Bad Bunny nos ha dejado una de las actuaciones más icónicas de los últimos años
La Super Bowl no solo es un espectáculo deportivo, en los últimos años también se ha convertido cada vez más en un gran escaparate para el mundo del entretenimiento con tráilers, apariciones de estrellas... Y el número musical, claro. Este año el encargado de alegrarnos el intermedio fue Bad Bunny, que aprovechó para reivindicar su identidad como portorriqueño en uno de los espectáculos televisivos más vistos de Estados Unidos.
Con la Casita a cuestas
La actuación de Bad Bunny fue una declaración de intenciones ideal y directa, teniendo en cuenta los tiempos que corren y más todavía con como está el patio político en Estados Unidos. Su actuación fue una celebración de su herencia y cultura portorriqueña, con una ristra de celebrities latinas en las que se incluían Pedro Pascal y Jessica Alba para ponerle la guinda al pastel.
Uno de los detalles claros de esta reivindicación de su identidad es La Casita, una casa rosa que acompaña a Bad Bunny en sus actuaciones y que no se trata tan solo de un escenario. Sí, durante la Super Bowl y otros eventos se trata del lugar en el que sus colegas se juntan para ver sus actuaciones y echar el rato juntos, pero también es mucho más que eso.
En realidad esta casa rosa tiene mucho significado: se trata de una réplica de un tipo de construcciones muy típicas de Puerto Rico, y además fue construida por diseñadores locales. Este tipo de casas son conocidas por su techo plano y colores sencillos pero muy vibrantes, que contrastan entre sí y dan un aspecto muy alegre a los barrios, y se ha convertido en una pieza clave en los conciertos del cantante.
Bad Bunny ha estado usando La Casita como un elemento más de la escenografía de sus conciertos, y a menudo también la utiliza para los temas más íntimos, invitando a un espacio cercano y familiar, como si nos permitiera entrar en su propia casa. El año pasado le acompañó durante 31 conciertos tan solo en Puerto Rico, y ahora también La Casita va a ver mundo porque viajará con Bad Bunny por todo el globo en su próxima gira.
Pero tras semanas acompañando al cantante en su gira se ha convertido en mucho más: un símbolo para los migrantes latinos que reconoce y celebra la arquitectura portorriqueña. Es un pequeño rincón en el que Bad Bunny crea y une a su comunidad y a sus amigos, y a pesar de que en sus conciertos nada es al tuntún, que nos invite a pasar a La Casita es como si nos abriera la puerta a la casa de un familiar con una cercanía casi inusual. Porque aunque Bad Bunny deje Puerto Rico, Puerto Rico le sigue acompañando a todas partes y nunca está demasiado lejos.
Es un ejemplo perfecto de que Bad Bunny siempre tiene presente su identidad y su hogar allá donde vaya, sin complejos y enarbolando su bandera con muchísimo orgullo. Con la casa a cuestas a todas partes, el lugar ideal para reunir a los suyos y celebrar Puerto Rico, aunque sea en mitad de un concierto.
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