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'La amiga estupenda' sepulta con un ritmo tedioso y un exceso de literalidad su magnífica ambientación
Críticas

'La amiga estupenda' sepulta con un ritmo tedioso y un exceso de literalidad su magnífica ambientación

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Nota de Espinof

Aunque pueda sonar algo extraño, soy un férreo defensor de la idea de que las adaptaciones al cine o la televisión de obras pertenecientes a cualquier otro ámbito —como el literario, que nos ocupa en este caso—, deberían llamarse "traducciones". Y es que este tipo de producciones no se limitan a trasladar una trama, unos argumentos y unos diálogos del papel a la pantalla, sino que traducen los relatos de un lenguaje a otro.

Son precisamente las marcadas diferencias y las distintas posibilidades que ofrecen el lenguaje literario y el audiovisual las que, de un modo u otro, van a terminar pervirtiendo el material original; ya sea por la búsqueda de la máxima fidelidad, por la necesidad de tomarse licencias para acotar la historia o por una tendencia a divagar entre las aguas de lo novelesco y lo fílmico.

Esto se percibe con mayor intensidad cuando hablamos de obras particularmente extensas y complejas en su narrativa, como es precisamente 'La amiga estupenda': la aclamada novela de la escritora napolitana Elena Ferrante que ha sido "traducida" —o adaptada— al formato televisivo por HBO en una ambiciosa propuesta cuyo arranque sepulta entre un ritmo tedioso y un exceso de literalidad su magnífica ambientación y diseño de producción.

Uno de los principales mecanismos que conducen al sopor más desesperante en los dos primeros episodios de 'La amiga estupenda' tiene que ver, precisamente, con el abrazo del realizador Saverio Costanzo a un recurso literario como es la narración en primera persona, aquí representada bajo la forma de una voz en off cargante e innecesaria que se revela como una de las señas de identidad de la serie.

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La no constante, pero sí más frecuente de lo que debería utilización del off para remarcar sensaciones y emociones, y para crear transiciones que permitan dar continuidad a los no pocos saltos temporales que pueblan la historia, además de frenar el ritmo, se muestra como una alternativa poco atractiva y monótona para pasajes que podrían haberse reflejado en imágenes de forma más efectiva y concentrada; descubriendo a un Costanzo lost in translation.

Esta tendencia al exceso se ve igualmente presente en el afán por añadir un plus de dramatismo a los momentos más emotivos —e, incluso, a los que no lo son— que acaba jugando a la contra, subrayándolos con el empleo de unas maravillosas composiciones musicales del siempre brillante Max Richter que, en manos del realizador y su equipo, transforman lo bello en irritante a base de repetición e insistencia.

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Donde sí que se muestra prácticamente impecable 'La amiga estupenda', a pesar de algún que otro desliz en el primer episodio —algo "televisivo" en alguno de sus pasajes—, es en su fantástica realización, en su factura técnica y, sobre todo, en un notable diseño de producción que nos traslada al tenso y polvoriento ambiente de la Nápoles de los años 50 a través de la mirada de dos niñas descubriendo un mundo de adultos que no terminan de comprender.

El vasto microcosmos contenido en el barrio napolitano en que se ambienta la serie, lleno de rivalidades y entramados que no tardan en desembocar en una violencia siempre latente, obliga a Costanzo a tomarse su tiempo durante un primer acto volcado en lo descriptivo y en la presentación de personajes. Algo que ralentiza la progresión de la narrativa y no invita a proseguir con los seis capítulos restantes de la primera temporada.

Amiga

Por suerte, el giro final del segundo episodio abre una subtrama que se alza como la principal excusa para seguir adelante con una 'La amiga estupenda' que debería desvincularse de sus orígenes literarios para explotar plenamente su solvente reparto y ese nervio italiano que queda ensombrecido por los bostezos y las miradas furtivas al reloj.

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