"Parecían infelices". Una guionista de 'Friends' afirma que los actores torpedeaban chistes deliberadamente y gritaban cuando algo no les gustaba

Después de leer a Patty Lin se nos ha quedado la cara como Chandler Bing intentando sonreír

La séptima temporada de 'Friends' fue la primera vez que a la sitcom se le podían notar las imperfecciones. Y ojalá otras series llegaran a su momento de declive con episodios como el del armadillo navideño, la sonrisa falsa de Chandler, el petate, el esmoquin de James Bond o las siestas de Joey y Ross. Pero lo cierto es que la bajada de calidad no fue solo cosa del espectador: en el rodaje la situación era aún peor.

No tan friends

Es lo que afirma Patty Lin, productora y guionista de 'Breaking Bad' y 'Mujeres desesperadas' que al inicio de su carrera tuvo, después de participar en la estupenda 'Freaks and geeks', una oportunidad en 'Friends'. Y según cuenta en su autobiografía 'End Credits: How I Broke Up With Hollywood', la situación era muy distinta a la concordia que nos han querido vender a lo largo de los años.

Los actores parecían infelices de estar atados a un show ya viejo y gastado cuando podrían estar haciendo otras cosas, y sentía que estaban preguntándose todo el rato cómo podía cada guion servirles a ellos específicamente. Sabían cómo sacar una carcajada, pero si no les gustaba un chiste parecía que lo bombardeaban deliberadamente, sabiendo que lo reescribiríamos. Docenas de buenos chistes se borraron porque uno de ellos lo murmulló con la boca llena de bacon.

Lin añade que los actores expresaban sus opiniones vociferando, y que "raramente tenían algo positivo que decir, y cuando traían problemas, no sugerían posibles soluciones. Se veían como guardianes de sus personajes, y normalmente decían que estos nunca harían o dirían algo. Ocasionalmente ayudaba, pero normalmente esas sesiones eran agresivas y no tenían la ligereza que esperarías de una sitcom".

Y la cosa no era mucho mejor en la sala de guionistas: "Era exclusivista, mucho más que cualquier otra serie en la que haya trabajado. Me recordaban a los niños ricos de mi instituto que compraban en Abercrombie & Fitch y conducían coches nuevos". Lin fue la única persona no blanca en aquella temporada, y sintió que no sabía si estaba ahí por buena o por el programa de diversidad. Al final, nadie la llamó para la temporada 8, algo que, en el fondo, fue un alivio.

"No más reescrituras nocturnas, no más propuestas de bromas con ansiedad, no más sentirse como un pringado en la mesa de los niños populares". Suena de todo menos divertido, la verdad.

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