'Backrooms' es la mejor película de terror del año. Una fascinante pesadilla liminal que reivindicar como 'El proyecto de la bruja de Blair' para las nuevas generaciones

Backrooms Teaser Trailer 2

Kane Parsons debuta en la dirección demostrando que YouTube es una cantera de ensueño de cineastas especializados en terror 

Víctor López G.

Editor

Quién nos iba a decir que más de veinte años después de que Jawed Karim subiese el primer vídeo a YouTube un remoto 23 de abril de 2025 mostrándonos unos pocos segundos de su visita al zoo de San Diego, la plataforma terminaría convirtiéndose en una cantera de cineastas especializados en cine de terror que continúan dando alegrías tanto al público en lo estrictamente creativo como a unos estudios, que siguen exprimiendo esta mina de oro, en lo económico. 

Después de la irrupción en la escena cinematográfica de David F. Sandberg tras su exitoso 'Lights Out' ('Nunca apagues la luz'), los ejemplos para ilustrar esta evidencia son cada vez más numerosos. Sin ir más lejos, ahí están los hermanos Philippou con sus fantásticas 'Háblame' ('Talk to Me') y 'Devuélvemela' ('Bring Her Back'), Mark Fischbach con su fructífera y recomendable 'Iron Lung' o, más recientemente, Chris Struckman con su 'Shelby Oaks' y un Curry Baker que ha puesto patas arriba Hollywood con al genial 'Obsession'.

El jovencísimo Kane Parsons ha sido el último en unirse a tan selecto colectivo —que bien merecería un nombre como todo buen movimiento que se precie— gracias a 'Backrooms': una suerte de versión refinada e hipervitaminada de sus vídeos virales en clave retro-found footage que abraza las bases que los hicieron triunfar en YouTube y las lleva a un nuevo nivel de sofisticación formal para moldear lo que podríamos calificar como 'El proyecto de la bruja de Blair' para las nuevas generaciones. 

Cuestión de vibras

Se me antoja harto complicado pensar en una reacción tibia saliendo de cualquier espectador que se haya enfrentado a lo último de A24. Este parece ser uno de esos casos en los que no existe el término medio y todo se reduce a una reacción de amor u odio, poniendo en un plato de la balanza —el de la frustración— a quienes esperen un desarrollo dramático y un tratamiento de personajes con una elaboración minuciosa y un peso específico dentro del conjunto. 

Las motivaciones de su pareja protagonista son especialmente vagas, la exposición oral está a la orden del día durante un primer acto demasiado abultado que, eso sí, se complementa con pinceladas algo más inspiradas para conectar con los personajes y sus poco desarrollados conflictos internos... Quien me conozca sabe que soy el primer detractor de cualquier producción que descuide estos aspectos, pero nos encontramos ante una de esas cintas en las que está relativamente justificado.

Y es que 'Backrooms' es una película en la que, como dice el meme, todo es cuestión de vibes. Parsons y su equipo técnico y artístico —mención especial para el director de fotografía Jeremy Cox—deslumbran con una experiencia inmersiva en la que la ambientación es la verdadera estrella de la función y que eleva el material original con un despliegue técnico considerable que, eso sí, no renuncia a la esencia lo-fi que lo definió.

Los sets inmensos construidos para la ocasión —poco queda de los pasadizos creados mediante Blender— capturan todo el agobio y ese turbio y malsano encanto de los espacios liminales, resultando fascinantes tanto en los pasajes filmados de forma tradicional como, especialmente, en los fragmentos de metraje encontrado noventero de la era del Hi-8 y el VHS. Todo un logro vestido con la mortecina luz amarillenta y el zumbido incesante de unos fluorescentes que terminan siendo mecanismos para casi hipnotizar al respetable.

No obstante, si algo encandila de 'Backrooms' es su negativa a dar más explicaciones de la cuenta y centrarse en lo puramente visceral, bañando con algún que otro momento grotesco un metraje que descarrila ligeramente cuando intenta retorcer ligeramente el componente dramático —con un interesante trasfondo psicológico, todo sea dicho—. Y es que, después de todo, no hacen falta grandes piruetas narrativas para que una película se meta bajo la piel; tan solo atravesar una pared  para adentrarse en la muestra del cine de terror más libre, sensorial y magnético que, probablemente, vayamos a ver este 2026.

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