Cómo 'Ofrenda a la tormenta' confirma que la Trilogía del Baztán ha ido de más a menos en su apuesta por el thriller con folklore

El mundo del mercado literario se mueve cada vez más por modas y pulsos relativamente cortos. Las bases de los superventas siguen teniendo como público objetivo un lector o bien joven o muy maduro y muchos de los grandes éxitos vienen, independientemente de las temáticas, empaquetados en trilogías, que pueden ser de temáticas fantásticas o distópicas comoLos juegos del hambre’ o de grandes investigaciones criminales, como ‘La trilogía del Baztán’.

Con la llegada a Netflix de ‘Ofrenda a la tormenta’ se certifica que ese éxito en las estanterías tiene una conversión relativamente natural a las pantallas. Puede que tras Harry Potter, el último fenómeno literario de ventas que tuvo gran impacto en pantalla fue ‘El código Da Vinci’ y sus secuelas, que son, hoy por hoy, bastante hijas de su tiempo y dejan entrever una etapa concreta de las superventas: las gimkanas con pistas literarias, las conspiraciones y los puzzles históricos. Ahora lo que sigue de moda son los folkcrime, que han tenido una presencia televisiva enorme.

Zone Blanche’, ‘Pagan Peak’ o ‘El bosque’ nos dejan ver la presencia internacional de un estilo en el que predominan las investigaciones criminales con toques de mitología local, la presencia del bosque como espacio principal de conexión entre el misterio y los mitos y la presencia de un detective con profundas conexiones personales con el lugar en el que transcurre la acción. El primer ejemplo de la adaptación de esta moda a la mitología de la zona de Navarra fue la trilogía del Baztán, una serie de novelas de Dolores Redondo con bastante éxito editorial internacional.

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Puede que por su más de millón y medio de lectores, las novelas de Redondo hayan conseguido trasladar con éxito el fenómeno nórdico al lenguaje castellano y el proceso de serializado haya cuajado como la saga ‘Millenium’ o ‘Los casos del departamento Q’, y es que, no por casualidad, el productor alemán Peter Nadermann fue el impulsor de las adaptaciones, haciendo de la nueva trilogía una coproducción con aspectos estéticos y códigos tonales muy marcadamente norteño, grisáceo e intercambiable por el policíaco europeo.

El primer capítulo de esa serie se inicia con un filme competente, dirigido por Fernando González Molina y un guion de Luiso Berdejo que mantenía la tensión habitual de un thriller criminal. Los elementos de más atractivo eran la truculencia de los asesinatos, con la introducción de un dulce local en los órganos sexuales de las víctimas que daban con un punto de costumbrismo siniestro, aderezado por la simbología ritual de las supersticiones de la zona.

Esta primera adaptación ponía todos los elementos en situación, presentándonos a la inspectora Amaia Salazar y su familia, sus compañeros de trabajo y el plantel de sospechosos que aparecerá en toda la saga. En este episodio tenemos al Basajaun, un espíritu protector que representa a las fuerzas del bien que hace incluso un pequeño cameo que indicaba que podía llevar la trilogía a puntos de contacto con el fantástico, pero la resolución del misterio de formas más mundanas no deja mucho espacio para esa vía, que nunca acaba de llegar a tocar.

Legado en los Huesos

La segunda parte se suelta un poco el pelo y muestra un prólogo con historias de brujas, rituales con bebés muertos, una adaptación hispana del mito del intercambio y muchos suicidios de presos que escriben la palabra Tarttalo, otro ser mitológico de la zona que tiene un solo ojo y come ovejas. De nuevo Salazar investiga y encuentra fuertes vínculos del caso con su familia, lo que debe masticar estando embarazada y con la presencia de su madre como núcleo de los sucesos más macabros, tomando algunos derroteros más estimulantes y, de nuevo, que parecen querer acercarse al terror.

Sin embargo, es en ‘Legado en los huesos’ en donde se dejan ver muchos de los problemas de la trilogía. Hay un trabajo hacia la construcción del personaje en un comodín para protagonizar una serie en sí misma, en cierta forma se podría llamar la trilogía de Salazar. Un personaje femenino que parece una proyección Mary Shue de todo lo que le apetece a la autora, llevando el límite a la presencia de un marido toy-boy anglosajón guapo, alto y que parece dedicarse a las labores del hogar junto a su tía y con el que se comunica en inglés porque queda muy multicultural.

Pese a todo, los elementos de género mantenían un equilibrio con la investigación y parecía que el misterio tenía suficientes conexiones con todos los personajes como para convertirse en una obra en tres partes orgánica y bien cimentada entre eslabones. Su clímax final bajo la lluvia y algunos elementos del folklore navarro, como los huesos de bebé enterrados en los alrededores de las casas, le daban un toque de sabor patrio que invita a explorar la España negra y sus ramificaciones.

Ofrenda a la tormenta

Sin embargo, el capítulo final de la trilogía no puede acumular peores decisiones a cada tramo y resulta, en pocas palabras, un desastre que acaba rozando el humor involuntario. En muchas formas, ‘Ofrenda a la tormenta’ está demasiado ligada a ‘Legado en los huesos’ de tal forma que, más que un capítulo aparte, se percibe como una extensión sobrealargada de la anterior. Su excesiva duración de dos horas y diez minutos se convierte en un lastre cuando la investigación en este tramo se reduce al límite.

Hay una conclusión de la conspiración que se ha ido cociendo pero faltan conexiones con el resto de capítulos, dejando que los elementos de mitología queden como anécdotas sin relación entre sí, no parece haber un gran plan sino ir desperdigando una serie de habitantes de la mitología “porque sí” pero no acaban integrándose en el gran plan de los villanos que, por otra parte, resultan demasiado obvios y fáciles de adivinar desde el primer momento. Hay algo de rituales y demás, pero el grueso del film se centra en un melodrama sacado de la manga, rematado por las peores actuaciones del conjunto, en algunos momentos de vergüenza.

‘Ofrenda a la tormenta’ es un decepcionante colofón a esta traslación ibérica del nuevo thriller criminal escandinavo y europeo ligado a los ancestros. Tiene todos los elementos para funcionar, pero acaba resultando una fotocopia que se mimetiza bien con su categoría y da el pego, pero descuida los aspectos críticos de una narrativa de intriga bien cimentada como una variación galaica reciente de los mismos códigos, la estupenda ‘Néboa’ que no trata de jugar tan abiertamente con el fantástico pero consigue una historia tensa, bien actuada y mucho menos dependiente de plantillas internacionales, dejando fluir a sus estupendos personajes desde la tierra en donde se ambienta.

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