Parker y Stone se fueron contra el sistema, e hicieron creatividad a base de mala leche
El mundo del cine tiene sus propias leyes, algunas escritas en piedra y otras que parecen moverse según sople el viento, especialmente cuando se trata de lo que es apto o no para los ojos del público, y a menudo, los creadores se ven envueltos en una danza constante con los organismos que deciden la calificación de una cinta, tratando de estirar el chicle lo máximo posible sin que llegue a romperse.
En este escenario, Trey Parker y Matt Stone, los artífices de la irreverente serie 'South Park', se encontraron en una tesitura de lo más peliaguda cuando decidieron dar el salto a la gran pantalla con 'South Park: Bigger, Longer & Uncut'.
Corría el año 1999 y los creadores querían echar toda la carne en el asador, pero se toparon de frente con la Motion Picture Association of America (MPAA). Este organismo, que es el que parte el bacalao en Hollywood con el tema de las edades, no veía con buenos ojos el lenguaje que gastaban los creadores de Colorado.
La movida estaba en que la película corría el riesgo de recibir una calificación NC-17, lo que en la práctica significaba que la cinta se iba a ir a pique comercialmente, ya que muchos cines se niegan a proyectar películas con ese sello tan restrictivo.
Sin embargo, la MPAA, como guardianes oficiosos de lo "apropiado", tenía una especie de regla no escrita según la cual si tu película superaba cierto número de obscenidades (una cifra que rondaba las 400 groserías) te mandaban directamente al temido rating NC-17.
Ese sello muchas veces significaba el final comercial de la película, porque muchas salas ni se dignaban a programarlas. Así que Parker y Stone se quedaron mirando sus guiones, contaron las palabrotas (sí, literalmente las contaron) y se aseguraron de que la película usara exactamente 399 groserías, quedándose un suspiro por debajo del límite fatal.
Cuando la censura se convierte en parte del chiste
Lo más jugoso de todo este embrollo es que una película repleta de tacos, violencia cartoon y sátiras bestias sobre censura acabó convertida en un récord mundial: según el Guinness World Records de 2001, 'South Park: Bigger, Longer & Uncut' tenía 399 palabras malsonantes, incluidas unas 146 veces que se decía "fuck", junto con un montón de gestos ofensivos y escenas de violencia.
Ese dato no solo es curioso, sino que habla de cómo Parker y Stone sabían exactamente lo que estaban haciendo, manipulando las reglas para que el filme siguiera vivo pero sin perder su espíritu irreverente.
Desde fuera puede sonar a chorrada, pero lo que cuentan los propios creadores es que la MPAA era bastante opaca y poco clara acerca de qué debía cortarse exactamente para obtener una clasificación R más comercial, obligándoles a enviar versiones del filme una y otra vez mientras escuchaban que la cifra de palabrotas era el principal problema. Esa negociación absurda se mete de lleno en la crítica que 'South Park' misma hace sobre la censura y la hipocresía de los organismos que intentan controlar qué puede ver el público.
Al final, la película no solo se estrenó con un rating R y arrasó en taquilla encontrando a su público adulto, sino que también forzó a la MPAA a replantearse cómo presentaba sus clasificaciones, acompañándolas de descripciones más detalladas a partir de 2000.
Más allá de la anécdota de las palabrotas, lo que quedó claro fue que incluso una regla no escrita y medio arbitraria puede ser utilizada por mentes creativas para sacar partido a la locura del sistema, transformando un obstáculo en una parte central del propio mensaje de la película.
Foto de The Movie Database
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