La increíble historia real tras 'Our father': el documental de Netflix sobre un médico que inseminó con su propio esperma a más de 50 mujeres

Si hay una moda comparable con la de los superhéroes en los últimos años, es la explosión de true crime que salpica a los servicios de streaming, especialmente Netflix: desde timadores que buscan a sus presas en Tinder a asesinos de gatos pillados por Facebook, pasando por desquiciados cuidadores de tigres. Ahora, Blumhouse trae otra de esas historias demasiado imposibles para ser ficticias. El 11 de mayo se estrena ‘Our father’, y os adelantamos la historia real tal y como la contó The Atlantic: absolutamente increíble.

El doctor donante

En Estados Unidos, webs como MyHeritage o Ancestry, que analizan tu ADN, son regalos habituales de cumpleaños y celebraciones. Es divertido comprobar hasta qué punto se parece la gente que tienes cerca de ti. Y eso es lo que pasó en Indiana: unas cuantas chicas empezaron a comprobar sus ADN… Y comprobaron que eran hermanas sin saberlo. ¿Cómo era posible? ¿Qué tenían en común? Analizando su vida, solo descubrieron un nexo: las madres de ambas fueron inseminadas artificialmente. En la misma clínica. Por el mismo doctor.

Año 1979. Donald Cline, un hombre muy religioso, abre su propia clínica de fertilidad en Minneapolis para ayudar a las parejas que quieren concebir pero no pueden. No hay bancos de esperma y solo existen unos pocos donantes, normalmente estudiantes de las escuelas de medicina, así que Cline no siempre tiene a quién acudir para el procedimiento. Es entonces cuando decide hacerlo él mismo. Dicho y hecho: Cline se masturbaba en su clínica y después impregnaba a las mujeres que iban a su clínica. Pero no lo hizo una sola vez, no: lo hizo más de cincuenta, hasta finales de los años 80.

Creyendo que su crimen nunca saldría a la luz y convencido de que resultaba una ayuda para las mujeres que acudían a pedirle consejo, Cline llegaba a inseminar hasta cinco veces a las mujeres que iban a verle: su clínica era conocida por utilizar semen fresco en lugar de congelado, que en aquella época se consideraba mejor. Y así pasaron las décadas: Cline dejó su trabajo como doctor, se dedicó a disfrutar de la jubilación y esperar que su vida pasara de forma sencilla.

No uses mi religión

Fue Jacoba Ballard la primera que se dio cuenta de lo que estaba pasando. Sabiendo que había sido inseminada artificialmente por un donante anónimo, en 2014 empezó a buscar otros hermanastros, esperando encontrar uno o dos. Entró en un foro para adoptados y personas concebidas de esta manera y enseguida encontró a una mujer tratada por Cline. El parecido entre ambas era asombroso.

Cline nunca trató de negarlo: al contrario, en la primera reunión “familiar” admitió su delito, preguntó a todos sus hijos dónde vivían y a qué se dedicaban y después afirmó que cualquier registro que pudiera quedar había sido destruido años atrás. Entonces cogió un cuaderno y empezó a recitar versos de la Biblia, Ballard le advirtió “No intentes usar mi religión”. Cline no hizo mucho caso: poco después, al afirmar estar arrepentido de sus actos, dijo “Antes de que te formase en el vientre te conocí” (Jeremías 1:5, para los más devotos). No entraremos en cómo la conoció exactamente.

Quedan muchas preguntas abiertas: ¿Por qué Cline no fue detenido cuando se supo el percal? Y, sobre todo, ¿por qué lo hizo? La respuesta a la primera es sencilla: no se puede demostrar su crimen en un juicio al carecer de pruebas. Fue multado con 500 dólares y un año de libertad condicional, además de perder su licencia médica (varios años después de haberse retirado). En cuanto a la segunda… Bueno, quién sabe.

Pero entonces, ¿por qué?

Nadie sabe exactamente lo que pasaba por la mente del doctor cuando inseminó a más de 50 mujeres (que sepamos por ahora) con su esperma: algunos creen que era complejo de dios, o un experimento, mientras que su familia defiende que solo tenía intención real de ayudarlas, y que ante la falta de donantes actuó como mejor supo. Lo cierto es que decenas de residentes en la ciudad ahora viven con miedo por saber si cualquiera de las personas que se cruzan diariamente (incluyendo parejas) pueden ser realmente sus hermanastros.

El 11 de mayo veremos cómo termina esta historia en un documental creado por Blumhouse para Netflix. No es el primer documental de la productora, que ya ha hecho otros como ‘Pray away’ o ‘Kill chain’, pero la historia promete conmocionar allá por donde pase.

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