Un desigual trabajo de un cineasta que nos habituaba a más enjundia, y que hace más digno el trabajo de Jafar Panahi
El género del thriller en occidente es uno con códigos ya tan establecidos que otras cinematografías de países pequeños lo han aprovechado para tener un alcance mayor, y también para elaborar críticas contra los regímenes locales. En los países árabes hemos encontrado cada vez más cineastas emergiendo desde este género, porque ofrece una manera legible de explicar afuera sus situaciones políticas.
La aceptación de estos autores y estas obras tiene también un doble filo por resultar de especial interés para las potencias mayores que se desmonte la imagen exterior de países con recursos estratégicos. Resulta especialmente llamativo cuando uno de estos cineastas de repente encuentra recursos en el cine europeo para hacer sus denuncias del país que han tenido que abandonar.
Esto, claro, no debería dañar la pertinencia de criticar al poder, y algunas películas como 'Águilas de El Cairo' ('Eagles of the Republic', 2025), recién estrenada en los cines de España, intentan tener esa denuncia y también un poco de reflexión autocrítica.
Águila atrapada
O, al menos, un señalamiento de cómo el cine se emplea también de manera peligrosa desde dentro para sostener las autocracias. Tarik Saleh, uno de los grandes talentos del thriller árabe reciente, se reúne con su fiel estrella Fares Fares para un thriller político que observa también cómo la industria cinematográfica juega un papel en el sostenimiento o derrocamiento del poder.
En una Egipto contemporánea, George Fahmy es uno de los actores más queridos del país, disfrutando de las mieles de la celebridad y el éxito aunque le lleve a una relación de altibajos con su familia. Un día las autoridades del país le demandan que protagonice una película que enaltezca la historia de ascenso del líder actual, poniéndole en una posición donde no tiene opción a negarse.
Salek se vale de un poco de sátira metacinematográfica (o del mundo de la celebridad) al inicio de igual modo que empleó el noir en ‘El Cairo confidencial’ y el thriller oscuro más padre en ‘Conspiración en El Cairo’ para señalar la represión egipcia. No obstante, aquí el contexto del cine es una puerta de entrada para un ejercicio de suspense con muchas verdades ocultas e intenciones deliberadamente confusas.
'Águilas de El Cairo', un confuso desarrollo político
Aunque vuelve a haber cierto replanteamiento de los códigos del género negro, como esa visión diferente a la femme fatale, ‘Águilas de El Cairo’ intenta tener una aproximación directa al problema de los abusos de poder, dejando sus ideas claras en todo momento. Al menos, es más transparente con ello que con las dimensiones y conflictos de sus personajes. Entre tantos agentes operando a varios bandos y tantas cartas que se guardan bajo la manga, la película de Saleh termina transmitiendo más confusión al espectador que a su protagonista.
Una narración farragosa se junta a una realización técnica apresurada y propia de producción europea intrascendente, haciendo poco favor a un guion más cerca de la segunda copia de borrador que a algo cristalizado. Si acaso, termina haciendo un favor a lo que gente como Jafar Panahi hace con muchos menos medios, pero con mucha más habilidad para trazar conflictos y aristas además de cierta inventiva visual. Las intenciones de 'Águilas de El Cairo' son loables, y alcanzan algún momento de tensión en espacios cerrados, pero es lo más desigual que ha entregado su director últimamente.
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