"El euro es ya nuestra moneda, y a todos nos va a beneficiar". ¡Hace 25 años nos lo creímos!
Hace ya tiempo que, después de las campanadas, entre petardos y celebraciones familiares, nos da absolutamente igual lo que digan en televisión. Sin embargo, durante años, el último y primer anuncio del año armaban cierto runrún: se sabía que las marcas pagaban un dineral por estar ahí, e incluso los periódicos lo destacaban al día siguiente como símbolo de estatus. Eran tiempos más sencillos, la verdad. Sin embargo, en 2002 todas las marcas dejaron paso a un anuncio institucional que los que ya peinamos canas aún podemos recitar de memoria. ¿Podéis tararear ese símbolo de los tiempos que fue "El euro es ya nuestra moneda y a todos nos va a beneficiar"?
El euro es fenomenal
Pongámonos en situación: en 2001, 'Los Simpson' seguían en un momento glorioso en sus emisiones españolas: Antena 3 acababa de estrenar su temporada 12, y su éxito era tal que Telecinco intentó hacer su versión hispana con la justamente olvidada '¡Qué bello es sobrevivir!', una copia infame que demuestra que todo el mundo quería su familia de clase media con la que atraer a los espectadores. Y ahí es donde nacen Los García, una familia que a día de hoy es imposible ver sin levantar una ceja y fruncir el morro.
A mediados de ese año, los espectadores de todas las televisiones de España vieron con una mezcla de ingenuidad y asombro la llegada, en los bloques publicitarios, de una familia de clase media española que tenía padre, madre, tres hijos de distintas edades (desde bebé hasta la adolescencia), abuelo, perro y loro. La vida antes de la crisis, vaya. En su primer spot, de un minuto de duración, los personajes, animados con plastilina, se presentaba como "Las peripecias de una familia ante la llegada del euro" y, para ser un simple reclamo institucional, estaba trabajadísimo: todos tenían nombre y personalidad propia porque era necesario que la campaña fuera un sonoro éxito.
A lo largo de 15 anuncios que se emitieron desde mediados de 2001 hasta la primavera de 2002, Los García enseñaban a la gente lo que eran los céntimos (incluida la supuesta frase carismática de su animal de compañía, "¡Al loro con los céntimos!") y prometían por activa y por pasiva que los precios no iban a cambiar. En un anuncio en el que, en un bar, el café costaba 0,72 euros, un plato de gambas a la plancha 2,40 euros y otro de pulpo a la gallega 4,81. La realidad le pasó por encima a Los García a toda velocidad.
El euro es ya nuestra moneda
Pero, por mucho que hoy por hoy recordemos a Los García como mera propaganda institucional (porque, bueno, es lo que era), en realidad había un trabajo fantástico detrás. Particularmente, de la agencia TBWA, que a finales de los 2000 compitió con otras cuatro para tratar de conseguir la campaña definitiva para impulsar el uso y la comprensión del euro. Y en la propia agencia sabían que con una campaña seria no iban a ningún sitio: tenían que conseguir darle cierta diversión al tema. Conseguirlo, eso sí, no fue fácil.
Para que el Ministerio de Economía entendiera bien lo que querían hacer con Los García, en la agencia tuvieron que crear, modelar y animar a la familia en un pequeño corto cuyo rodaje duró 15 días. Y no es cosa baladí, porque antes de esas dos semanas tan solo habían existido como bocetos en papel. Al reto se metió la productora Booker y el animador Damián Perea (ganador del Goya a mejor corto de animación en 2025, por cierto), y la prueba piloto fue un éxito absoluto. El problema real vino después, cuando se vieron ante la obligación de crear los 15 cortometrajes acordados en un periodo de tiempo irrisorio. Obviamente, necesitaron toda la ayuda que se les ofrecía, desde directores de animación como Pablo Llorens (ganador del Goya en 1995 por 'Caracol, col, col'), Sam Ortí o, sorprendentemente, la mismísima Aardman.
Así es, los creadores de 'Wallace y Gromit' y 'La oveja Shaun', que por aquel entonces acababan de terminar 'Chicken Run', también echaron una mano... o al menos eso se afirmó en su día, sin especificar su radio de actuación (la calidad de los cortos era increíble, sobre todo para la época y teniendo en cuenta los cortos plazos que les dieron). En total, 70 personas estaban detrás de cada anuncio, para los que tardaban una cantidad tremenda de horas, como era propio del claymation de la época. La prueba de que la campaña funcionó es que a día de hoy, si pasas de cierta edad, te ha bastado leer el titular para, probablemente, acordarte de la cancioncita de marras con la que nos taladraron durante todo enero de 2002.
No es para menos: según una investigación de ese año, el 71,3% de los espectadores recordaba haber visto a Los García en Nochevieja con su mejor anuncio, que culminaba con una mezcla entre animación por plastilina y acción real muy avanzada para la época. Al margen de que sus promesas se rompieran muy rápido, la campaña acabó ganando premios internacionales y haciendo que todos nos aseguráramos tener una eurocalculadora, supiéramos que 60 céntimos equivalía a 100 pesetas y estuviéramos segurísimos de que los precios no iban a subir en absoluto. Ay, angelicos.
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