'La casa de papel': qué funciona y qué no en la temporada 4 del fenómeno de Netflix

Ya asentada la polvareda tras el estreno de la temporada 4 de ‘La casa de papel’ en Netflix, el recibimiento efusivo de todo en todo el mundo se empieza a medir con estadísticas gráficas y las propias listas de lo más visto y popular dentro de la plataforma. Hablábamos del fenómeno internacional que supone la serie española pero eso puede silenciar un poco las voces críticas que han surgido en el primer periodo de repercusión.

¿Ha estado a la altura la cuarta temporada? Para muchos les da exactamente lo que buscan de la misma, otros no han visto las expectativas cumplidas. Siempre ha habido un debate sobre si ‘La casa de papel’ es “tan buena” o no, siempre ha habido espectadores que no pueden abrazar su singular estilo hiperbólico y maniqueo, pero en cierta medida, eso se ha convertido en esencia de la serie. Fuera de esa diatriba, es positivo, para los que seguimos la serie, analizar qué ha funcionado mejor y peor en los nuevos ocho capítulos.

SPOILERS EN TODO EL TEXTO

Tokio y sus momentos de videoclip erótico

El personaje de Úrsula Corberó es el cordón umbilical de la serie con sus conexiones con el cine de Hollywood. Un estereotipo morboso de modelo de portada de revista masculina con pistola, mujer fatal con agallas, que intimida a hombres y mujeres por igual. No hay nada diferente con su personaje en esta ocasión, pero sí que es obvio que su unidimensionalidad acaba cargando un poco. Uno pierde la cuenta de las veces que dice “¿te pongo cachondo/a?” o ”¿estás cachondo/a?” y sí, resulta a veces un poco ridículo que no haya algo más detrás del personaje.

Sufre del síndrome del falso protagonista, la persona que se supone que sigues en la serie —un ejemplo, Piper en ‘Orange is the New Black’— que acaba siendo devorado por los secundarios, a menudo mucho más carismáticos gracias a sus debilidades o espontaneidad. Pero quizá el mayor problema con ella no sean los bailes eróticos —ese lado chusco, casi entrañable, ya es parte de la serie— sino en que Tokio no ha demostrado ser la persona estable, inteligente y de sangre fría que el líder del atraco debe tener. No tiene sentido que tome ella el mando.

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Ritmo frenético

Algo que no se le puede negar a la cuarta temporada es su ritmo. Es como una larga escena de tensión en una película extendida en casi ocho horas que vuelan. A menudo vemos series con grandes presupuestos, fotografía cinematográfica, actores de primer nivel, cuidado en los guiones y prestigio en cada poro. Pero estamos viendo que en muchas no hay material suficiente para completar una historia con cadencia cinematográfica de verdad, es decir, una urgencia que haga de la experiencia algo satisfactorio.

A veces, en las series parece que los personajes hablan lentos y se tardan en contestar, pero más que para establecer un tono, una atmósfera, parece un patrón que se sigue a causa de la necesidad de rellenar horas de las plataformas. ‘La casa de papel’ puede pecar de exceso de intensidad a cada minuto, pero en ese aspecto, su narrativa es casi la de un manga, irreal, exagerado, pero siempre hacia delante. Es una de las ficciones más entretenidas del año, por derecho propio.

El dilema Belén Cuesta

Belén Cuesta es una de las grandes actrices del panorama nacional, probablemente, ella sola sea lo que hizo que ‘La llamada’ (2017) funcionase como lo hizo, pero su papel en la temporada 3 despistó a muchos porque aparecía como figurante entre todos los rehenes. En aquella época ya iba siendo muy conocida, por lo que se sabía que tenía que jugar un papel más importante. Así, en la última temporada tiene ese protagonismo que muchos esperaban, pero ha acabado siendo el elemento más criticado en el lanzamiento.

El hecho de que Manila sea una mujer transexual ha tenido contestación por parte del colectivo LGTB, que consideran que un papel trans debe ser interpretado por alguien trans, por lo que las buenas intenciones de la actriz y la producción por hacer más visible al colectivo han recibido su “dosis de twitter”. Pero, más allá de la torpeza o no, la interpretación de Cuesta es más que competente y en el ámbito de la ficción es bastante creíble como personaje, otra cosa es que su rol dentro del atraco quede un poco desdibujado.

Hay una sensación de oportunidad perdida en la idea de un infiltrado entre los rehenes, porque básicamente no se ha construido antes. La escena de Denver y Moscú discutiendo sobre si debían meter a “Paquito” o no debería haberse presentado antes, el efecto de la sorpresa y la revelación en flashback del rehén topo habría tenido más entidad, incluso justificando más la elección de Cuesta para el juego del despiste. Tampoco se juega la baza como sorpresa o as bajo la manga del profesor para resolver las cosas cuando peor están.

Acción espectacular

El plan puede que no sea tan brillante, la resolución de los problemas no tienen tanto guante blanco, sino pólvora y metralla. El hecho de colocar a un John McClane real dentro del Banco de España genera un caos que se ve desde la otra barrera. No mola tanto cuando estás de parte de los atracadores, pero sí que genera una sensación de peligro constante que se resuelve con muchas secuencias de acción muy bien resueltas. El talento de los directores detrás de los episodios se nota y el tiroteo rodado por Koldo Serra deja ver cinefagia en cada fotograma.

El efecto autoremake

No hay nada como saber cuáles son tus fortalezas y defectos para tratar de perpetuarlos, por eso, en las dos últimas temporadas hay un efecto déjà vu respecto a la primera que recuerda a esas segundas partes, como ‘Terroríficamente muertos’ (Evil Dead 2, 1987), que en realidad son remakes más costosos, espectaculares y conscientes del éxito original.

La casa de papel’ se beneficia de esto, ofreciendo un espectáculo más hollywoodiense y con más de todo, desde acción a momentos de tensión y oscuridad, pero también deja notar ciertos patrones en la estructura se revelan más artificiales, llegando a ser demasiado evidente en la forma en la que Alicia Sierra descubre al profesor, una repetición del mismo proceso de encontrar las cintas de seguridad que dejan expuesto a Sergio. Es inevitable no pensar que tan meticuloso no será cuando tropieza dos veces en la misma cámara de seguridad.

Personajes que brillan

El truco final de Alicia sería más molesto si no estuviera interpretada por una Najwa Nimri espectacular, que compone ella sola un villano a la altura de la serie, una némesis tan peligrosa que realmente consigue poner en problemas a la banda. Su mezcla entre chulería e ironía es tremendamente efectiva en la boca de Nimri, que incluso sabe cómo hacer que la tragedia que esconde el personaje se transforme en una empatía de dos filos.

Otro descubrimiento es Estocolmo, que pasa a ser un miembro de la banda con más cabeza que la mayoría, consiguiendo al mismo tiempo una candidez humana retratada con sencillez por Esther Acebo. Denver también va construyéndose como impulsivo tierno cuyas dualidades se hacen fortalezas y resulta más entrañable en esta temporada. El lado negativo es que perdemos a Nairobi, probablemente el miembro que añadía más espontaneidad y personalidad a la serie.

Atajos de guion

La casa de papel’ sigue teniendo una entidad conjunta que hacer merecer su popularidad, pero sí que pueden encontrarse algunas costuras en los devenires del guion de los ocho capítulos del arco del atraco al Banco de España. Aunque tiene muchas frases y diálogos gloriosos, también hay monólogos cuestionables, como el del Maserati, existen muchos saltos de fe para llegar a ciertos puntos que no acaban de tener coherencia con la lógica de disciplina del grupo.

Las subidas y bajadas emocionales de algunos personajes acaban teniendo saltos de lógica que llevan a errores demasiado previsibles. El cambio de tornas de Palermo es relativamente creíble y está bajo sospecha por lo que se revela hacia el final, pero no se explica que Manila no lo detecte o no reaccione. En general hay pequeños detalles que dejan una mayor sensación de “vale todo” que, al fin y al cabo tiene que ver con la sensación de caos que viven los protagonistas.

El plan final

Aunque la razón de reintroducir a Lisboa dentro del banco nunca se justifique —ni tenga mucha lógica, a priori, salvo para sustituir a Nairobi en las fases finales del robo— el plan con el que es rescatada y reintroducida es por lo que vemos películas de golpes. Presentar el momento de la azotea para reconstruir todo lo que ha pasado hasta ese momento es digno de George Roy Hill. El plan es ingenioso, divertido y su ejecución cinematográfica, brillante. El hecho de poner a unos mineros asturianos disfrazados de jueces como parte del plan es lo que hace que ‘La casa de papel’ se haga querer.

El clímax sin final

El episodio 8 de la serie es genial, pero deja la conclusión del atraco al banco de España en un punto de cliffhanger demasiado abierto. No es que no sea un buen final, siempre el sabor de boca amargo hace que la serie tenga un punto oscuro muy de agradecer, pero rompe la regla no escrita establecida en las dos primeras temporadas.

Esto es, 16 episodios para narrar un solo atraco se perciben un poco arriesgados, ¿De verdad necesitarán 24 capítulos para completar el plan del Banco de España? Queda la duda si en la temporada 5 lo resolverán en dos episodios y se abrirán otras tramas, pero ocho horas más para un solo atraco es demasiado.

Lo que sigue funcionando, lo que habría que cambiar

Los flasbacks se han convertido en un sello de la serie y la vuelta de Berlín tiene una subtrama pasada que a priori parece que no es demasiado importante y sí lo acaba siendo cuando se revela cómo acaba su relación con Palermo, poniendo en cuestión las intenciones de un despechado lleno de odio hacia el profesor. También es muy interesante cómo va dando consejos desde el pasado sobre el peligro de Gandía o lo que puede ver en sus visitas al gobernador. Sin embargo, es difícil seguir estirando la presencia de Berlín en una nueva temporada.

Por otra parte, el formato de la serie, de atracos desde dentro que duran horas y horas necesita una revisión si la serie quiere seguir resultando fresca. No es fácil romper ese sello de identidad, pero nuevos escenarios y situaciones para la banda serán esenciales si no quiere caer en la monotonía. A este respecto, le sienta bien el formato antológico de distintos arcos por cada dos temporadas, pero el horizonte es brumoso sin un objetivo de largo plazo para los protagonistas y tras el fin de este atraco las posibilidades son muy amplias.

Las cosas que hacen especial a ‘La casa de papel’ son sus personajes, la cercanía de muchos de ellos, el uso de detalles costumbristas y castizos, como ese ejército introduciendo paellas, casi riéndose de los estereotipos españoles que recibirá la audiencia internacional. Lo que no ha perdido es su poder adictivo. Es casi imposible no querer ver todos los episodios del tirón, y sus 45-50 minutos suelen pasarse volando. Ese es el verdadero valor de una serie que deja ver el amor y la voluntad de sorprender y superarse de sus creadores, hoy por hoy, algo a valorar.

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