Últimos 3 días para ver en Netflix uno de los musicales más alegres y reivindicativos de los 2000. Una comedia que convierte el baile en un acto de rebeldía

Sigue siendo muy actual

Belén Prieto

Editora

Como si fuera una inyección inmediata de energía, optimismo y puro placer cinematográfico, 'Hairspray' llegó a mi vida para quedarse con su colorido desbordante, sus números musicales contagiosos y su tono festivo. La adaptación del musical de Broadway dirigida por Adam Shankman es una celebración abierta de la diferencia, del derecho a ocupar espacios y de la alegría como forma de resistencia. 

Ambientada en el Baltimore de los años 60, la película utiliza el baile y la música para hablar de algo muy serio -la discriminación, el racismo, los cuerpos no normativos- sin perder nunca la sonrisa y entendiendo que el cine puede ser político sin ser solemne, y que la empatía también se construye desde el humor, el exceso y el espectáculo. 

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Alegría, exceso y un mensaje vigente

La historia sigue a Tracy Turnblad, una adolescente con talento, carisma y un cuerpo que no encaja en los estándares de la televisión de su época. Y poco a poco, la película se convierte en una reivindicación directa del derecho a ser visible, convirtiendo el simple acto de bailar en una declaración política. Tracy no quiere cambiar quién es para encajar, quiere que el mundo se amplíe para que quepan más cuerpos, más voces y más formas de existir.

Aunque su tono sea alegre y luminoso, 'Hairspray' no esquiva los conflictos centrales de su contexto histórico. La segregación racial está en el corazón de la historia y la película la aborda con claridad, mostrando cómo el entretenimiento también puede ser un espacio de exclusión… o de cambio. La lucha por integrar el programa de televisión no es solo una subtrama, sino el verdadero motor emocional del relato, recordándonos que la justicia social también se conquista desde la cultura popular.

Uno de los grandes triunfos del filme es su reparto coral, capaz de convertir cada número musical en un momento icónico. Desde la energía arrolladora de Tracy hasta el corazón enorme de su madre Edna, pasando por villanas deliciosamente odiosas y aliados inesperados, la película entiende que la empatía nace de personajes exagerados y muy humanos. 

Puede que esté ambientada en los años 60, pero el trasfondo de 'Hairspray' es muy actual, porque nos habla de que la diversidad no es una amenaza, sino una celebración. Su estética exagerada, su humor directo y su energía constante no son un envoltorio superficial, sino parte del discurso. Porque a veces, la forma más eficaz de cuestionar el mundo es hacerlo cantando, bailando y ocupando el centro del escenario.

Aunque si aún no la has visto -o si te apetece revisitarla-, será mejor hacerlo pronto, porque desaparecerá de Netflix el 29 de enero.

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