No sé si a Emily Brontë le gustaría verlo
El hecho de que 'Cumbres borrascosas' se estrene en España el 13 de febrero genera una mezcla de expectativa y recelo entre los amantes del cine y la literatura. La nueva versión dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi llega envuelta en polémica mucho antes de que hayamos podido verla, precisamente porque hoy día hablar de una “adaptación” implica casi inevitablemente hablar de licencia creativa.
La de Emily Brontë es una novela que desde su publicación en 1847 ha sido considerada un clásico no solo por su historia de pasión destructiva, venganza y obsesión, sino también por su visión sobre el deseo, la violencia y los límites del amor en un contexto social rígido y desigual. Brontë, adelantada a su tiempo, logró que su novela trascendiera su época precisamente porque no romantiza esa relación tormentosa entre Catherine y Heathcliff, sino que la presenta como un espiral de dolor, pérdida y consecuencias devastadoras. Por eso, cuando una adaptación opta por acentuar lo visualmente provocador por encima de la complejidad emocional del original, surgen muchas preguntas.
Licencia creativa o fidelidad a la novela
Lo que desde hace meses ha impulsado el debate alrededor de esta nueva adaptación es, precisamente, que Fennell ha decidido hacer una versión libre del libro más que una adaptación fiel. La directora ha explicado en muchas ocasiones que colocar comillas en el título es un guiño a esa decisión.
Esto ya marca una diferencia sustancial, porque no se trata de recrear con precisión cada arco narrativo, cada matiz de los personaje o la estructura original del relato, sino de reinterpretar sus temas desde una mirada más contemporánea, visualmente audaz y provocadora. sin embargo, esto también es problemático, porque la novela no es un texto que idealice el amor romántico: Heathcliff y Catherine están unidos por un vínculo destructivo que les consume y les destruye a ambos, y que cuestiona las jerarquías sociales, las heridas psicológicas y las consecuencias del deseo no correspondido.
Por eso mismo no sorprende que desde los primeros tráilers y avances ya se hayan generado opiniones muy diversas. Hay quienes aplauden el enfoque audaz, la estética gótica potente y la química entre Robbie y Elordi, y otros que ven en estas elecciones la pérdida de la esencia del texto de Brontë, que no es simplemente una historia de deseo extremo sino un estudio de personajes profundamente dañados y, en muchos sentidos, anti‑románticos. Incluso se la ha comparado con 'Cincuenta sombras de Grey', señalando la sexualización explícita y la ausencia de subtramas importantes que en la novela ayudan a construir el arco emocional y moral de los protagonistas.
Esta tensión es típica de cualquier adaptación. Algunos ven en la reinterpretación una forma de traer un clásico al cine de hoy, mientras que otros sienten que se pierde la sustancia en favor de lo estilístico. No olvidemos que la novela original nunca presentó a Heathcliff y Catherine como personajes a imitar o idealizar, sino como símbolos de una pasión que devora y destruye. Y puede que romantizarlo una vez más no sea del todo adecuado. O incluso un nuevo crimen en pleno 2026 en contra del propósito original de la obra.
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