Lo mejor no es el final, son los amigos que hacemos por el camino
La última película de Oliver Laxe no te lleva de la mano, sino que te deja en medio del desierto emocional para que encuentres tu propio camino. Después de un viaje físico extremo por paisajes áridos y cuerpos agotados, 'Sirat' desemboca en un cierre que no ofrece respuestas cerradas ni un alivio fácil.
Laxe vuelve a apostar por un cine espiritual sin dogmas, donde lo importante no es tanto qué pasa sino qué cambia dentro de sus personajes. El final de 'Sirat' es deliberadamente abierto, casi áspero, y por eso mismo invita a ser visto como una experiencia más que como un desenlace tradicional.
El camino como prueba
La última secuencia no funciona como una conclusión narrativa clásica, sino como un punto de suspensión. No hay una resolución clara de los conflictos en términos de victoria, derrota o aprendizaje explícito. Laxe corta el relato cuando el viaje interior de los personajes llega a su límite, no al final del camino, sino en un momento en el que ya no se puede seguir. Es un cierre que incomoda porque no recompensa al espectador dándole certezas.
En cambio, 'Sirat' alude al puente que, en la tradición islámica, separa el mundo terrenal del más allá: un paso frágil, estrecho, peligroso. El final conecta directamente con esa idea simbólica. No importa tanto si los personajes llegan o no a un destino concreto, sino que han atravesado algo que los ha puesto frente a su propia vulnerabilidad. El desenlace sugiere que el verdadero camino no es geográfico, sino más bien espiritual.
El tramo final del filme -donde vemos a los personajes embarcarse en un nuevo viaje- condensa todo el desgaste acumulado: físico, emocional y moral. El viaje deja de ser una búsqueda exterior para convertirse en un espejo incómodo. El final no redime a los personajes y lo que queda es la constatación de que no se puede cruzar el desierto sin perder algo por el camino.
Además, en todo el trayecto, el paisaje no es un decorado, sino una presencia activa que nos interpela desde la inmensidad, el silencio y la hostilidad. Todo esto subraya la pequeñez de los personajes y la futilidad de intentar dominar lo que no se entiende. Y el cierre refuerza esa idea de que la naturaleza no ofrece consuelo ni castigo, solo impone su lógica, y que esta es indiferente a las motivaciones humanas.
Al final, Laxe no pretende que el espectador salga de ver su película con una lectura única del desenlace. El cierre de 'Sirat' funciona como una invitación a la interpretación donde todas pueden convivir. La película termina cuando los personajes llegan a un límite, y a partir de ahí la experiencia pasa a ser del espectador. No hay una moraleja clara, solo la sensación de haber cruzado una frontera.
En Espinof | "Esto no es de cama". Paul Thomas Anderson se quitó el pijama para ver 'Sirat' en condiciones
Ver todos los comentarios en https://www.espinof.com
VER 6 Comentarios