Un último estruendo y un giro inquietante
El final de '¡La novia!', la reinterpretación del mito de Frankenstein dirigida por Maggie Gyllenhaal, nos deja a los espectadores con una mezcla de esperanza y muchas preguntas. Después de dos horas de violencia, huida y un romance monstruoso ambientado en Estados Unidos durante los años treinta, la película culmina con un desenlace ambiguo para sus protagonistas: la Novia, interpretada por Jessie Buckley, y Frank, el antiguo monstruo de Frankenstein al que da vida Christian Bale.
Ojo, que a partir de aquí habrá spoilers de la película
Un relámpago y hace ¡pum!
Después de que ambos personajes acaben muertos tras un enfrentamiento con la policía en el laboratorio de la doctora Cornelia Euphronious (Annette Bening), todo parece indicar que la historia termina en tragedia. Sin embargo, la escena final introduce un giro inquietante: un relámpago ilumina el laboratorio y, sobre la mesa de operaciones, las manos de la Novia y Frank vuelven a moverse… y se agarran.
La propia directora ha explicado en Entertainment Weekly que ese final abierto no pretende ofrecer respuestas claras, sino invitar al espectador a reflexionar sobre la identidad, la memoria y la naturaleza del amor entre dos criaturas que nunca han encajado del todo en el mundo de los humanos.
La última parte de la película devuelve a la Novia a Chicago, donde intenta salvar a Frank tras ser abatido a tiros en un autocine. Desesperada, pide ayuda a su creadora, la doctora Euphronious, para reanimarlo. Sin embargo, el enfrentamiento con la policía termina en tragedia cuando la propia Novia muere también por los disparos, dejando al científico frente a dos cuerpos sin vida.
Aun así, el final introduce una posibilidad inesperada. Tras ordenar que la policía abandone el laboratorio, la recién ascendida detective Myrna Malloy (Penélope Cruz) concede a Euphronious el tiempo necesario para actuar. Poco después, un relámpago ilumina el laboratorio y la escena final muestra a Frank y la Novia moviendo las manos y entrelazándolas, insinuando que el experimento ha vuelto a funcionar.
La propia Gyllenhaal ha explicado el sentido de ese gesto final:
"La Dra. Euphronius hace algo radical para cerrar la película. Hace algo iconoclasta, radical, a contracorriente. No debería, y lo hace de todos modos. Y eso es lo que cierra la película, ¿no?"
Pero la directora también advierte de que ese posible renacimiento no garantiza un final feliz. Según la lógica de la historia, la Novia perdió sus recuerdos tras su primera resurrección al inicio de la película, lo que significa que si ambos vuelven a la vida podrían no recordar quiénes eran ni el amor que compartían.
"Es algo que todos deben esperar. Me encantó estar en su historia de amor. Me encantó su desobediencia y su lado punk, y aprendí mucho de su amor. Aprendí mucho sobre cuánto se puede vivir, amar y contener las partes más monstruosas del otro. Siento que hay algo que vuelve a la vida por su amor, que es más grande que ambos, en cierto modo"
Para Gyllenhaal, lo verdaderamente importante del final no es tanto el destino de la pareja como el gesto colectivo que lo hace posible y la alianza entre varias mujeres -Mary Shelley, Myrna, Greta y la propia doctora Euphronious- que deciden devolver la vida a la Novia. Un cierre simbólico que conecta con el espíritu de la película y con la idea de reconstruir un mito clásico desde otra mirada diferente.
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