
Los nuevos episodios traen otra versión de los protagonistas de la serie de Apple TV
Después de tres años de espera, 'Ted Lasso' ha vuelto a Apple TV+ con Jason Sudeikis de nuevo al frente y una nueva etapa para el AFC Richmond, que ahora se prepara para lanzar al equipo femenino. La serie creada por Sudeikis, Brendan Hunt, Bill Lawrence y Joe Kelly vuelve después de una tercera temporada que perfectamente podría haber servido como despedida definitiva: con Ted regresando a Estados Unidos mientras Beard (Brendan E. Hunt) decidía quedarse en Inglaterra junto a Jane y el resto de personajes.
Sin embargo, la cuarta temporada recupera a la icónica pareja de entrenadores y, aunque su reencuentro es uno de los grandes reclamos de los nuevos episodios, hay algo que me está sacando un poco de la historia. Beard ya no parece el personaje complejo y fascinante que conocimos al principio, sino prácticamente una extensión de Ted. Y es una pena, porque precisamente su personalidad misteriosa, su estoicismo y todo aquello que nunca terminábamos de saber sobre él eran parte de su encanto.
Mucho más que el mejor amigo de Ted
Durante la primera temporada, el entrenador Beard funcionaba como el contrapunto perfecto para Ted. Mientras el protagonista hablaba sin parar, nos contagiaba su optimismo y se enfrentaba a la Premier League desde la ingenuidad de alguien que venía del fútbol americano, Beard apenas necesitaba unas palabras para desmontar cualquier idea. Siempre con un libro en la mano, aportaba comentarios mordaces, su sabiduría infinita y una mirada mucho más pragmática sobre todo lo que ocurría a su alrededor. También tenía sus propios problemas, especialmente en el terreno sentimental, pero siempre parecía haber muchísimo más detrás del personaje.
El problema es que la cuarta temporada parece haber llevado esa relación con Ted hasta un extremo que roza la "flanderización", ese término inspirado en Ned Flanders de 'Los Simpson' y que describe cómo un personaje acaba reducido a uno o dos rasgos exagerados de su personalidad. Beard ahora aparece mucho más aislado del resto del cuerpo técnico del Richmond, con una barba que recuerda inevitablemente a Tom Hanks en 'Náufrago', y su relación con Jane parece haber quedado prácticamente en segundo plano. En su lugar, la serie insiste una y otra vez en mostrar cuánto echa de menos a Ted: observa sus ruedas de prensa a escondidas, se reúne con él clandestinamente en el pub y hasta llega a recrear su rostro con objetos de oficina sobre su escritorio.
Y lo curioso es que los propios responsables de la serie ya habían dejado claro que Beard estaba concebido como alguien cuya identidad dependía en gran medida de Ted. Su vínculo tiene además una historia detrás: en la tercera temporada descubrimos que ambos habían sido compañeros de fútbol americano en la universidad y que Ted acogió a Beard después de que saliera de prisión. Incluso cuando Beard le robó el coche, Ted decidió perdonarlo y ayudarle a no volver a la cárcel. Esa experiencia explica buena parte de la lealtad casi incondicional que siente hacia él.
Pero Beard sí tenía relaciones y conflictos propios que le enriquecían como personaje. No era solamente el ayudante de Ted, también era entrenador, tenía una relación laboral y una amistad peculiar con Roy Kent, contaba con sus propios vínculos con los aficionados del AFC Richmond y, sobre todo, mantenía ese caótico romance con Jane que aportaba una dimensión completamente diferente a su personalidad.
La cuarta temporada, sin embargo, parece más interesada en convertir a Ted y Beard prácticamente en una pareja inseparable. Y aquí está el problema: que Ted y Beard tengan una gran amistad no significa que Beard necesite existir únicamente en función de ella. Precisamente porque 'Ted Lasso' ha demostrado durante las tres temporadas anteriores que sabe construir personajes secundarios con una identidad propia, y me parece raro ver cómo uno de los más singulares empieza a perder aquello que lo hacía interesante. Pero la cuarta temporada todavía tiene margen para corregir el rumbo y devolverle esa autonomía, sus relaciones y su misteriosa vida interior. De momento, su nuevo corte de pelo puede ser un primer paso, pero espero que no sea lo único que cambie.
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