mediocridad y medianía es satirizado por un Azcona que estaría encantado de echar un vistazo al mundo en el que vivimos, en el que la Normalidad y el Todos a una es celebrado casi de forma política.
La visión de Azcona se vuelve más despiadada (y actual) según su objetivo va ascendiendo de status, y se fija en los ricos y los poderosos. Junto a Berlanga llevó a cabo una sistemática, tronchante y esperpéntica escabechina contra aquellos que toman decisiones por nosotros, y que se reflejó desde tiempos tan tempranos como 'Plácido', su primera colaboración en 1961, y una de las más memorables.
En ella, a raíz de la campaña franquista "Siente un pobre en su mesa", se satiriza la condescendencia de los ricos hacia los pobres y el turbio pantano moral de la caridad que se hace para lavar nuestras conciencias. Suena a que no hemos cambiado, sobre todo si te das un paseo por unas cuantas cuentas de Instagram de famosos, ¿verdad?
Sin embargo, el combo de películas que un mayor reflejo tiene en la actualidad, sin embargo, es la trilogía de 'La Escopeta Nacional', con una simpática coda de la infravalorada pero brutal y actualísima 'Moros y cristianos' (1987), última colaboración de Berlanga y Azcona.
El retrato que hace de la clase política y la nobleza de tres al cuarto que pulula por España no es ya que tenga un reflejo en lo que padecemos ahora, es que en muchos casos lo que allí era esperpento (luchas de poder miserables, braguetazos infames, posiciones políticas ultramontanas porque son beneficiosas en lo económico) se ha convertido en nuestro día a día. Nada que no veas, tal cual, en los informativos.
Por eso, ahora que la actualidad política se ha convertido en puro esperpento, ya no se sabe si Azcona resulta mas realista que nunca o si la realidad se ha tornado tragicómicamente azconiana. El delirio que rodeó el Procés (en todas las facciones, del ridículo no se salva nadie), el circo del Máster de Cifuentes (nada triangula mejor con el espíritu de Berlanga y Azcona que un politico de derechas comprando titulos porque puede y hace bonito), las orgullosas fanfarrias de corrupción levantina…
Rafael Azcona, por supuesto, es mucho mas que eso: sus colaboraciones con otro grande de nuestro cine, José Luis Cuerda, dio pie a títulos que hoy siguen desafiantemente jóvenes, como 'La lengua de las mariposas' o 'Los girasoles ciegos'. Y la etapa más meritoria de la filmografía de Fernando Trueba se debe a él, con 'Belle Epoque', 'La niña de tus ojos' o 'El año de las luces'.
Y justamente reconocidas son sus adaptaciones literarias, que actualizaron las propuestas de los originales sin banalizar su clasicismo, en películas tan recuperables como 'La celestina' o 'El bosque animado'.
La obra de Azcona es tan ingente que hasta nos hemos dejado en este repaso algunos títulos capitales. 'El verdugo' (1963), por ejemplo, aunque de tono marcadamente menos político y más costumbrista que otras colaboraciones posteriores con Berlanga, es una negrísima reflexión sobre el carácter genuinamente carroñero de España.
El mensaje de 'El verdugo', con el comercio de la muerte y el no respetarse ni a los difuntos, de tan moderno y valioso hoy, posiblemente no solo nos ha alcanzado, sino que nos ha adelantado. Y en estos tiempos de pieles finas por defecto (en todos los lados) habría sido recibida de forma mucho mas negativa que en su día. Lo dicho: Rafael Azcona, siempre moderno, siempre necesariamente molesto.
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