
El protagonista de 'GoldenEye' explicó cómo superó el rechazo inicial de los fans y los vaivenes de una de las franquicias más duras de Hollywood
Tras una larguísima temporada desde que la era Craig tocó a su fin con 'Sin tiempo para morir', la nueva etapa del eterno agente 007 en la gran pantalla bajo el ala de Amazon MGM Studios está comenzando a perfilarse con más seriedad mientras tiene lugar la última fase del casting para elegir protagonista. Una ardua tarea cuya dificultad ha estado presente durante décadas, y que el mismísimo Pierce Brosnan ya vivió en sus carnes.
El Bond irlandés
Durante una entrevista con The Guardian, el intérprete se abrió por completo para explicar el proceso de selección que terminó concediéndole el papel de James Bond que terminó haciéndole saltar a la fama definitivamente tras capturar las miradas de propios y extraños con su igualmente icónico Remington Steele. Eso si, antes de obtener el estatus doble cero, Brosnan ya se enamoró del universo cinematográfico de Ian Fleming.
La primera película que vi cuando llegué a Londres de niño fue Goldfinger, protagonizada por Sean Connery como 007. En Irlanda, me había criado a base de Old Mother Riley y Norman Wisdom, así que fue un momento deslumbrante ver a esa mujer cubierta de pintura dorada. Al final me compré un coche de juguete con asiento eyectable, pero no tenía ninguna aspiración de ser James Bond. El personaje que realmente cautivó mi imaginación fue Oddjob, el secuaz de Goldfinger con sombrero de champiñón.
El actor también explicó que, a pesar de que su debut en la franquicia terminaría siendo en la fantástica 'GoldenEye' de Martin Campbell, estrenada en un lejano 1995, la primera oferta la recibió a finales de los 80, cuando se estaba preparando una 'Alta tensión' que terminaría protagonizando Timothy Dalton. Fue tras un parón de seis años cuando tuvo una segunda oportunidad que, en esa ocasión, no desaprovechó.
En un principio me ofrecieron el papel de 007 para Alta tensión. Ya me había hecho todas las fotos con la icónica pose de la pistola y mi difunta esposa y yo estábamos a punto de brindar por nuestra nueva vida con una botella de Cristal cuando mi agente me llamó y me dijo: “Se ha echado a perder”. Fue porque no pude salir de Remington Steele. El papel se lo quedó Timothy Dalton, pero, a mediados de los 90, la saga llevaba seis años inactiva debido a una disputa por los derechos. Me llegaron rumores de que el papel estaba disponible, pero los ignoré porque no quería volver a meterme en ese torbellino emocional. Entonces conocí a los productores Cubby y Barbara Broccoli y, una semana después, me llamaron y me dijeron: “Estás dentro”.
Por supuesto, algo que tampoco cambia es la reticencia de cualquier fandom a los cambios y, como cada vez que hay un recast de un personaje arraigado en la cultura pop como es James Bond, se desató el caos y la ira.
Los escépticos se habían movilizado en masa: el mundo pensaba que no hacía falta otro James Bond. Así que el reto era enorme. No quería quedarme atrapado entre lo que habían hecho Sean y Roger. Sin embargo, al fin y al cabo, mi interpretación fue una mezcla de lo que ambos habían aportado al papel. Me incliné por el estilo de Sean, pero no podía ignorar a Roger, ya que GoldenEye tenía ese tono irónico al que el público ya se había acostumbrado.
Afortunadamente, 'GoldenEye' fue el éxito que mereció ser, y Brosnan pudo permitirse gozar de un placer muy mundano en secreto: interpretar a un icono británico siendo irlandés.
El éxito de GoldenEye fue un gran alivio. Estaba preparado para la atención. Una vez que tienes esa marca, quedas etiquetado como Bond. Fue una gran ironía interpretar a un icono cultural británico siendo irlandés. Me reí para mis adentros en silencio.
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