
Leonardo DiCaprio y Kate Winslet no tienen ni idea de que una revista española usó sus caras sin ningún tipo de derecho de autor
Cuando 'Titanic' se convirtió en la película más exitosa de la historia, todo fueron alegrías en Paramount: los millones no dejaban de entrar, James Cameron había hecho su gran obra maestra y, además, se llevó 11 Óscars, batiendo otro récord más. Solo había un problema: era absolutamente imposible hacer una secuela. No es que otras distribuidoras con aún menos talento que vergüenza no lo intentaran, claro: ahí tenemos 'Titanic 2' de The Asylum, la animada 'Titanic: La leyenda continúa' o la supuestamente terrorífica 'Titanic 666'. Por intentarlo, que no quede.
Sin embargo, ninguna pudo conseguir lo esencial para que la historia funcionase: el retorno de Jack y Rose. Por lo que sea, vaya. Sin embargo, antes de que los fanfics llenaran Internet de teorías e historias alternativas, la revista SuperPop se sacó de la manga una historia de 62 páginas (con dibujos incluidos) que contaba su continuación de la película aprovechando que, por aquel entonces, acababa de salir en VHS en España. El resultado es 'La historia de Jack y Rose: Así continúa Titanic', está escrita por un escritor fantasma y, obviamente, se inicia con el descubrimiento de que Jack sigue vivo. De ahí, para arriba.
Titanic 2: La venganza
Lo cierto, todo hay que reconocerlo, es que la novelita está sorprendentemente bien escrita. Sí, no pasa del bolsilibro romántico de gasolinera, pero es mejor de lo que cualquiera podría esperar de un regalo de la SuperPop aprovechando a la desesperada el éxito de una película. Hay que tener en cuenta que por aquel entonces las portadas de la revista se alternaban entre Leonardo DiCaprio y los BackStreet Boys, con números especiales dedicados en exclusiva a 'Titanic', así que este regalo era lógico (y muy lucrativo).
La cosa empieza con Rose llegando a puerto tras ser salvada del Titanic, y dando un nuevo nombre a la entrada: el de Rose Dawson. Al fin y al cabo, "Rose Dewitt Bukater acababa de morir", tal y como afirma el narrador. Las primeras páginas, básicamente, nos resumen el final de la película, con un epílogo de lo más lacrimógeno: "Jack dormiría eternamente entre los sueños de Rose. Y ella ya solo podía desearle buenas noches. Buenas noches, amor mío. Te quiero. Te quiero. Adiós...". ¡Pero esta no es solo la historia de Rose! ¡Oh, sorpresa de sorpresas, como si esto fuera la postcréditos de una película de Marvel, descubrimos que Jack sigue vivo! ¿Pero cómo es posible?
Fue un milagro que lo encontraran. Según le habían contado, uno de los botes que acudió a rescatar a los pasajeros chocó contra su cuerpo y a uno de los marineros le pareció que estaba vivo.
Y ya estaría. Así, el personaje de DiCaprio está vivo, pero en un coma profundo. De hecho, como nadie sabe su nombre real, en el hospital le han llamado Tom Collins, de quien destacan su pelo rubio y sus ojos azules (como diciendo "claramente es DiCaprio, imaginároslo"). Como dato curioso, a ese mismo hospital había ido Rose unos meses antes a pedir trabajo, pero como no le podían pagar se marchó lejos, empezando así un juego del ratón y el gato que nos perseguirá hasta el final de esta secuela.
Titanic Wars
En todo caso, justo después pegamos un salto temporal hasta la I Guerra Mundial, que a Rose pilla trabajando en un orfanato mientras sigue pensando en el Titanic y en ese lío que tuvo durante un par de semanas: "Su tiempo con Jack seguía intacto: cada instante de felicidad que había pasado junto a él latía dentro de su corazón como si acabara de ocurrir". En todo caso, Rose decide alistarse e ir a servir como enfermera a París, usando como excusa las palabras de Jack: "Prométeme que no te rendirás". Las repite unas diez veces a lo largo del texto, para que no nos perdamos.
Poco imagina Rose que Jack, en otro lado del mundo, está abriendo los ojos, totalmente vivo y sin más secuelas neuronales de su coma de dos años y medio que una amnesia absoluta. Ya es mala suerte. Como sabemos todos los que hemos tenido a un familiar en coma que ha despertado, lo más normal es ponerse de pie inmediatamente y estar activo, como si no hubiera pasado nada, así que Jack coge un billete a Southampton, el lugar del que partió el Titanic, para descubrir quién es, afirmando que "quizá era el rey del mundo y no lo sabía". Guiño, guiño.
Nadie le recuerda en la ciudad, pero entonces, de pura casualidad, ve en una tienda un retrato a carboncillo de una mujer desnuda, y alguna conexión se activa en su cabeza. "No reconocía a la mujer, pero si el dibujo. Algo en su interior le decía que era suyo". Pues qué más necesitas. En una esquina del cuadro ve escritas sus iniciales junto con un lugar: "J.D. Montmartre, París 1911", y, claro, el muchacho se marcha a París para ver si descubre algo. Se ve que Ryanair estaba de oferta en esos días, porque no paran de ir de un sitio a otro.
Jack in Paris
Como si esto fuera 'Emily en París', nada más poner un pie en la ciudad se encuentra con un amigo, que le reconoce inmediatamente: "¡Jack! ¡Mon dieu! ¡Jack Dawson!". Es uno de estos personajes que pone una palabra en francés en medio de cada frase para que se note que es francés, y se hace llamar "Pierre, el loco de Pierre". No, no te preocupes, no te perdiste nada en a película: este es un personaje totalmente nuevo que sirve como recurso argumental que le desvela todo sobre su pasado, al menos hasta el momento de irse de París. "Que yo sepa, ninguna mujer logró robarte el coeur, amigo". Lo que os digo de meter una frase en francés. Oh là là, sacre bleu.
Jack se va a vivir con él y a ganar la vida dibujando a mujeres desnudas. Pero incluso viéndolas así no puede prendarse de ellas, porque "sentía dentro de él una carga de amor inmensa que, como un baúl abandonado, flotaba a la deriva por las aguas de su memoria". Y mientras, ¿qué está haciendo su amor perdido en el océano? Pues, como habían mencionado unas páginas antes, trabajando de enfermera durante la guerra.
Pero claro, le cuesta. No solo porque no tiene estudios de enfermería, sino porque en la cara de cada muerto ve la de Jack hundiéndose. Se recupera pronto, eso sí, cuando el simpático capitán Vincent DeRouche, uno de los enfermos, la invita a cenar como amigos, guiño, guiño. Ella acepta para olvidarse de la muerte y el dolor, y poco a poco siguen saliendo... pero Rose no puede corresponder su amor, porque solo siente por él una profunda amistad. ¡Todos hemos estado ahí, amigo!
Pese a todo, cuando le rechaza, el capitán insiste en casarse con ella y hacerla feliz y ofrecerle un futuro. Así, la noche que anuncia su compromiso públicamente, se pone el diamante en el cuello, con el que Jack la dibujó. "Tenía que llevarlo por Jack, se lo debía. Los demás no lo entenderían, pero ella, y esa noche más que nunca, necesitaba sentir sobre su pecho la mirada de Jack". Nunca imaginaréis lo que pasará poco después.
Hay un amor para ti
Mientras todo este amor se fragua, en otra parte el mundo la madre de Rose, Ruth, trabaja de costurera, desprovista de las fiestas de sociedad en las que antes andaba y, literalmente, esperando a la muerte y creyendo que su hija se ahogó en el naufragio. Poco imagina que al abrir el periódico se encontrará con su hija en primera plana, a punto de casarse con otro hombre (porque, aparentemente, una boda en París es tan importante que la foto da la vuelta al mundo).
Inmediatamente pone rumbo a París para pedir perdón a Rose, gracias al dinero de Molly, la amiga de su hija (por el camino también se encuentra con su ex-prometido, pero es aún más salvaje que en la película). No hay mucho más giro en esta subtrama: cuando llegan a París Ruth pide perdón a Rose, y ella la perdona de inmediato. "Realmente, el Titanic les había cambiado a todos", sentencian, como señalando al lector y recordándole de dónde viene todo esto.
Rose está en París, Jack también, y solo quedan dos capítulos para terminar la novelita, así que un truquito argumental hace que Jack también vea en el periódico a Rose, lo recuerde todo y decida correr a la iglesia, porque casualmente se casa ese mismo día a las tres de la tarde: "Podía oírla, sentirla, tocarla, oír su respiración con solo cerrar los ojos. Podía desearla. ¡Podía amarla desde lo más profundo de su alma!". Como si esto fuera (ejem) un folletín romántico muy básico, en el mismo instante en el que el cura anuncia "Si alguien tiene algún motivo para que esta boda no se celebre", Jack entra por la puerta principal y la muchacha, ante el shock, cae al suelo perdiendo el sentido.
100 años juntos
La cosa acaba bien, no os preocupéis: ella se despierta, se sorprende de que esté vivo, los dos lloran, se dicen todo tipo de pasteladas, se besan con todo el alma, "casi con dolor, casi hasta morir de deseo", y el capitán se marcha de la ceremonia, sabiéndose vencido diciendo adiós con la mirada a Rose. Eso sí, ni siquiera él acaba triste en esta historia: "Se alegró de haber sido testigo de su reencuentro: era la prueba absoluta de que el amor eterno existía". Solo le falta decir que mejor así, que, total, quién quiere casarse. Ambos se van por las calles de París, contándose su vida, y se besan una vez más para terminar esta bella secuela. "Quería verla. A ella y solo a ella. Cada día, cada noche, durante el resto de su vida". ¡Pero no os vayáis! ¡Aún queda el final!
En el epílogo, Jack y Rose son abuelos, tienen más de 100 años, y el New York Times quiere hacer un artículo sobre la obra pictórica de él, que se ha convertido en todo un artista. Jack es ahora "un anciano vestido con gorra y tirantes murmura maldiciones sin sacarse la pipa de la boca", pero ella sigue enamoradísima de él. Tanto, que confiesa que ha vuelto a soñar con el Titanic, pero en ese sueño Jack moría. "Lo importante no es que yo viva o muera en el sueño. Lo importante es que nuestro amor empezó allí... Y durará eternamente". Al final, "los dos saben, desde el precioso instante en el que se conocieron, que el amor que los unió es más fuerte que la muerte". Punto y final, con la esperanza de que James Cameron nunca sepa lo que España le hizo a su obra.
¿Es buena 'La historia de Jack y Rose: Así continúa Titanic'? A ver. No. Es hija de su época, con una narrativa coherente pero que no aporta absolutamente nada a las fantasías de cualquier adolescente de finales de los 90. Es más: seguramente en Wattpad hay ficciones mejores mejor llevadas que esta, pero esta tiene ese regustillo a kiosco, a final de década, a inocencia, a comerse cualquier cosa y soñar con que fuera oficial. A, en definitiva, la magia de la SuperPop.
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