La cinta se vio envuelta en una gran controversia por ello
En la era en la que aún se daba eso de estrenar comedias macarras con relativa regularidad, Sony apostó por '30 minutos o menos', una película protagonizada por Jesse Eisenberg y Aziz Ansari y de premisa bastante marciana. Eisenberg interpretaba a Nick, un repartidor de pizza que se ve envuelto en un desesperado robo en contra de su voluntad después de que un par de desconocidos le secuestren y le coloquen un chaleco bomba.
En su estreno en 2011 la cinta tuvo un paso discreto por la taquilla, recaudando 41 millones de dólares internacionalmente de un presupuesto de 28 millones. La comedia tampoco convenció a la crítica, que por lo general creía que era un tambaleo por parte de Ruben Fleischer después de una más sólida 'Bienvenidos a Zombieland'. Si dejó impresión en algunos era porque su historia resultaba familiar, y no para bien.
El funesto destino de Brian Wells
El caso de Brian Wells data de 2003. Wells, un repartidor de pizzería de 46 años originario de Pensilvania, entraba un día en un banco con un bastón en la mano, un extraño bulto en el cuello y una nota que le dio a uno de los empleados. En ella instaba a que abriesen la caja fuerte y le diesen 250.000 dólares."Tienes 15 minutos", terminaba, levantándose la camiseta y mostrando un aparato atado al cuello que parecía una bomba. Wells no consiguió hacerse con la cantidad que pedía ya que no podían abrir la caja fuerte, pero sí logró llevarse 8.702 dólares en metálico en una bolsa y salir a la calle. Apenas 15 minutos después, se topó con la policía y fue detenido.
Fue aquí cuando Wells contó su lado de la historia. Tres hombres negros le habían secuestrado, le habían colocado una bomba en el cuello, le habían dado una escopeta casera en forma de bastón y le habían obligado a hacer el robo. La policía despejó la zona y llamó a la brigada antiexplosivos, pero no pasaron ni 10 minutos después de su arresto cuando el dispositivo en su cuello comenzó a hacer un pitido acelerado y detonó, creando un agujero en el pecho de Wells y matándolo al instante.
El caso fue considerado por la prensa del momento "uno de los casos más complicados y bizarros en los anales del FBI". La muerte de Wells comenzó una investigación que reveló giros inesperados, como el hecho de que Wells nunca fue la víctima que afirmaba ser, sino partícipe activo del complot, y que probablemente había sido engañado con una bomba real cuando esperaba que fuera falsa. De los tres colaboradores, uno había muerto por aparente suicidio, pero las pesquisas del FBI también indicaban que habría sido asesinado por los otros dos.
No es precisamente el tipo de historia que uno lee en las noticias y le anima a hacer una comedia gamberra, y durante todo el periodo de promoción Fleischer se mostró bastante a la defensiva con ello. La postura oficial de Sony siempre fue negar las conexiones con la historia real pese a las innegables similitudes entre ambas. Los guionistas la defendían como una historia original y afirmaban que el caso real solo "les sonaba", y Fleischer alegaba que la cinta no era oscura y en realidad estaba pensada para el gran público. Desde luego prefirieron quedarse con el tono de comedia negra, con un desenlace mucho más amable para Eisenberg que el que vivió Wells.
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