
Combina humor negro, personajes excéntricos y el inconfundible universo visual del director, con Michael Keaton y Winona Ryder al frente del reparto
Un fantasma que no sabe estarse quieto, una casa encantada y una familia que preferiría no tener que compartir techo con los muertos. Con estos ingredientes, Tim Burton construyó en 1988 una de las comedias fantásticas más icónicas de su filmografía. 'Beetlejuice' (también conocida como 'Bitelchús') mezcla terror, humor absurdo y una estética gótica muy particular para dar forma a una historia en la que la muerte no es el final de los problemas, sino la puerta de entrada para otros poquitos más.
Una disparatada historia de fantasmas
La historia comienza cuando Adam y Barbara Maitland, una pareja que acaba de morir en un accidente, regresa a su casa convertidos en fantasmas. Allí descubren que una nueva familia se va a instalar en la vivienda y que está empezando a transformar cada rincón. Incapaces de expulsar a los intrusos por sus propios medios, los Maitland deciden recurrir a Beetlejuice, un especialista en asustar a los vivos. Pero lo que parece una solución sencilla pronto se convierte en un auténtico quebradero de cabeza, porque este espíritu tiene sus propios planes y muy pocos escrúpulos.
De hecho, Michael Keaton es uno de los grandes reclamos de la película. Su Beetlejuice es vulgar, imprevisible y está completamente desatado, un personaje que parece disfrutar provocando el caos allá donde aparece. Y el actor convierte cada escena en un espectáculo y aprovecha el margen que le ofrece el guion para construir una figura tan repulsiva como magnética. Su interpretación es fundamental para que la película encuentre ese equilibrio entre lo grotesco y lo cómico que la distingue de otras historias de fantasmas.
Y al otro lado está Lydia Deetz (Winona Ryder). La adolescente, vestida casi siempre de negro y fascinada por todo aquello que los demás consideran extraño, encuentra en los Maitland una conexión inesperada. Su presencia aporta una dimensión emocional a la historia y encaja con uno de los temas recurrentes del cine de Burton: la sensación de no pertenecer al mundo que nos rodea. La actriz, que apenas tenía 17 años cuando se estrenó la película, consigue que Lydia destaque sin quedar eclipsada por el extravagante protagonista.
Además, el apartado visual es otro de los grandes atractivos de la película. Burton construye un más allá lleno de criaturas estrambóticas, espacios deformados y situaciones surrealistas, con unos efectos especiales artesanales que refuerzan el carácter de cuento macabro de la película. En lugar de apostar por una apariencia realista, el director convierte cada escenario en una extensión de su universo creativo.
Pero más allá de sus personajes y su estética, 'Beetlejuice' sigue funcionando gracias a su capacidad para reírse de lo sobrenatural. La muerte, los fantasmas y las normas del más allá se convierten aquí en el punto de partida de situaciones absurdas, mientras la película juega con las convenciones del terror para darles la vuelta. Su mezcla de humor negro, fantasía y excentricidad la convierte en una opción perfecta para los que quieran descubrir una de las obras más emblemáticas de Tim Burton o simplemente disfrutar de una historia que demuestra que ni siquiera estar muerto te garantiza poder vivir tranquilo.
La tenéis en Netflix.
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