Hoy en Netflix, una comedia de terror exageradísima y salvaje con un Nicolas Cage desatado. Es una reinterpretación delirante de un clásico gótico

Fotograma de la película

Tener a un vampiro como jefe, ¿qué puede salir mal?

Belén Prieto

Editora

'Renfield' se venden casi sola: basta con mencionar a Nicolas Cage convertido en Drácula para que la curiosidad haga el resto. Y, en efecto, ese es uno de sus grandes reclamos, pero no es el único. Chris McKay construye aquí una comedia de monstruos que juega con una idea tan simple como efectiva -qué ocurre cuando el asistente de toda la vida del villano más temido del cine decide que ya no puede más- y la transforma en una mezcla de humor negro, acción desbordada y sátira sobre relaciones tóxicas llevadas al extremo. 

Lo que podría haber sido una actualización ligera del mito vampírico acaba funcionando como una especie de comedia de ruptura… solo que con sangre, golpes imposibles y un Drácula que es puro exceso. Todo ello sostenido por un Nicholas Hoult en estado de gracia como el eterno sirviente al borde del colapso, atrapado entre la obediencia y la necesidad urgente de recuperar su vida.

Los vampiros existen

La película funciona en gran parte por su tono, que combina comedia absurda con estallidos de violencia. Y esa mezcla hace que cada escena pueda saltar del chiste al caos en cuestión de segundos sin romper el ritmo.

Nicholas Hoult sostiene el peso del relato con un Renfield agotado, atrapado entre la culpa y la necesidad de recuperar su propia vida. Su interpretación da humanidad a un personaje que, en otras manos, podría haber sido solo un recurso cómico.

Nicolas Cage, por su parte, convierte a Drácula en una versión excesiva, teatral y deliberadamente exagerada del vampiro clásico. Su presencia domina cada escena en la que aparece, elevando el nivel de desquicie de la película y llevándola a un terreno casi caricaturesco.

Pero más allá del espectáculo, la historia consigue que su conflicto central -la dependencia de Renfield hacia su jefe- funcione como metáfora de relaciones abusivas. Sin volverse solemne, la película encuentra momentos en los que el humor deja paso a una lectura más emocional de lo que está contando.

En conjunto, es una propuesta irregular pero muy disfrutable, especialmente si se entra en su juego de no tomarse nada demasiado en serio mientras, al mismo tiempo, construye un universo propio dentro del mito vampírico. Y está disponible en Netflix.

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