'Babe' y 'Puñales por la espalda' confluyen en una inesperada joya necesaria para calentarnos el corazón en tiempos oscuros: 'Las ovejas detectives'

Craig Mazin deslumbra con un guion en el que el drama iniciático, los animales parlantes y el whodunnit se convierten en muy buenos compañeros de cama

Víctor López G.

Editor

Suele decirse, y esta afirmación encierra una grandísima verdad demostrable desde diferentes ángulos, que el cine que se produce en un momento concreto es un producto directo de la época en la que se ha gestado. En lo que respecta al estreno de la encantadora 'Las ovejas detectives', lejos de ser una respuesta a una situación geopolítica concreta, parece que su razón de ser se limita a dejarnos el corazón calentito y arroparnos con un cálido abrazo cinematográfico cuando es más necesario que nunca.

En tiempos en los que lo cínico, lo clínico y lo aséptico ocupan cada vez más espacio en la gran pantalla, resulta extrañamente reconfortante que un largometraje logre arrancar lágrimas y sonrisas por igual convirtiendo el patio de butacas en un remanso de calma mientras, al mismo tiempo, hace gala de unos valores técnicos por encima de la media. Este equilibrio suele ser algo especialmente complicado de ver en el cine familiar, pero el experto en animación Kyle Balda —'Los Minions'— y un Craig Mazin que sigue ganándose el cielo tras 'Chernobil' y su adaptación de 'The Last of Us', han obrado el milagro.

Feel (muy) good movie

La compleja fórmula del éxito de 'Las ovejas detectives' puede verse reflejada en su atípica premisa, casi propia del espíritu naíf de las producciones homólogas de los años noventa, que podría describirse como un cruce entre 'Puñales por la espalda' —aunque se escribió mucho antes del murder mystery de Rian Johnson— y 'Babe, el cerdito valiente'. Una combinación, a priori, descabellada, pero que se ha terminado traduciendo en una de las películas más tiernas, inteligentes, divertidas y emotivas de lo que va de año.

Al igual que su planteamiento, la cinta se levanta sobre dos pilares bien diferenciados que se funden perfectamente bajo un mismo tono afable y digno de las mejores feel good movies. Estos comienzan por un lúcido y sentido homenaje al whodunnit literario y a las bases narrativas que marcaron referentes de la edad de oro del género como Agatha Christie o Mary Roberts Rinehart, integradas de forma explícita y autoconsciente en la historia.

Siendo justos, hay que subrayar que cualquier espectador mínimamente despierto y con ganas de jugar descubrirá al autor del asesinato mucho antes de que las ovejas titulares lo hagan en los fugaces 110 minutos que dura el largo. No obstante, lo principal no es jugar al 'Cluedo', sino dejarse llevar y emocionarse, y 'Las ovejas asesinas' cuenta con todos los y cada uno de los ingredientes para cumplir con este requisito.

Además de su componente de intriga, el filme juega la carta del doble género con una suerte de drama iniciático en clave ovina que explora con una sensibilidad enorme temas como el duelo, la memoria, la pertenencia a un grupo, la familia y la pérdida; todo a través de una colección de personajes, tanto humanos como animales, redondos, concebidos con tanto mimo como gusto por el detalle e interpretados con no menos acierto por un reparto de primera.

Si sumamos a todo lo expuesto con anterioridad el dominio de Mazin a la hora de trabajar con los setups y los payoffs —plantar algo en la primera mitad de la historia para recuperarlo en la segunda—, un diseño de producción fantástico coronado por la combinación de efectos visuales y marionetas para crear a los bóvidos y un corazón gigantesco, encontramos una de las mejores y más necesarias películas que nos ha dado este curso cinematográfico hasta la fecha

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