'La amiga estupenda: Un mal nombre', la temporada 2 de la serie de HBO ofrece una estimable adaptación de la saga de Elena Ferrante

"Lo que tú hagas, también lo haré yo". Frase lapidaria donde las haya. La serie de novelas de 'La amiga estupenda' ('L'amica geniale'), escrita por Elena Ferrante, está llena de expresiones kamikazes, maliciosas y en varias ocasiones inexplicables, hasta que Lila y Lenù se encargan de hilarlas.

Esto pasa sobre todo en 'Un mal nombre', el segundo libro de la saga que ahora adapta HBO después de hacer una primera temporada acerca de estas dos niñas que nacen en la miseria del Napoles de la posguerra, y en el que los caminos de las protagonistas se entrelazan y se desdibujan más que nunca en comparación con el resto de publicaciones que conforman la serie.

La historia es la siguiente: Raffaella Cerullo (Gaia Girace) y Elena Greco (Margherita Mazzucco), más conocidas como Lila y Lenù, se conocen en la escuela primaria, donde entablan una relación extraña de amistad e inventan un territorio a veces oscuro pero que supone para ellas un punto de luz, de fuga, con el que escaparse del barrio. Hasta ahí todo bien, salvo porque el invento no les dura mucho...

Mientras Lenù sigue estudiando, Lina se casa con Stefano Caracci, hijo del que fuera el cacique del pueblo y quien amasa los negocios prósperos de la localidad. El desconcertante vínculo que une a las amigas es el hilo conductor de un relato lleno de lugares comunes para aquellos que se hayan leído los libros de Ferrante y también, en menor medida, para quienes no, pues 'La amiga estupenda' tiene ese poder intimista.

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'La amiga estupenda: un mal nombre' empieza con buen pie una complicada adaptación

La segunda temporada de 'La amiga estupenda' se remonta a la boda de Lina y Stefano, el evento con el que se cerró la primera entrega de esta adaptación a la pequeña pantalla de las obras de Elena Ferrante. Sin duda alguna, 'Un mal nombre' es la entrega de la saga que presenta mayores retos a la hora de contarse audiovisualmente, por contener algunos de los episodios difíciles de leer (y de mirar) y por la forma en que se hace evolucionar la relación tan enigmática que se da entre las protagonistas.

Tras ver los primeros episodios de 'La amiga estupenda: un mal nombre', dirigidos por Saverio Costanzo (creador de la serie), puede decirse que esta temporada empieza con buen pie, aunque existen escenas en las que la maestría literaria de Ferrante al narrar los conflictos de las dos amigas se pierde al retratar de forma demasiado literal lo que persigue el texto del libro.

Si hay algo que consigue hacer a la perfección con esta saga Ferrante, cuya identidad real se desconoce, es una literatura tan real como la vida misma, algo que también queda patente en la serie. Lugares en los que parece que ya hemos estado y personajes tan vívidos que inundan de realidad los escenarios de la ficción, que a estas alturas del relato se han abierto a la modernidad de los inventos de la época que se pueden permitir los que tienen dinero y a lo majestuoso de las nuevas urbes impulsadas por los usureros del lugar.

Mientras que en la primera temporada prácticamente solo se mostraba el barrio y sus injusticias, ahora dentro de la serie se explora también, sin dejar de indagar en los orígenes, un camino más efectista con planos de un estilo que no se vio en la primera entrega. Planos dedicados a mostrar lo nuevo, la prosperidad que crece en el mundo de Lila fuera del barrio, pero en la que no deja de colarse la violencia que aniquila todo esfuerzo de las amigas.

En este sentido, hay partes de la novela de 'Un mal nombre' que cogen fuerza con la imagen e impactan directamente al espectador con toda la agresividad que contienen. La dirección en estas escenas brilla especialmente para exponer, como si un propio gancho al público se tratase, la grotesca realidad que viven las protagonistas, especialmente Lila, la hija del zapatero.

Hay un momento en particular, la noche de bodas de los Carraci, que cuesta mirar, por lo profundo que en ese momento se ahonda en el personaje de Lila, tomando como referencia su punto de vista en el que se aprecia la repugnancia que siente hacia su marido tras haber negociado este en la propia boda con aquellas personas que para Lila son lo peor del barrio.

Aunque es Lenù la que dirige todo el rato el relato a través de una voz en off, conduciendo lo que vemos en pantalla, el hecho de que la buena estudiante de la serie esté persiguiendo continuamente la concepción que tiene Lila del mundo, para así entender la línea de pensamiento de su amiga, hace que ese protagonismo aparentemente claro de Elena Greco pase de mano en mano. Al fin y al cabo, la relación entre ambas protagonistas es puro magnetismo sobre el papel y sobre la pequeña pantalla, a pesar de que la narrativa de Ferrante no luce de forma tan brillante en algunas ocasiones.

Una estudiante perdida y una gran señora en un Nápoles de miseria

En la saga de 'La amiga estupenda', hay instantes de revelación en los que, de repente, se verbaliza la pasión, en ocasiones ‘extremismo’ para Lenù, con la que Lila actúa, una visión que trasladada a la pantalla puede parecer un tanto zafia en la adaptación, sobre todo por la elección de ciertos movimientos de cámara que no transmiten tan bien la sutilidad de cómo fluye la historia en las novelas.

"No me dejes nunca", "me he equivocado en todo", "me han usado como moneda de cambio"… Con los nuevos capítulos de la serie, se despide a las niñas que tiraron sus muñecas en el arranque de la ficción al sótano olvidado de Don Aquille y se presenta a otros personajes, que se tendrán que enfrentar a los verdaderos conflictos que la vida tiene preparados para ellas.

La presentación de 'La amiga estupenda' en HBO fue desde luego un buen comienzo, con el poder más que suficiente de atraer a los espectadores a ese Nápoles que nada tiene que ofrecer a las protagonistas y en el que todo está hueco; pero es sobre todo en esta segunda parte cuando las protagonistas mudan de piel y cruzan un umbral distinto. Queda mucho por ver en esta temporada, los cimientos de los grandes acontecimientos que separarán y atraerán a las dos amigas, y que conducirán a la fuga de Lila y a la recopilación por parte de Greco de toda una vida juntas.

"La gente es más importante que los libros", le espeta Pasquale Peluso, uno de los chavales del barrio, a Lenù en los inicios de esta segunda temporada. Pero la verdad en 'La amiga estupenda' es otra: que los libros se confunden con las personas que las amigas tienen a su alrededor, que lo escrito y lo hablado se fusionan, que no hay dos mundos bien diferenciados sino dos realidades paralelas, que hacen que se desdibuje ante la mirada del público la cuarta pared.

Es parte del conflicto situarnos en Nápoles, en Ischia, en Amalfi o en alguna otra de las localizaciones clave del relato para adelantarnos a lo que va a pasar, a la búsqueda de respuestas, a cómo terminará la historia. Una fórmula que con el poder de la palabra de Elena Ferrante se mantiene en lo nuevo de 'La amiga estupenda'.

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