¿Te gustan las películas de terror? ¿Sí? ¿Y las que se olvidan de lo que realmente son también?
Descubrí 'Scream', como muchos, en la adolescencia. Tenía 15 años cuando, como fan del slasher, llegó a mis manos una copia recién salida del videoclub. Y no podía creer lo que estaba viendo: una obra hecha desde el amor al cine, pero también rompiéndolo por completo, tan centrada en los asesinatos creativos como en el "whodunit" y con una tela metaficcional que servía como homenaje e inevitable contexto. La frase "Las películas no crean psicópatas, las películas hacen que los psicópatas sean más creativos" definió toda una saga que ha hablado constantemente consigo misma y con la industria a lo largo de las décadas... hasta que se ha olvidado de quién es en 'Scream 7'.
¿Te gustan las películas de terror? Esta no
La séptima entrega de 'Scream' es, siendo totalmente honesto, un cuadro. Tiene algunos momentos que consiguen salvarse de la absurda pantomima, pero incluso yo, que he defendido 'Scream 3' o 'Scream 6', solo he sentido la más profunda de las decepciones ante una película que, directamente, no tiene temática. Si hasta ahora había parodiado las secuelas, las continuaciones tardías o los reboots, haciendo incisivos comentarios sobre los fans del género, en 'Scream 7' no hay absolutamente nada. De hecho, se puede ver un pequeño momento donde Mindy quiere unir lo que está pasando con la ola de nostalgia cinematográfica, pero enseguida la callan, ¡no vaya a ser que hagamos un comentario meta en esta saga!
Lo que queda es una de estas películas que a inicios de los 2000 quisieron copiar a 'Scream' sin entender lo que la hacía interesante y única. Sí, tenemos a Ghostface, las llamadas telefónicas y una forzadísima unión con la saga (que no se sostiene en ningún momento), pero, más allá de su inicio y las referencias constantes a la primera entrega, Kevin Williamson no sabe estar a la altura de las circunstancias y se pierde en una historia de madre e hija unidas por el trauma que ni evoluciona, ni repite, ni fantasea. Es el slasher que nunca debió ser y del que el resto de las entregas se han reído siempre, sin nada que le haga especial más allá de la máscara mítica y algunos personajes que ya conocemos.
'Scream 7' vive enamorada de 'Scream' de la misma manera que 'Los Simpson' moderna lo está de las temporadas clásicas. O sea, haciendo referencias constantes pero sin entender qué hizo que fuéramos fans en primer lugar. Todo lo que va colocando, de mejor o peor manera, a lo largo de la trama, se desinfla en un tramo final que es, sin duda alguna, una de las mayores traiciones a la franquicia, dejando a personajes míticos en la estacada y perdiendo todas sus señas de identidad mientras, paradójicamente, tratan de imitarla para salvar los muebles y que parezca que había una intención tras la debacle creativa.
Matando la creatividad a cuchilladas
Volver a ver a Sidney Prescott es lo mejor de 'Scream 7', aunque su retrato de una madre coraje con la que todo el mundo parece estar obsesionada (en las primeras cinco escenas, su hija Tatum no para de escuchar que es su hija, casi como para que al público se le grabe en la cabeza) agua su personaje. Además, su obligada presencia, sumada a la de Gale Weathers y un par de retornos de las dos películas anteriores, hace que el nuevo reparto no tenga ningún tipo de peso en la trama: son meros garabatos con personalidades que no pasan del esbozo, de los que es difícil sospechar porque solo son capaces de transmitir apatía y crisis creativa.
Si 'Scream 7' lo hubiera apostado todo por un comentario sobre la IA, o sobre la nostalgia, incluso sus giros finales hubieran tenido salvación (que no sentido narrativo). Sin embargo, simplemente son asuntos que suelta al aire, reconociendo su existencia pero no armando ningún discurso a su alrededor, algo definitivamente triste para una saga que siempre ha marcado el ritmo, ha opinado sobre las tendencias del cine y las ha parodiado sin piedad. Esta entrega es insípida, un slasher al que parecen haberle extraído el ADN de 'Scream', dejando tan solo su carcasa. La debacle.
La película tiene muchas posibilidades de salir por la tangente y escaparse de la mediocridad de una manera que resulte realmente emocionante, pero las desaprovecha todas para volver a la aburrida carretera principal, con una historia materno-filial que resulta, a estas alturas, superficial y muy poco emotiva. Ni tan siquiera los asesinatos, con más sangre de lo habitual pero menos creatividad, pueden manejar el timón de una séptima entrega que se pierde en su propio misticismo sin hacer nada para justificarlo. Una cuchillada que cae en saco roto.
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