
La película con Austin Abrams es un relato de supervivencia que bien podría haber tenido lugar en un buque submarino
Es más satisfactorio hablar de películas que rompen moldes y plantean posibilidades interesantes, pero hay también algo gratificante en una película de Hollywood que tiene lecciones aprendidas y sigue claves de una fórmula que ha sobrevivido décadas. Sencillez no siempre es sinónimo de simple, y hay géneros que lo desarrollan a conciencia.
‘Whalefall’ no quiere ser enteramente una película de fórmula, porque para ello trata de introducir una historia paternofilial que hable del trauma y la masculinidad tóxica. Sin embargo, su eje principal sigue siendo el de una película de aventuras y supervivencia, y es bastante entretenida en esa faceta. También porque se fija, más que en la lucha del personaje de Austin Abrams con un animal monstruoso, en situar a dicho personaje en un escenario de tensión.
Dicho de otro modo, es realmente una película de submarinos donde el buque se ha cambiado por un cachalote. Opera con esas reglas, y por ello funciona estupendamente, porque las películas de submarinos son fabulosas la mayoría de veces y tienen mecanismos en su fórmula que resisten variaciones. ‘Whalefall’ acaba siendo muestra de estos mecanismos.
La claustrofobia paradójica
El océano es un espacio inmenso e inabarcable para las criaturas que lo habitan, pero para los humanos no lo es porque no pueden respirar ahí abajo. Su única manera de poder estar en semejantes profundidades es con equipo de buceo, y para sobrevivir a la presión hace falta un vehículo perfectamente equipado. O, en el caso de ‘Whalefall’, estar ya dentro de una ballena.
Es lo que hace las películas de submarinos buenos ejercicios de suspense que te tienen atrapado: para toda la grandeza que hay alrededor, los protagonistas sólo pueden moverse en un espacio contenido que se va volviendo cada vez más claustrofóbico. El personaje de Abrams apenas puede moverse de las diferentes entrañas que componen el interior de su “vehículo”, creando un ambiente de presión al que hay que sobrevivir.
Tu entorno es tu rival y tu amigo
Por este ambiente de presión, tanto el escenario en el que se encuentra el protagonista de una película submarina como los que le rodean se vuelven elementos ambivalentes. La creciente tensión y la falta de libertad de movimientos hacen más frecuentes los choques entre personajes que discrepan, ya que no se puede realmente escapar de la situación.
Abrams no lidia con la camaradería humana porque es el único como tal dentro de la ballena, pero sí tiene que lidiar con otros animales ingeridos. En ciertos casos intentando pelear con ellos, en otros chocando pero luego valiéndose de ellos para poder avanzar en su supervivencia. Una película submarina sabe cuándo tiene que subvertir los choques entre humanos para avanzar hacia el objetivo común que tienen que cumplimentar en su embarcación.
Lucha contra el reloj
Al fin y al cabo, toda película submarina tiene una misión primordial, y a menudo un tiempo limitado para cumplimentarla. Es un subgénero enmarcado principalmente en el thriller porque hay una tensión que resolver en todo momento, hay recursos limitados que deben ser gestionados y los objetivos se enuncian siempre de manera clara. En el caso de ‘Whalefall’, su protagonista tiene que salir de la ballena antes de que se acabe su botella de oxígeno.
Ninguna de esas claves son especialmente elaboradas o sofisticadas, o al menos no lo parecen porque tenemos casi todo un siglo de películas de este estilo que nos han mostrado todo esto. Pero Brian Duffield coge lo bueno de todas ellas para vehicular un entretenimiento sólido al que luego incorpora una historia bastante humana. Parece todo tan simple, pero ‘Whalefall’ expone que a veces es todo lo que hace falta para hacer una buena película.
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