Este episodio, que se ha convertido en un clásico de culto durante los últimos 8 años, sigue siendo considerado uno de los mejores de la historia de la televisión

'Brooklyn 99'

Andy Samberg, Andre Braugher y Sterling K. Brown se enfrentan en una sala de interrogatorios durante una noche

Belén Prieto

Editora

Cuando pensamos en 'Brooklyn Nine-Nine', es fácil que vengan a la cabeza las locuras de sus personajes, los robos de Halloween o las surrealistas secuencias iniciales, pero la serie también demostró que podía funcionar extraordinariamente bien cuando reducía sus elementos al mínimo. Y eso es precisamente lo que ocurre en 'The Box', el decimocuarto episodio de su quinta temporada, emitido el 1 de abril de 2018, en el que Jake Peralta y el capitán Holt pasan prácticamente toda la noche encerrados en una sala de interrogatorios junto a un único sospechoso. 

Con Andy Samberg, Andre Braugher y un magnífico Sterling K. Brown como protagonistas, el episodio prescinde de buena parte del reparto habitual para convertirse durante sus poco más de veinte minutos en un thriller psicológico, un duelo de ingenios y, al mismo tiempo, una de las mejores muestras de lo que podía hacer la comedia cuando se atrevía a salirse de su fórmula habitual.

Un interrogatorio muy diferente

Jake Peralta está convencido de que Philip Davidson, un dentista interpretado por Sterling K. Brown, asesinó a su socio, Robert Tupper. El sospechoso tiene un posible móvil, los medios para cometer el crimen y ninguna coartada especialmente convincente, pero hay un problema fundamental: la policía no tiene arma, testigos ni pruebas forenses que permitan relacionarlo con el asesinato. Sin una confesión, Davidson quedará en libertad, así que Jake decide aprovechar el interrogatorio para intentar conseguir lo que necesita.

El capitán Holt, que está vestido de esmoquin y a punto de reunirse con su marido, Kevin, para ir a la ópera, queda inmediatamente fascinado por el caso y decide cancelar sus planes para ayudar a Jake. Lo que sigue es una larga noche en la que ambos detectives prueban todo tipo de estrategias para conseguir que Davidson se derrumbe, desde el clásico juego del policía bueno y el policía malo hasta los métodos más absurdos. El problema es que su sospechoso está perfectamente preparado para el duelo.

Davidson no solo permanece imperturbable, sino que poco a poco empieza a utilizar las debilidades de Jake y Holt en su contra. Es muy inteligente y tiene una gran capacidad para explotar la necesidad de Jake de conseguir la aprobación de su capitán, sembrando dudas entre ambos detectives y convirtiendo el interrogatorio en un auténtico duelo psicológico. Sterling K. Brown consigue que el personaje resulte al mismo tiempo divertido, inquietante y desesperantemente seguro de sí mismo, hasta el punto de que el espectador empieza a preguntarse si Jake realmente ha descubierto al asesino o si su obsesión le está haciendo perder perspectiva.

Además, lo mejor de todo es que la serie no necesita renunciar a su humor para convertirse durante un episodio en un thriller policial. Jake intenta hacerse pasar por el "policía tonto", propone mentir al sospechoso e incluso improvisa una canción tan agresiva como inútil, mientras Holt acaba desviándose hacia una discusión sobre si los dentistas tienen derecho a ser llamados "doctores". Los chistes, sin embargo, no rompen con la tensión, sino que forman parte del propio interrogatorio y sirven para mostrar la personalidad de los protagonistas o preparar el terreno para lo que está por llegar.

Y entonces llega la trampa de Jake. Después de casi once horas de interrogatorio y cuando parece que Davidson va a quedar en libertad, Peralta comprende que el sospechoso tiene un defecto tan grande como el suyo: no soporta que alguien piense que es menos inteligente de lo que realmente es. Jake reconstruye deliberadamente una versión torpe del asesinato y Davidson, incapaz de aceptar que crean que todo fue fruto de la casualidad, corrige su relato y termina revelando cómo fabricó el arma homicida utilizando un polímero dental. Acaba de confesar sin darse cuenta. Es el broche perfecto para un episodio que, además, esconde un homenaje especialmente bonito a la trayectoria de Andre Braugher.

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