
Un thriller caluroso e intenso con William Hurt y Kathleen Turner siendo estrellas
El noir es una escuela de códigos muy concretos dentro de lo que podemos considerar el cine de suspense o el thriller. Por tanto, es más fácil caer en el pastiche emulando sus códigos que ser capaz de introducirse profundamente en lo que lo define. No deja de ser consecuencia del paso del tiempo, que provoca que nuevas iteraciones dialoguen con una imagen en lugar de un contenido, y se vuelva todo copia de una copia.
Pero el noir es más atemporal de lo que creemos. Su apogeo durante los años cuarenta y cincuenta, incluso siendo consideradas las “películas B” de su tiempo, aportaban una fresca perspectiva contrapuesta al sentimiento de unión que el entrenamiento trataba de aportar. Un cinismo bien entendido para tiempos de incertidumbre, que tuvo nuevo vuelo a través del neo-noir ochentero, y que no tendría que haber problema de transformar en el presente.
Verano cruel
Al menos, queda la sensación de que se puede ser devoto de ese noir del pasado pero mover lo que importa del mismo al contexto contemporáneo cuando uno ve ‘Fuego en el cuerpo’ (’Body Heat’), la joya más especial de Lawrence Kasdan como director. Su primer trabajo en este terreno, ahora sólo disponible para alquilar, realizado mientras estaba con los guiones de dos mastodontes que estarán más presente en sus obituarios como son ‘Star Wars V: El imperio contraataca’ o ‘En busca del arca perdida’.
Pero Kasdan crea algo más personal y distintivo, al mismo tiempo que está creando un entretenimiento adulto que juega con la esencia del cine clásico. William Hurt es Ned Racine, un abogado de Florida que queda inmediatamente tentado por la seductora Matty Walker, a la que da vida Kathleen Turner. Una mujer por la que está dispuesto a dar casi todo, aunque ella esté casada. De ahí que no se tarde mucho en urdir un plan para quitarle de en medio.
En estos dos personajes encontramos ya los dos tipos de personajes que, de tan recurridos en el género, se volvieron arquetipos: el protagonista cuyo trabajo en contacto con las peores calañas le hace desarrollar cierta dureza en su piel y la femme fatale que le lleva a su aventura oscura. Kasdan los traslada a la extremadamente calurosa Florida de los ochenta para acentuar elementos que la acercan al thriller erótico que estallará en esa década.
‘Fuego en el cuerpo’: tensión húmeda
Es lo que distancia a ‘Fuego en el cuerpo’ de ser una emulación simple de Billy Wilder o Nicholas Ray. Las pulsiones intensas y corporales entre los protagonistas dan energía al conflicto, pero también abren terreno a la ambigüedad que aprovecha Kasdan para crear misterio en torno a la trama. Las interpretaciones están también en la distancia adecuada en evocar a esos films del pasado, pero se distancian de la teatralidad para dar ese toque más realista que estaba establecido en su momento.
Lo único que resulta muy de su época es la ausencia de tecnología y sus propios actores, convertidos en estrellas a partir de la película pero sólo posibles en la década de los ochenta. Por lo demás, Kasdan ofrece un guion de estupenda finura donde el protagonista que ofrece el punto de vista está menos en control de la situación de lo que cree, y la femme fatale tiene más matices y capacidad para marcar su propio destino.
Claves que son perfectamente trasladables a cualquier época, aplicando la atmósfera que sea paradigmática del momento. La de ‘Fuego en el cuerpo’ es vaporosa y húmeda, y casi parece que su ritmo interno lata como parpadea un cartel de neón. Ponérsela ahora es una invitación a quedar derrotado completamente por el verano que estamos viviendo, pero su intensidad es algo que siempre hay que recuperar.
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