
La serie de HBO cierra la tercera entrega con épica y destrucción
La tercera temporada de 'La casa del dragón' tenía una misión complicada después de la segunda entrega, que sin duda nos dejó con la sensación de que la guerra de los dragones avanzaba demasiado despacio. Sin embargo, la serie de HBO ha sabido recuperar el pulso en su recta final y aunque estos últimos episodios han dado a entender algo parecido, el cierre ha sido uno de esos episodios que nos recuerdan por qué disfrutamos tanto esta historia.
El regreso de Aegon II y Fuegosolar, la transformación definitiva de Rhaenyra en una reina mucho más despiadada y, sobre todo, la brutal Batalla de Tumbleton convierten el final en un auténtico punto de inflexión para la Danza de los Dragones. La guerra que hasta ahora se había desarrollado casi como una partida de ajedrez, con ambos bandos midiendo cada movimiento por miedo al poder de los dragones, finalmente empieza a convertirse en el conflicto abierto que llevábamos tanto tiempo esperando.
A partir de aquí habrá spoilers
Cruzar una línea que sin mirar atrás
El regreso de Aegon II y Fuegosolar pone contra las cuerdas a Rhaenyra justo cuando más necesita consolidar su posición. La noticia de que el rey al que muchos daban por muerto sigue vivo la amenaza directamente, mientras sus propios aliados comienzan a cuestionar algunas de sus decisiones.
De hecho, la tensión llega a un punto especialmente delicado a través de Helaena, a quien Rhaenyra mantiene prisionera en Desembarco del Rey. Después de que Mysaria sea expulsada de su consejo, esta aprovecha su último encuentro con Helaena para decirle algo que nadie se había atrevido a decirle hasta entonces: que Rhaenyra jamás la dejará marchar. Ella responde dejando de comer, pero Rhaenyra responde ordenando que la alimenten a la fuerza.
En este momento es cuando terminamos de ver la transformación de Rhaenyra. La mujer que durante buena parte de la serie había intentado presentarse como una alternativa legítima frente a la brutalidad de sus enemigos comienza a adoptar métodos cada vez más extremos. Cuando el Gran Septón vuelve a negarse a coronarla, Rhaenyra ordena a Alyn de Hull que lo asesine y después se dirige a los habitantes de Desembarco del Rey para autoproclamarse como legítima heredera, convencida de que su destino está ligado a la profecía de Aegon. Mientras tanto, su relación con Helaena se rompe definitivamente y la joven termina arrojándose por la ventana de su habitación.
La muerte de Helaena tiene además un trasfondo especialmente trágico porque la joven había tejido un último tapiz en el que parece haber representado su propio destino. Rhaenyra descubre la pieza después de encontrar su cuerpo y ve en ella una imagen que resulta todavía más inquietante: Helaena cayendo al vacío y la propia Rhaenyra sentada en el Trono de Hierro, rodeada de fuego. Es una manera perfecta de cerrar el episodio para una reina que ya empieza a comprender que, aunque haya conseguido imponerse en algunos frentes, el precio de su guerra será mucho más alto de lo que podía imaginar.
Un auténtico infierno
Y entonces llega Tumbleton. Después de varios episodios preparando el enfrentamiento, la serie finalmente desata una de las grandes batallas de la Danza de los Dragones. Las fuerzas de Daemon avanzan contra el ejército de Ormund Hightower, que utiliza incluso a niños como escudos humanos mientras intenta resistir el ataque. Pero la situación se descontrola por completo cuando Ulf el Blanco, uno de los jinetes de dragón aliados de Rhaenyra, decide que ya ha tenido suficiente después de que Ormund lo reprenda. En lugar de atacar únicamente a sus enemigos, Ulf comienza a quemar todo lo que encuentra a su paso, incluidos los propios Hightower.
Ormund muere junto a Roderick Dustin, mientras Tumbleton queda convertida en un auténtico escenario de destrucción. La batalla también deja una enorme factura para el bando de Rhaenyra y demuestra que controlar a los dragones no significa necesariamente controlar a sus jinetes.
La llamada Traición de Tumbleton cambia por completo el equilibrio de poder y funciona como el verdadero principio del fin de la temporada. Hugh Hammer queda devastado al encontrar a su esposa Kat muerta, mientras Daemon contempla las consecuencias de una batalla que deja a su paso cadáveres y familias destrozadas. Y mientras todo esto ocurre, Aegon y Aemond protagonizan uno de los reencuentros más esperados de la temporada
Con Tumbleton, 'La casa del dragón' deja atrás definitivamente la sensación de que la Danza de los Dragones es una guerra fría y demuestra que el conflicto ya no puede detenerse. Rhaenyra pierde buena parte de su ventaja, sus enemigos recuperan fuerza y las muertes empiezan a acumularse a una velocidad aterradora. El último plano, con Rhaenyra cerrando la ventana después de contemplar el tapiz de Helaena, funciona casi como una declaración de intenciones: todavía queda una guerra por librar, pero ahora sabemos que el final está cada vez más cerca.
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