Qué fue de Silke, la actriz obligada a ser musa del cine español que encontró su felicidad cuando dejó de actuar. "Se llevaron mi inocencia"

Si naciste más allá del año 2000, toda esta historia te va a sonar a chino

El cine español de los años 90 se granjeó mala fama (algo merecida), pero dejó para el recuerdo maravillas como 'Tesis', 'Todo sobre mi madre', 'El día de la bestia', 'Familia' o 'La lengua de las mariposas'. Solo en ese mundo de directores que saltaron del corto al largo, petardadas de Albacete y Menkes y la ley Miró en su apogeo puede entenderse el ascenso, clímax y bajada inmediata de una actriz que con solo una palabra se quedó en el subconsciente colectivo: Silke. Hace mucho que no sabemos de ella. Y es que... ¿Qué fue de Silke?

Llegada al cine

Silke Hornillos Klein no esperaba jamás convertirse en una estrella de cine, ni mucho menos acabar asistiendo a los Premios Goya como flamante nominada.

Nacida el 6 de febrero de 1974 (lo que significa que está al borde de los 50 años ahora mismo) en Madrid, hija de un abogado y una traductora alemana, vivió su vida como cualquier otra persona: fue al instituto, acabó sus estudios y a los 18 años consiguió de casualidad un pequeño papel en una película de Manuel Iborra: 'Orquesta Club Virginia'.

Silke dejó los estudios, se marchó a ver mundo, empezó un negocio de artesanía local y, como quien no quiere la cosa, pasó de dar vueltas por los barrios trendy de Madrid a protagonizar 'Hola, ¿estás sola?', junto a Candela Peña. El boom fue inmediato, y todo el mundo quería conocer a esa nueva cara del estrellato español antes de que, como todas las estrellas, se apagara.

En solo dos años pasó de ser una desconocida a estar nominada al Goya como mejor actriz revelación por 'Tierra'. Como ella misma declaró a El País Semanal, estaba en la época más confusa de su vida.

Se metió en tres personajes en seis meses y le desgastó emocionalmente. Leer sus declaraciones en aquella época es ver a una persona que estaba metida en un torbellino del que quería salir de forma desesperada: "Mi familia me encontraba estresada, histérica, muy mal: estaba deprimida y despistada", llegó a comentar. Solo podían pasar dos cosas: una caída al vacío o un punto y aparte.

Éxito y caída de Silke

Tanto en el 2000 como en el 2001 estrenó cuatro películas, apareció en anuncios de compresas... Era la cara más amable del mundo del cine español, la modernidad hecha persona. Y poco a poco aprendió a conciliar la fama con su vida, sin saber que en la retrospectiva de su carrera (de cinco años) ella misma había dado en el clavo: "Todo el mundo se empeñó en crear un mito, una especie de mujer maravillosa, cuando soy una persona muy sencilla", comentaba.

Sin embargo, todo lo que viene se va. La calidad de sus cintas fue bocabajo y el estreno de la risible 'Tuno negro' supuso una separación casi definitoria con su vida. Pero para Silke, perder popularidad solo supuso una bendición. Ella misma decía una y otra vez que por mucho que la prensa se empeñara en considerarla un símbolo del nuevo cine patrio, toda su carrera se basada en una coincidencia.


Sus papeles fueron haciéndose más pequeños. En la mexicana 'Al otro lado' era apenas un cameo, y, ya más interesada en otras cosas, en 2007 se despidió con 'La hora fría', que pasó sin pena ni gloria por la cartelera. Desde entonces, el silencio. Silke fue y no fue, pasó por el celuloide español como una ilusión, una musa que ella se negaba a ser. Y desde entonces, ¿qué pasó con ella?

Una joya literalmente escondida

Fue El País el que la localizó diez años después, en 2016: estaba en Ibiza, vendiendo sus piezas de joyería artesanas en Las Dalias, el mercado más famoso de la ciudad. Apartada del cine y apareciendo solo en un par de producciones muy pequeñas y muy específicas, sin fecha de estreno ni ningún tipo de distribución: 'Bluu, los últimos días de Ibiza' y '4 altares', una cinta peruana que se quedó a medias por culpa de la pandemia y lo retomó en 2021.

Silke está casada, tiene un hijo y ha dejado de mirar si la reconocen por la calle. Ha cambiado el nombre de su marca, de BySilke a Silke K Horn y, en lugar de aferrarse a la fama, ha decidido dedicarse en cuerpo y alma a aquello que la hace feliz.

No le va mal: tiene pedidos internacionales, ha abierto su propio taller abandonando el mercado de Las Dalias y por fin puede ser sincera sobre su época donde lo era todo. Cuando le preguntan por el torbellino de aquellas películas, confiesa: "se llevaron mi inocencia".

Lejos quedan los tiempos de 'Atómica', 'Km. 0' o 'Almejas y mejillones', y ni el mejor guion del mundo le haría dejar su sueño. Porque, como ella misma dice, lo único que le queda de aquel anuncio de compresas son las alas. Y nadie se las puede cortar.

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