El año que viene tendremos 'La petanca del año 2', porque la tontería solo puede hacerse más grande
Los medios (y ahí también somos culpables) nos empeñamos, hace año y medio, en ver la llegada de 'La Revuelta' a TVE como una lucha sin cuartel entre formatos, en la que solo ganaría aquel que tuviera más audiencia. Y, tras unos primeros meses donde 'El Hormiguero' se tambaleó, todo volvió a su lugar rápidamente. Porque, al final, el programa de Pablo Motos es un talk show modélico que ha perfeccionado su escaleta y no deja nada a la improvisación, mientras que el de David Broncano no deja de ser una gigantesca broma privada entre amigos donde, de alguna manera, también incluyen a la audiencia. Y hay quien, desde fuera, no le ve maldita la gracia.
¡Pe-tan-ca!
A lo largo de los últimos meses, 'La Revuelta' se ha ido montando su propio imaginario propio, que exige mucha complicidad al espectador para entender gags extraños e imposibles llevados hasta el extremo, personajes pasados de rosca como Don Pimpón o el Hombre Mágico, entrevistas que apenas hacen caso al guion (ni al invitado) y números musicales más o menos alejados del mainstream donde, a veces, les da por montar una filigrana técnica. Es un programa hecho por cómicos a los que han dejado libertad, y se nota, porque su extraña pero consistente obsesión por llevar cada mamarrachada hasta el final no puede atraer público nuevo, pero sí asegurar al que ya tiene a base de una continuidad que da sus frutos.
El ejemplo más claro de esto tuvo lugar el pasado jueves, con 'La petanca del año', un concepto absolutamente marciano y surrealista: jugar a petanca durante dos horas en el prime time de TVE, con dos equipos que mezclaban famosos y profesionales del deporte en cuestión, y con un intermedio amenizado por Cervatana, uno de los grupos más inclasificables de nuestro país (que fue, todo sea dicho, espectacular). Es muy difícil que si alguien no está enterado de esta travesura que juega con los límites de lo aceptable en televisión se quede a ver a María del Monte tirando una bola de petanca desde el escenario de un teatro o a Miguel Ángel Muñoz hacer lo propio con una bola empanada y frita.
Y, sin embargo, fue un espectáculo cuidadísimo, como solo las bromas privadas pueden serlo: tuvo famosos, música, emoción, sorpresas, comentaristas y hasta anuncios de un pretendido espónsor (Resbaloff, para evitar un rebalón). Son esos amigos que se curran una jugarreta por todo lo alto solo para ver tu cara de sorpresa pensando que lo que estás viendo no puede ser verdad. Por supuesto que 'El Hormiguero' ganó en audiencia con la entrevista a Alaska. Lo raro sería que no lo hubiera hecho: el público general nunca apostará por marcianadas, y 'La petanca del año' es una de las mayores que se han visto en Televisión Española en toda su historia. No es poca cosa.
Sin trancas ni barrancas: petancas
'La Resistencia' nació como programa de nicho (era un late-late que iba después de 'Late Motiv' en Movistar Plus+), un experimento donde los cómicos podían hacer lo que les diera la gana en lugar de ceñirse a las normas básicas de lo que debería ser un programa normal. Con los años y el cambio de cadena, es inevitable que Broncano y los suyos se hayan girado más hacia el mainstream, especialmente con los invitados (cada vez más genéricos: ¿Os acordáis de cuando llevaron a la embajadora de Polonia?), pero han mantenido vivo el espíritu underground donde puede pasar cualquier cosa. La improvisación y la sorpresa son sus dos mayores armas, pero siendo conscientes de que solo con eso es imposible vencer a un programa que mide al dedillo todo lo que hace para gustar a cuanto más público mejor.
Aunque el equipo del programa aún destaque las (pocas) veces que supera a 'El Hormiguero', ese no es ya su objetivo, si es que lo fue alguna vez. Porque no puede. El programa de Pablo Motos permite que cualquiera se enganche en cualquier momento, porque todos los programas son, en el fondo, el mismo. 'La Revuelta' exige complicidad, atención y que juegues con ellos: al igual que sus invitados, unos entran en la tontería y otros no saben dónde meterse. A estas alturas, el programa de TVE es o tu lugar feliz, o un horror incomprensible, sin muchas medias tintas por el camino.
Una vez se ha disipado el polvo que dejó la polémica de aquel verano de 2024 entre acusaciones de obedecer al gobierno y de hacer un programa muy político, se ha visto la verdad: 'La Revuelta' es un programa difícil de definir y de defender ante quien busca una televisión seria y respetable, repleta de preguntas incisivas. Broncano no es Jesús Quintero (ni tiene intención de serlo) y 'La petanca del año' es, desde luego, el programa mimada y exigentemente cutre que 'El Hormiguero' jamás querría hacer. Con cada nuevo programa, 'La Revuelta' se convierte más en café para cafeteros. La pregunta es hasta dónde les durará la broma.
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